Nagualismo y ‘Maldito País’


Por Director

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Política

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“Yo no soy anarquista”, espeta con voz suave y segura Iván Ponce (el Chino), integrante del colectivo anarquista Maldito País. -Y ¿qué eres entonces? –interroga burlonamente desde el costado de la habitación Moira Barrientos, participante de la colectiva Anfena (anarquismo, feminismo y nagualdad).

De reojo el Chino mira a Moira, su pareja, respira lentamente y prepara su respuesta al tiempo que sirve un mate. “Creo que actualmente el anarquismo tiene demasiados apellidos, anarcosindicalismo, anarcocomunismo…, yo soy libertario”, concluye.


anarquismo

El anarquismo moderno surge como movimiento a mediados del siglo XIX, de la mano de pensadores como Proudhon, Bakunin y Kropotkin. Fueron éstos los que inspiraron a organizaciones de la clase trabajadora bajo ciertos principios básicos como la ayuda mutua, la asociación voluntaria, la toma igualitaria de decisiones y la libertad, entendida ésta última como un valor positivo en tanto aparece, de acuerdo a Bakunin, cuando el ser humano actúa en sociedad. Actualmente el anarquismo “parece gozar de excelente salud en los movimientos sociales que brotan por doquier desde las profundidades de la resistencia a un desorden global cada vez más destructivo. Basta con seguir los debates, presenciales o por Internet, en el movimiento contra la globalización capitalista para constatar la presencia dominante de los temas anarquistas de autoorganización y de oposición a cualquier forma de Estado (“¡que se vayan todos!”)”, señalaba el sociólogo español Manuel Castells en una entrevista realizada a principios de este año al diario español La Vanguardia. Así, en el presente encontramos una variada gama de grupos que se estructuran bajo parámetros anarquistas, tales como los zapatistas, el movimiento indigenista y altermundialista.

En Valdivia en tanto, el movimiento anarquista emergió en la industria de las primeras décadas del siglo XX, para luego caer en letargo, en términos de masividad al menos, hasta el presente. “Recién el año pasado, en la marcha anti Apec que organizamos, se vieron grupos anarquistas “, señala Moira. “Ahora creo que andan dos o tres grupos que se definen como anarquistas y que son bien punkies, bien distorssion”, concluye.

LA PRAXIS

A un costado de la calle que baja desde el almacén Dilac hacia la Playa Grande, en Niebla, se observa una casa custodiada por una araucaria. Detrás se encuentra la ruca, sede de Maldito País y construida por sus integrantes. Si bien aún no posee un techo que posibilite desarrollar actividades en su interior durante todo el año, ello no ha impedido que ésta haya sido utilizada para la realización de numerosos eventos, como muestras de cine, debates y fiestas.

-La idea de construir una ruca y ponerle Maldito País tiene que ver con crear un espacio para fomentar la contracultura, aquello que tiene que ver contigo y no con algo que te imponen desde fuera –señala el Chino-. Valdivia es una ciudad cultural, pero donde no existen espacios de crítica social, se reproduce lo que está pensando una clase política aburguesada de la ciudad, que desarrolla sus propios temas -concluye tajante.

-Nosotras en cambio (Anfena somos un colectivo más pequeño –se apresura a señalar Moira. -Nosotras enfocamos nuestro trabajo en las mujeres pobladoras, en fortalecer su autoestima, a empoderarlas-.

Anfena se define como ANarquista en cuanto toma los principios básicos de dicho movimiento (autogestión, autonomía y autodeterminación); feminista pues “creemos que ni el anarquismo ni el marxismo, como teorías liberadoras de la sociedad o el individuo, evidencian que existe una contradicción fundamental que es el patriarcado y que éste determina la construcción de la realidad, mantiene esta foto pegada”, sostiene Moira; y NAgualista ya que el propósito de las partícipes del colectivo tiene que ver con la libertad como premisa de búsqueda, la que se conjuga con el concepto de los nahuales de la cultura indígena tolteca, que reconoce que existen otras realidades, además de ésta donde se está “dominado y sometido”, según señalan las integrantes de este grupo.

“Para nosotras estas tres cosas van juntas. Una porque nos permite estar con la realidad, la otra porque nos permite entenderla y la otra porque nos permite buscar un nuevo horizonte de construcción”, subraya Moira. -Ves, hay muchas formas de anarquismo– comenta entre risas Iván.

ÉTICA ANARQUISTA

-Los grupos se organizan en las plazas, en las esquinas, en las sedes sociales, en los sindicatos, es ahí donde pensai tu realidad, la del compañero trabajador y la del compañero vecino, de tu hijo, de tus padres. Es ahí donde tienen que generarse las ideas, y el Estado te impide eso. El Estado es una situación inventada y donde se pueden generar otras formas de administración ¿por qué pensar que el Estado tiene que estar representado por partidos políticos?– indica el Chino mientras observa a Raulí, el hijo de la pareja, que mira televisión.

-La paradoja surge –comenta Moira- en que el Estado existe para controlar lo que pasa en el territorio. Y cuando tú piensas en esa sociedad libre, con personas evolucionadas, no necesitas de estructuras hueonas que te vengan a decir cómo tienes que comportarte. En ese contexto, el Estado carece de sentido. Sin embargo, todavía somos seres humanos muy básicos, metidos en el egoísmo, la envidia, antivalores totalmente contrarios a la ética anarquista –concluye.

En este sentido, la necesidad de establecer estos valores esenciales como primera etapa para el establecimiento de una sociedad anarquista, libertaria e igualitaria, marcan el trabajo del Maldito País y de Anfena.

El trabajo contracultural como un proceso emancipador donde se desarrolle la cultura propia, que otorga identidad a la comunidad es donde hinca el diente el Maldito País. Si bien el trabajo es algo inorgánico, debido fundamentalmente a la falta de experiencia de sus integrantes ante temas como la autogestión, según reconocen sus propios integrantes, la experiencia y discusión que en su interior se genera hacen posible que este colectivo se mantenga en el tiempo y sea legitimado por la comunidad donde se enclava.

Un trabajo más de hormiga, como ellas mismas señalan, es la labor que desarrolla Anfena. Actualmente se encuentran trabajando con mujeres provenientes de sectores populares a través de una metodología denominada Círculos de Poder y Sanación. Por medio de ésta pretenden fortalecer el aspecto anímico de las féminas, así como potenciar su capacidad de decisión y confianza en sí mismas.

Si bien el trabajo en ambos casos no se da a gran escala, la labor de estos grupos, -unidos a otros que están levantando colectivos en otras zonas de la ciudad, principalmente integrados por estudiantes secundarios- hace pensar que en un par de años la palabra “anarquismo” se empezará a escuchar con mayor frecuencia en la ciudad. Es preciso tener en cuenta, eso sí, lo que establece el profesor y anarquista argentino Eduardo Colombo: “es un absurdo pensar que la libertad, cualquier tipo de libertad (…), pueda ser concebida como un deseo ilimitado; la libertad sin límites, sin obligaciones, sin la relación con los otros, es la libertad del tirano. (…) Los hombres respetan a los otros porque viven con los otros, porque necesitan de los otros para ser libres ellos mismos, la libertad de cada uno se extiende al infinito con la libertad de los otros, pero exige obligaciones sociales”.

Por Daniel Araya


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