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“No inclinarse ante el enemigo”: Las razones del nuevo envío de tropas de EEUU a Afganistán

El inicio de la guerra en Afganistán, ordenada por George W. Bush en 2001 como represalia por los ataques a las Torres Gemelas, ha desencadenado una serie de acciones militares en Medio Oriente, que han terminado con la zona convertida en un polvorín y, al mismo tiempo, el tablero de ajedrez en el que las potencias libran sus disputas geopolíticas, con las respectivas consecuencias en el resto del orbe.

En este escenario, la administración de Donald Trump da un giro respecto de la política de retirada que hasta el segundo gobierno Barack Obama se estaba planteando para la zona. De hecho, en el gobierno anterior se concretó la salida de las tropas de Irak, con la orden de enviar poco más de 4000 efectivos a la zona, entre militares y mercenarios.

La medida responde a la presión impuesta por el llamado sector de “Halcones” que controlan el Pentágono, y que durante la administración Obama vieron restringido su poder. Ahora con el beneplácito de Trump comienzan a recuperar el protagonismo y lo hacen sentir a través de los argumentos del secretario de Defensa, el ex teniente general James Mattis, que en el Senado estadounidense sostuvo que “en 2016 los talibanes tuvieron un buen año y lo están intentando otra vez. Ahora mismo, no estamos ganando y el enemigo está creciendo”.

En conversación con El Ciudadano, el profesor de relaciones internacionales de la Universidad Academia Humanismo Cristiano (UAHC) y analista internacional, Andrés Angulo, sostiene que en este escenario “no sé si se puede llamar quiebre a una política exterior que no ha tenido ninguna coordinación o seguido un plan desde la asunción del gobierno. Lo que sí queda de manifiesto es que la nueva estrategia da ciertas luces de un enfoque más amplio de los conflictos extranjeros o situaciones de política exterior, como no inclinarse ante el enemigo”.

Son 16 años de guerra de Estados Unidos en Afganistán. ¿A qué apunta la nueva estrategia que impulsa Trump?

Fundamentalmente a evitar que se produzca un vacío de poder similar al ocurrido en Irak y que el talibán logre obtener mayor poder territorial aprovechando la poca capacidad de las propias fuerzas afganas. En concreto, esta estrategia revierte la postura asumida por la administración Obama de un retiro gradual de tropas al no solo mantener el actual número de 8.400 efectivos, sino sumar 4.000 más para asistencia a las fuerzas afganas en operaciones antiterroristas.

Hay que resaltar que esta medida implica que no se busca “construir una nación” o, dicho de otra manera, modelar un modelo o forma de gobierno, sino que, fundamentalmente, la tarea es el combate al terrorismo.

¿Se puede vincular esta medida con la caída en el apoyo de Trump?  

No necesariamente, ya que la baja de popularidad del mandatario se ha hecho presente desde hace varios meses ligada a temas como el “russiangate” o, más recientemente a los sucesos en Charlotesville. Si bien pudiese generar apoyo en ciertos sectores más nacionalistas, también podría entenderse como una señal más hacia tales sectores.

Esta medida tensiona aún más el escenario geopolítico de Medio Oriente. ¿Cuál es la cadena de reacciones que se puede esperar del resto de las potencias con intereses en la zona?

En primer lugar, es el efecto en los vecinos. En el caso de Pakistán, Trump, al lanzar la nueva estrategia, llamó a Islamabad a cooperar y no dar refugio a terroristas, dejando entrever que ello podría afectar o condicionar la ayuda militar o de otro tipo con el país. En tanto, desde el Ejército paquistaní se negaron las acusaciones y desde el gobierno se expresó el deseo de trabajar con la comunidad internacional para eliminar la amenaza del terrorismo y, por ende, la paz y estabilidad en Afganistán. Por su parte, la India apoyó la moción de Estados Unidos y se comprometió con la reconstrucción del país.

La OTAN manifestó que su objetivo sigue siendo asegurar que Afganistán no vuelva a convertirse en un refugio seguro para los terroristas que atacarían a nuestros países. Sin embargo, para algunos líderes europeos el respaldo a un presidente impopular y con una línea de acción en política exterior que es cambiante, puede ser complicado.

En tanto, otros actores relevantes como China, que reaccionó asumiendo la defensa de Pakistán resaltando sus importantes tareas en la lucha contra el terrorismo. Aun así, respecto a lo indicado por Trump, Beijing se limitó a señalar que espera que se pueda ayudar a promover la seguridad, la estabilidad y el desarrollo de Afganistán y la región. En tanto Rusia, a pesar de no hacer declaraciones oficiales, claramente mira de qué forma lo planteado por Estados Unidos puede ser exitoso. Además, Moscú aún tiene presente su propia experiencia en Afganistán.

¿Se puede entender esta medida como un quiebre en la política internacional propuesta en un principio por Trump?

No sé si se puede llamar quiebre a una política exterior que no ha tenido ninguna coordinación o seguido un plan desde la asunción del gobierno. Lo que sí queda de manifiesto es que la nueva estrategia da ciertas luces de un enfoque más amplio de los conflictos extranjeros o situaciones de política exterior, como no inclinarse ante el enemigo, no imponer una línea de tiempo a los militares y no dar pases libre a actores regionales que toleran extremistas, mano al enemigo. No imponer ningún calendario a los militares. Y no otorgar pases libres a los jugadores regionales que toleran tácitamente a los extremistas.

Desde esta línea se parece seguir una política no solo con Afganistán, sino que con Corea del Norte, Irán. Aun así, queda la duda de si es parte de una doctrina o son frases para justificar las acciones, como parece ser la constante de la política exterior estadounidense.

Los talibanes prometieron convertir la zona en un “cementerio” para las fuerzas de EEUU. ¿En qué pie se encuentran para cumplir dicha amenaza?

Si bien ese ha sido el discurso permanente, la capacidad del Talibán se basa en el tipo de guerra que desarrolla, donde las tácticas de guerra no convencional le favorecen. Aun así, la capacidad para eliminar la presencia de Estados Unidos no pasaría de ser un discurso para crear temor.

¿Quién sale beneficiado con esta estrategia?

Si bien es un respaldo al actual gobierno afgano, claramente el principal beneficiado con esta estrategia es Estados Unidos y en particular el círculo cercano a Trump, compuesto por ex oficiales de las FFAA, como el consejero de seguridad nacional (teniente general) H.R. McMaster, y su secretario de Defensa (general) James Mattis, a quienes se puede sumar el jefe de gabinete (general) John Kelly, lo que constituye el grado de influencia de estos sectores en las decisiones de Trump desde el punto de vista de reposicionar a Estados Unidos como potencia a nivel mundial y un actor que retoma ciertas políticas realistas en asuntos internacionales.

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