Siguen las dudas tras el cónclave

Realismo con letra chica

A casi un mes de que la presidenta Bachelet anunciará a través de la frase "realismo sin renuncia" que el horno no estaba para bollos y que se debían "priorizar" los proyectos estructurales de gobierno que se ejecutarían se realizó el cónclave de la Nueva Mayoría. Tras el encuentro, se mantienen las sospechas de que el programa viene con letra chica.
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Chile / Política / Portada

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Fueron cinco horas donde, según la versión de los participantes, se dio un debate intenso que permitió reponer los puentes de coordinación para el trabajo político entre La Moneda y la Nueva Mayoría, establecer los objetivos para los dos años de gobierno que restan y dar cumplimiento al programa.

Todo esto adornado con pomposas declaraciones que apuntaban a dar cuenta de que el conglomerado cerraba filas tras Bachelet, en medio de los cuestionamientos constantes respecto a la claridad en los mensajes que se emitían desde el gobierno, las dudas del liderazgo de la Presidenta y la capacidad de conducción de este barco en días de aguas tormentosas.

A este escenario debía agregarse los resultados que entregaba la encuesta mensual de Adimark en la que se daba cuenta del 70% de rechazo a la gestión de Bachelet, del 71% de rechazo a la Nueva Mayoría y – quizás el dato que más alarma causó en Palacio -un 34% de los encuestados se manifiesta opositor al gobierno por sobre el 32% que adhiere.

Con estos elementos Bachelet, sus ministros, las directivas de los partidos de la Nueva Mayoría y sus parlamentarios se encerraban para darle cuerpo al “Realismo sin Renuncia”.

Tras los 300 minutos de reunión era la propia Presidenta era la que entregaba las conclusiones del encuentro, con el fin de dar una señal de liderazgo y conducción de su gobierno, donde recalcó que “estamos consolidando el compromiso que asumimos ante la ciudadanía al inicio de este gobierno y estamos integrando las demandas actuales que inquietan a la ciudadanía. Eso nos permite cumplir responsablemente con el compromiso que tenemos con los ciudadanos y ciudadanas de impulsar los cambios que nos permitirán hacer de Chile una sociedad más equitativa, cohesionada y desarrollada”.

A su vez presentó, sin entrar en detalles y dejando bastantes cabos sueltos, los ejes prioritarios para esta segunda mitad de gobierno.

Como primer punto dio cuenta de las tareas en Educación, destacando que la “Reforma Educacional seguirá su curso con las mejoras que se introducirán al proyecto de Desarrollo Profesional Docente y que continuará con el proyecto que crea el Servicio Nacional de Educación Pública, el que tendrá una puesta en marcha gradual, partiendo por las comunas que tengan las escuelas públicas más vulnerables”.

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Reglón seguido ratificó que “en septiembre se presentará el proyecto de ley de educación superior para la gratuidad universal, pero ya en la Ley de Presupuestos del próximo año se contemplarán los recursos para que comience la gratuidad para el 50% más vulnerable de los estudiantes que asiste a universidades del Consejo de Rectores y a universidades privadas que cumplan ciertos criterios –que sean acreditadas por al menos 4 a 5 años y que no sean controladas por sociedades comerciales, donde aseguren participación de todos los estamentos en instancias colegiadas del gobierno institucional-. También, de Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica acreditados y sin fines de lucro”. Pero ¿Qué institución privada cumple con ese criterio?.

Si bien la duda no queda resuelta, a la presidenta le permite mantener “en control” a sectores de la DC que presionaban permanentemente, junto a la derecha, en concretar este punto.

En materia laboral, otro de los “ejes fundamentales” del programa, y que hoy se encuentra en la palestra a partir de la tramitación de la Reforma Laboral en el Senado, la presidenta señaló, dejando en el aire la teoría del empate, que “vamos a sacar adelante la ley que moderniza las relaciones laborales, equilibrando avances contundentes en la defensa y promoción de los derechos de los trabajadores, como un derecho de huelga efectivo, pero al mismo tiempo, promoviendo el empleo, el crecimiento y el emprendimiento, con especial atención a las particularidades de las empresas de menor tamaño”.

Y en materia económica ratificó un fuerte plan de licitaciones en diferentes áreas y subsidio a las empresas cuando señala que  “para mantener el estímulo a la inversión vamos a crear un Fondo de Infraestructura y realizaremos un diálogo técnico con todos los sectores para simplificar la aplicación de la Reforma Tributaria, sin alterar la recaudación, la mayor progresividad y las medidas anti-elusión ya aprobadas. Todas estas iniciativas nos van a servir para apuntalar tanto la confianza como la creación de empleo”.

También se refirió a sus planes en materia de Salud y Seguridad Pública (puede revisar en la nota relacionada)

Finalmente, se refirió también al denominado Proceso Constituyente, el que se iniciará en septiembre y que contará “con una primera etapa de información y pedagogía ciudadana, para explicar qué es una Constitución, en qué nos afecta en el día a día y por qué es necesario cambiarla. Posteriormente se dará inicio al proceso participativo y de diálogo”. De plazos nada, de mecanismo menos.

Finalmente declaraciones que buscaban dejar tranquilos a todos los sectores de la Nueva Mayoría pero que siguen sin dar respuestas a lo que conocemos como “realismo sin renuncia”.

Reacciones

Tras las declaraciones de la presidenta vino el turno de los presidentes de los partidos de la Nueva Mayoría, que coincidieron en aspectos generales como la “unidad” y la “lealtad con la presidenta”, pero que tuvieron sutilezas para marcar sus puntos.

El senador Jorge Pizarro, presidente de la DC, señaló, en tono neutral, que “Estamos muy tranquilos, contentos y, sobre todo, convencidos de la delicada situación política económica y social que vive el país, donde la Presidenta a fijado una agenda clara. Es un momento de unidad y de inflexión en la marcha del país”, dando cuenta que el partido de la falange se mantiene alerta al proceso que vive el gobierno.

En tanto, la presidenta del PS, Isabel Allende, salió a “prestarle ropa” a Bachelet y, a la vez, dar un claro mensaje a sus socios de la Nueva Mayoría con miras a las elecciones de 2016 y 2017 cuando declaró que “Estamos muy contentos de decir que todos los partidos hemos reafirmado nuestra lealtad. Apoyamos no solo un programa, apoyamos el liderazgo de nuestra presidenta, apoyamos a un gobierno. Tenemos claro que nos necesitamos mutuamente, estamos convencidos que vamos a dejar un camino que debe proyectarse más allá del 2017”.

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Más directo fue el presidente del PPD, senador Jaime Quintana, quién expresó que “Ha sido una jornada de dialogo real, volviendo a la esencia de la Nueva Mayoría. Se ha reafirmado el programa de transformaciones. Este es un gobierno de mayores derechos. La lucha contra la desigualdad se mantiene intacta”.

Mientras, el presidente del PC, Guillermo Teillier, expresó sagazmente que las diferencias en el interior de la Nueva Mayoría se mantienen y que su tarea es la “defensa del programa” al señalar que “hemos tenido un muy buen debate, cercano a lo que la ciudadanía quiere.  Hoy hablamos con la confianza de que estamos en el curso correcto. El PC va a apoyar a la Presidenta y a defender las reformas”.

Finalmente, Alejandro Navarro, senador y presidente del MAS, mantuvo su postura previa al cónclave y declaró que “no hemos eliminado las diferencias, hemos sellado del compromiso de un progrqma que se cumple. Esperamos que este segundo tiempo acerque al gobierno con la ciudadanía”.

Sólo el camino de las reformas en el parlamento permitirá dilucidar las sorpresas, o letra chica, que depara el plan de La Moneda para esta nueva etapa de gobierno.

 

 

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