Esta mujer trans comenzó su proceso de feminización a los 38 años. Ahora quiere ser concejala....

Mi nombre es Niki Raveau: «Trans, activista e historiadora»

Dedicada al trabajo con niños y niñas trans. Esta mujer explica que la sociedad chilena debe dejar el binarismo del sexo y dejar los prejuicios. Además habla sobre las agresiones que ha sufrido debido a su condición.
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De dos metros y de delgada figura, Niki Raveau se pasea por las calles de Bellas Artes conversando sobre el trabajo que realiza en diferentes organizaciones de diversidad y disidencia sexual. Ella no es como la mayoría de las Trans, dice que no es una mujer en cuerpo de hombre, ella se siente cercana a la androginia, aunque agrega que dio el paso definitivo para feminizarse y desde ahí no dará un pie atrás.

Raveau es la directora de la Fundación Transitar, que trabaja con niñas, niños y jóvenes trans en los ámbitos de la legislación, salud, educación y cultura. Además trabaja en activismo y ha organizado marchas y manifestaciones en contra de las agresiones contra personas trans. Ahora tiene un nuevo desafío y postula como concejala, es la única candidata trans por Santiago Centro, y también es primera vez que se presenta una candidatura trans en la capital. Se define de izquierda y dice que hay mucho que trabajar en ámbitos políticos.

Para Niki la cosa no ha sido fácil pero explica que todo se da a su tiempo, que lo más importante es hacer trabajo de bases, porque no se aguanta más a la clase política actual ya que deciden y no tienen idea de los verdaderos problemas de la gente.

Esta trans se viste bien. Mientras camina roba la mirada de todos los transeúntes, su pelo negro y largo le permite coquetear mientras ríe y saluda a sus amigos. Explica que aunque el 2016 ha sido un año duro, debido a las complejidades económicas y familiares, nunca había sido tan feliz: “Soy feliz siendo quien soy, y eso me enorgullece y da fuerza. Además que Transitar (organización a la que pertenece y trabaja con niños y niñas trans) se ha vuelto mi familia”.

¿Cuéntame sobre ti? ¿Qué es ser transexual?

Usemos mejor el término trans, o transgénero. La palabra “transexual” está muy asociada al ámbito médico y a nosotras la salud mental y la institucionalidad nos ha maltratado bastante. Usemos trans. Yo también reivindico el término travesti porque es una palabra que tiene un peso político, y que a mí me hace sentido por el contexto en el que aprendí a moverme entre personas trans,  Brasil años 90.

¿Viviste en Brasil?

Nací allá y me vine a Chile muy pequeña, pero después estuve yendo y volviendo a Sao Paulo. Muchas veces nadie sabía que andaba por allá, incontables veces me fui con dos pesos y en bus (ríe).

¿Quién eres? ¿A qué te dedicas? ¿Qué estudiaste?

Soy Niki, tengo 39 años, soy historiadora y activista trans. Estudié artes visuales, después estudié pedagogía en arte y al final hice un magister en historia del arte. Como historiadora alcancé a trazar una carrera, me especializo en arte latinoamericano y en particular en arte conceptualista chileno de los años 70 y 80, tiempos de dictadura militar. Investigo especialmente formatos editoriales de vanguardia, y las relaciones arte y política, obra y texto. En 2013 publiqué “Revista cal, una historia”; el cual es bien completo en su contexto. Me dejó bien contenta, es parte de las Bibliotecas de Harvard, Princeton y Chicago, entre otras. Relacionándolo con la experiencia del travestismo, creo que es importante que nosotras escribamos, que comuniquemos nuestros relatos y vivencias.

¿En qué está Niki ahora?

Articulando capacitaciones extensas en salud pública, desarrollando un programa de convivencia escolar trans con el Ministerio de Educación, difundiendo el informe OutRight sobre Derechos Trans en Chile, en el cual Transitar (página facebook Fundación Transitar) desarrolla una sección sobre niñez trans con conceptos actualizados y dando cuenta de logros, no solo de la discriminación de siempre, y por último colaborando en una forma visible de cultura transinfantil, urgente y necesaria. Con el colectivo Petra desarrollamos una plataforma de escritura, petraobservatorio.wordpress.com, sobre temas de transgenerismo, arte y veganismo. Con las Travestis Rabiosas hemos participado en marchas por la educación y en otras instancias de manifestación político social donde haga falta el mundo trans-travesti.

Por ejemplo, levantamos simbólicamente un “Bloque no heterosexual por una educación transfeminista”. Y ahí hay te das cuenta cuando llegas a marchar, que las únicas trans presentes somos nosotras, y que como comunidad nos hace falta salir a discutir, a marchar, a proponer y debatir más. A politizar el cuerpo no solo por fuera, también por dentro. No somos la panacea, ni las primeras ni las únicas. Somos travestis rabiosas y deseosas de participación, de diferentes edades y contextos donde se va generando un enriquecimiento en común. Porque lo ideal es levantar un colectivo y no personalidades, una conversación y no un monólogo. La figura de “ella marcha sola” y los ocho litros de silicona obligatoria están obsoletos.

Igual hay muchos que asocian el travestismo a algo malo, porque lo llevan al ámbito de la prostitución ¿qué te parece eso?

En general, la chica que es trabajadora sexual ha dejado de usar la palabra travesti hace unos años, hoy se dicen más transgéneras, trans. A mí la verdad es que la palabra travesti me hace sentido desde la resistencia, que tenga una circulación política. Yo no la pongo en el tapete sola, sino que hay varias que hacen eso y desde hace tiempo. Pero acá, lo que nos interesa es levantar una problemática y una gestión creativa comunitaria. De todos modos, las definiciones son movibles, no son límites rpigidos. A mí en lo personal me hace más sentido ser trans antes que ser hombre o mujer, me hace sentido ser travesti, mujer trans, trans a secas, mujer, transgénero, y a veces también uso transexual porque lo “sexual” le da un impacto en una sociedad cartuchona. Siempre pasa con las definiciones que se van blanqueando y una las rescata y da vuelta.

¿Y cómo fue el cambio?

Yo a los veintitantos salí vestida full de mujer en Sao Paulo, con unos tacos gigantescos (ríe). Pero volvía atrás, en Chile no tenía donde practicarlo… Además el contexto paulista era bien peligroso y nocturno, y yo no era tan buena carreteando. Mi ámbito antes que nada es la lectura, la investigación, y las chicas eran pura fiesta tras fiesta. Si hubiese conocido a una Norma Mejía o a un Paul Preciado (autorxs trans) quizás habría hecho el click. Pero entonces, 1993, 1996, no había por dónde.

También era como esquemático que si eras transfemenina te gustaban los hombres y a mí, en cambio, siempre me gustaron más las chicas, soy una trans lesbiana, un poco bi a veces, los chicos trans también me gustan cuando no se hacen los muy machitos (ríe). El feminismo y la violencia patriarcal que viví por ser diferente me marcaron. Sigamos revisando: luego pasé años viviendo el género como un péndulo: temporadas muy masculinizada, temporadas “al medio” (andrógina), otros períodos largos en la arista femenina.

Pero no tanto como un juego consciente del género fluido: en esos años existía poca información y era lo que yo alcanzaba a comprender. Así es mi historia y estoy contenta con ella. Por eso cuando me dicen esa cosa un poco católica del “qué valiente partir a los 38”, yo respondo, “querida, ya lo viví antes y no me enteré por google, gracias” (ríe). Eso sí, previo a comenzar el proceso de feminización “definitiva” que partí hace un año más o menos, me había masculinizado como nunca, lo cual me hizo muy mal. Comprendí que ahora no habría retorno. Logré responder la pregunta que no me dejaba tranquila nunca.

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¿Qué es ser trans en Latinoamérica?

Aquí es patente la urgencia política mucho más que en otras partes del mundo. Piensa que en Brasil, por ejemplo, existen antecedentes súper tempranos: en los años 20 existió Madame Satán, un personaje real incorporado a la cultura popular brasilera, que es una figura trans, travesti muy valiente.

Regentaba un cabaret y bailaba, pero al mismo tiempo podía bajarse con cuchillo a cuatro tipos transfóbicos, defender a las compañeras, darles trabajo y tener un discurso político/estético. Es una figura bella y que rompe con ese rol falsamente pasivo que se le achaca a lo femenino. En Chile está la figura del machi weye, andrógina-mujer que es autoridad dentro de su comunidad. Por eso el pueblo trans tiene que rescatar sus figuras, porque desde siempre estuvimos atravesadas a lo largo de todo el tejido social y temporal. En Europa, para terminar, se puede hablar más de moda, de cirugías, de la cultura de consumo, pero creo que acá en Latinoamérica, tenemos mucho que hacer y mucho antecedente local donde mirarnos. Las identidades trans nacen por todo el mundo como un espectro infinito.

Te vas a cambiar la identidad en tu cédula, cuéntame cómo fue el proceso…

Estoy haciendo el trámite de cambio de nombre y sexo en el carnet de identidad, rectificación de la partida de nacimiento, sin contar todavía con una ley de identidad de género. Llevo casi un año en el proceso, espero que pronto esté la sentencia y espero que sea favorable, pero ha sido un tema, porque la idea es que tú en un mes puedas hacer el cambio.

La idea es que nadie de la población transgénero deba ir a explicar quién es delante de un juez y presentar algún tipo de prueba. ¿Acaso lo hace el resto de la población? ¿Quién me certifica que el juez o el flojo legislador sí son “hombres o mujeres”? Por ahora, siendo trans, tienes que llevar informes sicológicos y siquiátricos, y por lo general te llevan al Servicio Médico Legal para repetirte el examen siquiátrico y hacerte además uno sexológico, que es una cuestión que vulnera tus derechos humanos. ¡Se trata de una verdadera violación estatal!

¿Qué es lo que te hacen ahí?

En mi caso, primero, me hicieron esperar tres horas y media. Por mientras, yo me preguntaba quiénes van al Servicio Médico Legal: al siquiatra van personas presas, que por ley sólo pueden ir a este Servicio, y al sexólogo, personas (mujeres) a constatar legalmente abusos sexuales y violaciones. Entremedio estamos nosotras, las trans. ¿Me puede explicar este Gobierno irresponsable, qué mierda hacemos las trans ahí en medio? ¿Qué hacemos las trans entremedio de personas presas y personas que han sido abusadas sexualmente? Pues ahí nos pone la institución. Lo peor es que paso por el siquiatra, el centro de las preguntas era: ¿a qué edad comenzaste a masturbarte?, ¿cuáles eran tus fantasías, masculino o femenino?…. Si dices que fantaseas con una figura andrógina te tachan de loca. Yo le decía al “experto”: ¿te contesto según el manual o según la realidad, qué quieres que te conteste? Al final, era todo un show patético: “cuéntame una fantasía sexual tuya, pero cuéntamela entera, cuéntamela… ¿Cómo te acuestas, qué es lo que haces en la cama? Ya, pero cuéntame con detalle…”. ¿Te das cuenta? Deplorable.

Después el sexólogo te mira los genitales y si te han crecido pechos en caso de que te estés hormonando, y llena un informe. El mismo sexólogo me dijo: “yo no sé por qué los mandan para acá, si es absurdo que los manden a hacer este trámite”. Yo pensaba en silencio: “entonces Ud., por ética profesional, reclame a sus superiores o cambie de trabajo”. Y me pone en el informe: “Tiene cuerpo de mujer, cara de mujer y voz de mujer”, yo que soy más roca que locutor de radio (ríe). Pero sí le pareció que mi cuerpo “realmente era de mujer, aunque harto flaca”… ¿Y si no fuera así? ¿Cuál es el parámetro de “Un cuerpo de mujer”? Una estupidez, vulneración a mis derechos, pérdida de tiempo y recursos por donde se le mire…

 ¿Hace un par de semanas fuiste agredida, cuéntame sobre eso?

Fuimos agredidas una compañera trans de origen peruano, Briggite Viola, y yo. Caminando cerca de Plaza de Armas, en una esquina estaban unos tipos arreglando un local (Diagonal Cervantes 744, los tipos siguen trabajando en el lugar…). Íbamos pasando un jueves tipo dos de la tarde y nos gritan. No escuchamos bien y seguimos caminando, hacemos caso omiso. Después pasamos de vuelta, ya que es camino a mi casa, y ahí nos vuelven a gritar pero esta vez se escucha claramente: “caballos culiaos, maricones mueran, sidosos váyanse de acá, caminen sidosos”. Mi amiga se da vuelta para interpelarlos y los tipos saltan agresivamente y a garabatearnos fuerte. Uno agarra unos fierros y lanza: “yo soy homofóbico, así que chasquen de acá sino los vamos a cagar a fierrazos, maricones culiaos”.

Aparece un cuarto tipo, uno bien feo y grande, con cara de idiota, se mete y me pega un combo en la cara. Nos corrimos y llamamos a los carabineros, pero no llegaban nunca. Mientras, nos tiraron agua, nos sacaron fotos, nos siguieron insultando y amenazando. Decimos ir a buscar a los carabineros y cuando los encontramos no nos hacían caso. Llegó una familia y ahí recién nos pescaron, cuando una de las personas señaló que testificaría la agresión, ya que vio todo. Existen chicas trans que tienen 20 o 30 agresiones en el cuerpo. Agresiones, violaciones, cortes… Y se ríen de ellas en las comisarías (cuando no han sido los mismos pacos los que las han agredido…). Y por lo tanto, la denuncia queda en nada. Ese día los carabineros actuaron con nosotras desde el maltrato directo hasta la ineptitud total. Verdaderamente vergonzoso el actuar de carabineros. Agrego de todos modos que nosotras no somos “víctimas”: es la sociedad la que victimiza. Nosotras no tenemos “un problema”: es la sociedad la que odia e ignora. Hato valiente hay que ser para ser mujer trans y caminar por las calles de esta ciudad.

Por todo este estado de cosas es que llamamos a manifestaron fuera del local mencionado. Juntamos 130 personas entre lesbianas, travestis, colas, familiares de la diversidad y transeúntes que se sumaron en forma espontánea. Y aunque estábamos enojadas con razón, nadie agredió a nadie. Nadie le puso un dedo encima a los tipos del local, que prinero se encerraron cobardemente, se escondieron. Al rato los tipos subieron las cortinas metálicas y volvimos. El mismo troglodita que me pegó amenazaba con machetes y fierros junto con otro sujeto, me miraba, se acercaba y gritaba, “¡te voy a matar!”. ¿Me vas a creer que llegaron los carabineros y nos detuvieron a nosotras? Todo porque habrían visto los “desórdenes” en las cámaras de seguridad. Pues bien, si se ve nuestro “desorden”, se verán también los fierros y machetes en mano de estos sujetos. En la comisaría 1 nuevamente mal trato: negaron las detenciones la abogado del Instituto de Derechos Humanos, nos negaron comer, nos negaron abrigo, me amenazaron con tirarme a una celda con hombres que silbaban y pedían “al mariconcito”, me hicieron desnudarme entera, de pie y sin zapatos sobre un suelo orinado y abrirme de piernas para revisarme, práctica absolutamente irregular heredada de la dictadura, nos trataron de “hombres” cuando dijimos que eramos trangéneras, a una compañera la golpearon, entre otros hechos que denunciaremos.

Acá es importante recalcar que la mano que golpea es el último eslabón: antes tiene que hacerse responsable el Ministerio del Interior en relación a la policía, el Gobierno en cuanto legislar y educar. Que se dejen de hacer los huevones. Porque es un hacerse el huevón que linda con el crimen, con la agresión y el asesinato. Tras la agresión, como soy candidata a concejala, me contactó la alcaldesa de Santiago, el Ministro de Desarrollo Social, hicieron comunicados el obtuso y apolítico Frente de la Diversidad Sexual (comunicado que objetó OTD Chile, una organización trans oficialista y conservadora, porque “me estarían haciendo “propaganda política”   –increíble pero cierto-), pero también el Partido Comunista y organizaciones internacionales trans, feministas y LGBTI, amigas/os de verdad. Pero hay que aclarar que acá no se agredió a una candidata a concejala; se agredió a dos mujeres trans y a mi compañera, extranjera, nadie la llamó para disculpar el hecho de que los agresores fueron hombres chilenos. Las trans y las feministas decidimos que cada agresión sería repudiada con una manifestación similar de nuestra parte. Por último, el hecho de que estos personeros se pronunciaran, los obliga a pronunciarse con la misma fuerza cuando ocurra un hecho similar en el futuro. Se verá muy mal si callan. Su silencio mata.

¿En qué consiste tu candidatura?

Soy candidata a concejala independiente por el Partido Ecologista Verde, número C 21. En la papeleta voy inscrita como Nicolás Raveau, el cual sigue siendo mi nombre legal mientras el Estado no reconozca mi derecho fundamental, básico, a la identidad. El primer gesto es lidiar en un campo donde ni siquiera existo con el nombre que realmente me identifica. El segundo, que nunca se había presentado una candidatura trans por Santiago y eso es un hito por sí mismo.

Mi jefe de campaña es Víctor Hugo Robles, el Che de los Gays, la Vicky, un activista histórico, una “cola fuerte” y de población, no un homosexual higienizado que merodea el poder fáctico. Somos una candidatura LGBTI urgente y pensante. También nos apoya el sindicato Minero Los Bronces y organizaciones barriales, grupos feministas y comunidades trans. Pero, la idea es universalizar demandas.

Creo que las bases sociales requieren intersectar programas y aunar fuerzas. Es necesario que lo LGBTI se politice y renueve siempre. Desconfío de una política oficialista que no me reconoce ni el nombre, pero por otra parte, creo que son espacios que no debemos dejar abandonados al manejo de los mismos de siempre, porque desde ahí se están tomando muchas de las decisiones que nos afectan. Se trata de entrar a esos espacios incómodos, con la perspectiva utópica de cambiarlos. Se trata de no ser ingenuas y no contentarse con el aplauso de los que piensan parecido. La base de mi programa es potenciar una educación no sexista. No basta con que sea gratuita. Tiene que existir una educación pensada y desarrollada por nosotras mismas. Que la educación no sea sexista, que la educación sí sea feminista, no quiere decir que sea una educación solo para la población LGBTI.

Las actividades más creativas y enriquecedoras son aquellas que no segmentan roles por género ni tiene rigideces preconcebidas. Por último, siendo vegana, veo una relación directa con el programa ecologista de cuidado ambiental y tenencia responsable de “mascotas” (prefiero llamarles “animales no humanos” para destacar que no son una mercancía). Ayer mismo escuché una charla de candidatos a alcalde. Me llamó la atención el espíritu fiscalizador sobre los ciudadanos, cuando los fiscalizados debieran ser quienes están en el poder, y la falta de propuestas.

Me llamó la atención el autoritarismo y la falta de compresión de Tohá sobre los movimientos estudiantiles. Una anécdota: el candidato derechista, Alessandri, dijo que “había dejado los pies en la calle” -refiriéndose a su trabajo puerta a puerta-. Me parece incongruente el dicho por parte de alguien que llama a controlar la presencia callejera de “pokemones” (se refería peyorativamente a la mal llamada tribu urbana que dejó de existir hace 10 años, no al juego en boga), y a parar el “cruising” en los parques públicos (“cruising” refiere al encuentro sexual fugaz entre homosexuales). ¡Eso es estigmatizar! ¿Y el “cruising” lesbiano? ¿Y el “cruising” del hétero que busca una trabajadora sexual travesti para que lo penetren? Una beatería y falta de actualización total por parte del candidato. Debe ser que sus zapatos son demasiado pitucos (ríe). Es tiempo de que los operadores políticos de vayan para la casa, es tiempo de que la comunidad sea representada directamente, es tiempo de que las personas que venimos del trabajo con base social hablemos.

Y ahora ¿cuál es el trabajo que hacen en Transitar?

Realizamos capacitaciones extensas en salud pública, generamos transformación dentro de los espacios escolares (prefiero hablar de transformación antes que de “inclusión”), participamos en la agenda legislativa y ponemos sobre la mesa un imaginario cultural que represente la niñez trans. Transitar está formado por 50 familias que cuentan con integrantes niñas, niños y jóvenes trans de las comunas más populares del país. Ahora, cuando se habla de niñez trans salta un puñado de “expertos”, sicólogos en su mayoría. Se autodenominan expertos y no lo son. Acá no hay gente experta, hay gente que conoce y poco más. Al final, la gente que conoce es porque trabaja con comunidades reales. Nosotras conocemos a esa gente, y los invitamos para que se formen con nosotras. En el sentido de la investigación y los contenidos, siempre debemos participar personas trans en la primera línea. Como dije más arriba, escribir nuestras historias nosotras mismas. Si vas a hacer un trabajo con personas trans, debes trabajar a la par con ellas. Tienes que incluir a las comunidades, de lo contrario el resultado será inservible.

¿Qué pasa con los papás de niñas y niños trans… cómo llevan el tema?

La verdad es que las mamás son las que más participan… Otras veces pasa por los tíos y abuelas, caso que haya un abandono por parte del núcleo familiar. Algunas familias apoyan, pero muchas abandonan. Castigan, estigmatizan, golpean… Es muy triste verlo en chicos de 12 o 15 años. Se van a vivir con un pariente y es la tía o la abuela la que asiste a la reunión. Siempre es la y pocas veces es él. Ni qué decir cuando toda la familia te hace a un lado o te botan a la calle.

Ahora bien, aquellas familias que sí apoyan deben entender que el amor y el respeto no bastan: es lo que toda madre/padre debiese entregar. Se requiere compartir con comunidades trans y educarse en ese contexto. Leer, dialogar, asistir a actividades. No somos una Fundación de padres y madres de niños trans: somos una organización trans donde niñas, niños y jóvenes invitan a sus madres y padres a ser parte, lo que no es lo mismo.

¿Son más niñas trans o niños trans?

Bueno, si sacamos una proporción… de diez, unas siete son niñas. Quizás es porque muchas veces es más fácil hacer “pasar piola” al niño trans. La chica trans se nota más, es más discriminada, pesa mucho más lo social, esto de “querer ser mujer”… dentro de una sociedad reprimida, heteronormada y patriarcal, bajas en la escala social. Ni qué decir de aquellas personas menores de edad que se identifican “al medio”, ni hombre ni mujer. Es totalmente legítimo, es una identidad más, pero a la mojigatería, a la falta de empatía y a la falta de educación como que le explota la cabeza ante la idea. Ese es el estado de cosas que tenemos que cambiar. Conquistar espacios, hacernos visibles y posibles en todas partes, sin tener que disolvernos en las normativas añejas. Ser nosotras mismas. Creo que esa, más que una existencia trans, es una existencia hermosa. Jamás cambiaría lo que soy.

 

H.A.H.M. 

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