La posverdad y la plus-mentira contra Venezuela

Por supuesto, no sólo contra el pueblo venezolano. Los grandes medios de prensa y televisión, aliados hoy muy importantes del neoliberalismo globalizado y sus elites de poder,  tienen y  han tenido  otros países también en la mira.  Sus estrategias de “golpes blandos” acompañadas de un blanqueo comunicacional han hecho ya presencia:  Honduras (Zelaya); Lugo (Paraguay); Brasil (Dilma).  En los tres casos, no ha habido efectivas razones, ni jurídicas ni políticas, para el derrocamiento de sus gobernantes. La misma excusa utilizada contra el gobernante hondureño Manuel Zelaya, es la que se pretende utilizar contra el presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro.

 

Según los guardianes del poder dominante, Zelaya habría querido “perpetuarse” en el poder sólo por agregar una papeleta de voto que decía: ¿Está usted de acuerdo en reformar la constitución vía asamblea constituyente? Entonces ahora, la oposición derechista venezolana dice lo mismo, de manera “original”: ¡Maduro cita una constituyente para “perpetuarse” a sí mismo en el poder¡  Y con ello, lo que quiere la oposición es posibilitar la intervención de fuerzas extranjeras en el país, desde la OEA y el Comando Sur de los Estados Unidos. Como se ve, puro interés patriótico.

 

En otros casos, por ejemplo el de la presidenta Dilma Rousseff, se usó el manido argumento de la corrupción. Y ya usted ve, hoy no hay pruebas de aquello en el accionar de la  exmandataria y los acusadores se han trocado en acusados, partiendo por el propio Michel Temer. Lo que quiero decir es que aquí no hay sociedades civiles puristas, desinteresadas y actuando solo por el mayor interés de los pueblos, como a veces se lo pretende hacer creer. Tenemos gobiernos, como el argentino de Mauricio Macri, que a poco hacerse del poder ha tenido como dirección principal rehacer el poder a sus elites, sea en el ámbito económico-financiero, sea en el mediático, y, al mismo tiempo, ponerse bajo la batuta de los EE.UU. para atacar a Venezuela. Lo mismo ha sucedido con el gobierno de Temer en Brasil ¿pura casualidad?

 

Para qué hablar de México, donde muere gente todos los días, incluidos estudiantes (los 43 de Ayotzinapa por ejemplo) y periodistas, y cómo no, no se hace justicia ni se repara a las víctimas de la violencia. Por cierto, nada de hablar allí de una democracia fallida o de violación a los derechos humanos. En el contexto actual lo que tenemos  es una arremetida de una  espuria alianza entre sectores derechistas, empresariales, elementos del poder judicial, y, claro está, las embajadas de los EE.UU. y la propia OEA u otros organismos, para realizar todo tipo de actos –pacíficos o violentos- y encontrar resquicios que les permitan  sacar de su lugar a gobiernos, estados y presidentes que no son obsecuentes o con el poder de las trasnacionales,  con las políticas dictadas desde el FMI, BID, o con los poderes militares dominantes a nivel mundial. No pueden leerse los actos de la oposición violenta venezolana fuera de su contexto, como se hace día a día en nuestros medios.

 

Pero bueno, la posverdad y la “plus-mentira” (Buen Abad) llevan la batuta en los poderes comunicacionales empresariales de hoy, sea en la prensa, en radios o en la televisión.  Esa posverdad lo que hace es tapar los hechos, no considerarlos, pasar por el lado como si no existieran, y al mismo tiempo, emitir plus-mentiras respecto a esas situaciones. Se usa esta estrategia contra todos los países que intentan levantar un Estado más soberano y  acorde a las necesidades de las mayorías.  Pero como usted sabrá, el único país acusado en la OEA es…Venezuela. Todos los demás cumplen todos los requisitos de Estados “democráticos” pues.  Partiendo, cómo no, por el nuestro, aunque el Estado chileno cargue a sus espaldas con la muerte de más de 1.313 niños y jóvenes a su cargo en los últimos 10 años, y reprima como en guerra los reclamos del pueblo mapuche o las manifestaciones de protesta pública.    ¿Esta estrategia comunicacional  es pura casualidad cree usted? Los medios de comunicación  nos quieren convencer de eso. ¿Cómo lo hacen? Al igual como tratan al pueblo venezolano y su gobierno:   mintiendo, manipulando, desinformando,  sin pausa. No sólo eso. Sino alentando, apoyando  y reporteando además las acciones violentas y criminales de los  “democráticos” opositores. Acciones las cuales (guarimbas, ataques a instituciones públicas, quema de jóvenes, quema de alimentos, entre otras) que en cualquier otro Estado serían reprimidas y vituperadas sin dilación.

 

Veamos dos muestras nada más. Una refiere a Leopoldo López, al cual se le ha cambiado cárcel por prisión domiciliaria. A este señor, que no tiene credenciales ni de héroe, ni de disidente, ni de líder, se le ha querido fabricar un perfil que no le corresponde. Lideró protestas en las cuales murieron más de 40 venezolanos, acción que no ha podido ser justiciada porque por rara casualidad el ministerio público de esa nación no las investiga. Es más. Viene la plus-mentira a decir que esas muertes fueron productos del accionar del… ¡gobierno de Maduro¡

Fíjese que poco tiempo antes de este cambio de situación, la mujer de este señor y sus aliados dijeron que había “muerto” en prisión, con el evidente objetivo de tener un “mártir”. Fueron vestidas de negro a las puertas de la prisión, pidieron ver el cadáver y ponerlo en una urna adecuada. Poco tiempo después, también este año, López declaraba en directo a su familia, desde su celular en la cárcel, que estaba siendo golpeado por sus celadores en ese mismo momento. Mire qué novedoso no: es como si a los torturados de aquí en Villa Grimaldi o Londres 38, se les hubiera permitido, mientras estaban en la tristemente célebre “parrilla” , llamar y comunicarse en directo con sus familiares: oiga mamá, u oiga mi mujer, les hablo yo para comentarles que estoy siendo atacado con electroshocks, ¿ya? Que tengan buena tarde y nos vemos.

El otro botón de ejemplo: la barbarie que han cometido opositores quemando vivos a jóvenes supuestamente chavistas. Van ya más de cinco de estos casos. Sólo le cito dos casos, usted puede averiguar los otros. Uno, el joven Orlando Figueroa, que murió tras ser linchado y quemado  vivo por sectores manifestantes opositores que dijeron era un “chavista”. Eso sucedió el pasado 20 de mayo, en la urbanización de Altamira. Otro, afectó a Carlos Ramírez, linchado y quemado vivo el 18 de mayo en el este de Caracas.  Qué decían los “demócratas” encapuchados: “tiene que morirse por chavista”. Bueno y usted sabe, las “protestas”, como le llaman, de hace ya noventa días, han dejado cerca de 100 muertos, cientos de heridos y destrucción material considerable.  La posverdad –que hace caso omiso de estos hechos y su realidad-  se transforma rápidamente en “plus-mentira” desconociendo estos hechos; no haciéndose cargo de ellos y, al mismo tiempo, acusando de manera unilateral al gobierno bolivariano de todo lo que pasa allí.  Una prueba importante de esto es la inacción y complicidad que asume el misterio público de allí, al no imputar a nadie por estos actos de barbarie. Sin embargo, ha actuado de manera diligente cuando las muertes pudieron adscribirse al accionar de la Guardia Nacional. En estos casos, los menos, el mismo poder ejecutivo ha iniciado causales de investigación y apartado a sus autores.

Y está también la última “actuación” de esa oposición de derecha, inventándose un plebiscito sin registro electoral ni modo de cautelar su veracidad (pero bueno, en Chile también hemos conocido de ese tipo de “consultas”).  He aquí el problema: la información resulta hoy algo sin  importancia. La verdad, o lo que haya sido verdadero, no tiene ningún valor.  Se entroniza la mentira como la forma de discusión, porque la verdad no es ya valiosa ni relevante.  Ella, no les importa ni a los que hacen televisión,  ni a los periodistas, y lamentablemente, muchas veces tampoco  a los propios ciudadanos.   ¿Con qué argumentos se puede rebatir una mentira repetida veinte veces?  Podrá preguntarse incluso si tiene sentido darse ese trabajo. Pero eso sería dejar paso al relativismo  y al neo-cinismo. Como bien lo expresa la periodista catalana Rosa María Calaf, el problema  es que los ciudadanos y ciudadanas creen que están informados, cuando están solamente entretenidas.  Nos han hecho creer que estamos informados.

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