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Indígenas panameños exigen justicia tras secuestro de las hijas de un cacique

La Comisión de Asuntos Indígenas de la Asamblea Nacional de Panamá calificó de preocupante el secuestro de las tres hijas del cacique Lázaro Mecha, en territorio indígena maje emberá drúa, por parte de colonos.

En un comunicado emitido por la Comisión, se explicó que, aunque se logró la libertad de las personas (dos menores de edad y una adulta), “se evidenció que los sujetos estaban fuertemente armados”.

“Los hechos denunciados ocurrieron el pasado 18 de enero. Sin embargo, a estas alturas nada se ha sabido de las investigaciones, y denuncian los indígenas que los colonos, presuntos autores del hecho, siguen libres y creando un ambiente tenso“, refirió el documento publicado por la instancia legislativa.

Los diputados integrantes de la Comisión de Asuntos Indígenas pidieron a la Policía Nacional, Ministerio Público, Ministerio de Seguridad, Ministerio de Gobierno y Viceministerio de Asuntos Indígenas, adelantar una investigación exhaustiva de los hechos y presentar sus resultados a la mayor brevedad a las autoridades indígenas del territorio.

“Las acciones que estas personas realizaron en el área son sumamente peligrosas para ellos, y para la población que allí habita en este momento, ya que estas personas se encuentran en el área y su protección es incierta. Responsabilizamos al Gobierno nacional de los hechos que puedan afectar a esta población”, señala el comunicado.

Hostigamiento de colonos

Los choques entre colonos y pueblos originarios en el Darién panameño no son nuevos y han teñido de sangre la región. En 2012, hombres armados mataron al líder wounaan Aquilo Opúa. En el enfrentamiento murió el operador de un tractor y hubo otros tres indígenas heridos. Las autoridades no hicieron nada en ese entonces ni ahora por esclarecer los crímenes.

Los wounaan comparten con los emberá la Comarca definida en la Ley 22 del 8 de noviembre de 1983 (438 mil hectáreas) y, desde 2008, tienen el derecho a definir tierras comunitarias adicionales (Ley 72 de 2008). Sin embargo, el Gobierno de Panamá ha hecho poco por hacer respetar los límites comarcales y nada para definir las tierras colectivas.

En esa región son habituales los enfrentamientos por la invasión ilegal de los colonos, pero desde 2011 se ha dado una escalada de violencia en las áreas wounaan y emberá, especialmente en Río Hondo y Río Platanares.

Precisamente ahí fue donde los wounaan se dirigieron a finales de marzo de 2012, a una zona en la que los taladores ilegales llevaban meses sacando una madera preciosa (el cocobolo) y donde, según la Autoridad Nacional del Ambiente, se había controlado el fenómeno.

Cuando el líder de Río Hondo, Aquilo Opúa, llegó con algunos de sus vecinos al área encontraron un tractor trabajando y había hombres armados custodiándolo. El enfrentamiento terminó con Opúa y el operador del tractor muertos y otros tres indígenas heridos de bala.

Desobediencia civil

Este nuevo suceso ocurre tras las numerosas advertencias que han hecho las autoridades tradicionales. La última, en  febrero de 2018, cuando se declararon en “desobediencia civil” en un comunicado firmado por el Congreso General Emberá Wounaan de la Comarca, el Congreso de las Tierras Colectivas, Congreso Nacional Wounaan y el Congreso Emberá de Alto Bayano.

En el texto, las autoridades originarias se quejaban de que “el Gobierno, a través de las entidades públicas competentes, no cumple con sus funciones constitucionales y legales para atender y resolver los conflictos territoriales que por muchos años han sido denunciados por los pueblos indígenas. Estas deficiencias administrativas y de procedimientos están fomentando la invasión de tierras, en detrimento de los derechos de los pueblos indígenas”.

Violencia armada

Colonos individuales llegan desde otras zonas del país para practicar la ganadería. También arriban taladores de maderas preciosas y hasta paramilitares colombianos que utilizan las tierras de Darién como zona de descanso y entrenamiento. Todos ellos hostigan a campesinos e indígenas.

Las comunidades indígenas de esta zona han sufrido el acoso de la guerrilla y del militarizado Servicio Nacional de Fronteras (Senafront). Alli también se registra una situación de inseguridad alimentaria y falta de acceso a los servicios de salud en la comarca.

Acoso a los Wounaan en el Darién de Panamá

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