miércoles, octubre 23, 2019

"Mi gente viene de un largo proceso de violencia. Hemos sido forzados y alejados de nuestros orígenes." Akroá-Gamella representante de Maranhão

Voceros indígenas socializan experiencias de resistencia durante plenaria en Brasil

Líderes populares de Maranhão, Pernambuco, São Paulo, Rondônia y Amazonas hablaron de la lucha en sus aldeas durante la XXIII Asamblea General del Consejo Misionero Indígena


Representantes indígenas de varias regiones de Brasil debatieron sobre las perspectivas de resistencia a los recientes ataques del gobierno federal. Los análisis giraron alrededor de las experiencias puntuales de esos pueblos.

«Mi gente viene de un largo proceso de violencia. Hemos sido forzados y alejados de nuestros orígenes. En 2013, comienza el proceso de recuperar el territorio, pero también la existencia, de recuperar todo lo que daba y da sentido a nuestra existencia», explica Kum´tum Akroá-Gamella.

La Tierra Indígena Akroá-Gamella (Maranhão), está en proceso de identificación y delimitación territorial. La Justicia Federal ha determinado que la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) lleve a cabo el procedimiento de demarcación, pero Kum´Tum sabe que el camino todavía es largo.

«Sufrimos persecución, e intentos de criminalización. La población del municipio dice que nunca vieron indios ahí», señala. Tanto es así que el Registro Civil de Viana se negó a inscribir a dos niños Akroá-Gamella, y a dar la certificaciónn de nacimiento, porque sus padres exigieron que el documento incluyera el nombre del pueblo.

Según Kum’tum, el argumento utilizado por la oficina de registro es que eso podría ser motivo de vergüenza para el niño a futuro. Los Gamella acudieron a los tribunales para hacer valer su derecho entre finales de 2017 y principios de 2018. «De alguna manera, ya nos estamos resistiendo a lo que hemos estado viviendo hace mucho más tiempo», dice.

Kun’tum recordó la masacre sufrida en 2017, cuando más de 20 indígenas fueron asesinados a tiros y palos, y a dos de ellos se les cortaron las manos con cuchillos. El macabro evento fue convocado e incitado por políticos y terratenientes de la región.

En el año siguiente al episodio, Jair Bolsonaro fue elegido presidente con el mismo discurso de odio que llevó a parte de la población a servir de camuflaje para que matones y pistoleros practicaran la violencia contra los Gamella. Algo parecido ocurre en el Brasil de 2019.

El presidente estimula la total violación de la Constitución Federal y firma un cheque en blanco para que las élites terratenientes regionales actúen con la certeza de impunidad, una especie de Cruzada, una guerra santa contra los «herejes» del medio ambiente, los pueblos indígenas, los quilombolas, los bosques.

Shirley Pankará es diputada estadual por la Bancada Ativista en São Paulo y habla sobre la importancia de que los pueblos indígenas ocupen todos los espacios. Foto: Tiago Miotto/Cimi

Necropolítica

El hecho es que la necropolítica vigente ha estado sufriendo resistencia. En las aldeas, universidades y parlamentos. Si en la Cámara Federal Joênia Wapichana (REDE-RR) fue elegida primera diputada federal indígena, en la Asamblea Legislativa de São Paulo los pueblos tienen a Chirley Pankará.

Esta mujer indígena es parte del mandato colectivo del PSOL¹, la llamada Bancada Activista, junto a Mônica Seixas, Anne Rammi, Claudia Visoni, Erika Hilton, Fernando Ferrari, Jesus dos Santos, Paula Aparecida y Raquel Marques. Chirley lleva la cuestión indígena al parlamento de São Paulo.

«Estos espacios nunca fueron permitidos a los indígenas, al igual que las universidades, donde también estoy haciendo mi doctorado en antropología en la USP (Universidad de São Paulo). También vamos a ocupar esos espacios junto a los compañeros para luchar por nuestras demandas y agendas», dice.

En São Paulo, Chirley contribuye a los temas de los pueblos indígenas en un contexto urbano, como en el caso de los pueblos Pankararu, Pankararé, Pankará y aldeas Guarani Mbya, como en Parelheiros y Jaraguá. También contribuye con el movimiento indígena, como en el caso de la 1ª Marcha de las Mujeres Indígenas.

«Bolsonaro habla de la integración de los pueblos indígenas. ¡No queremos eso! Que yo esté hablando aquí con ustedes no me hace menos pankará, menos indígena», dice. Para ella, el discurso del presidente «es de odio contra los pueblos. En São Paulo, hasta la currícula diferenciada en las escuelas se desconoce”.

Rosa Guarasugwe, de Rondônia, habla sobre el proceso de resistencia de su pueblo, después de años en silencio para evitar el exterminio. Foto: Tiago Miotto/Cimi

Lo que no se calla

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En la canción O que se Cala (El que se calla), Elza Soares canta: «Uso mi voz para decir lo que se calla”. Rosa María Guarasugwe vio que su pueblo necesitaba callarse por un tiempo, para no ser exterminado, hasta el día en que, como combatientes de la resistencia, los Guarasugwe se levantaron para exigir la demarcación del territorio.

«Estoy aprendiendo mi idioma de nuevo», dice Rosa María después de decir buenas tardes en Guarasugwe. La lengua, al igual que el pueblo, se consideraba extinguida pero resistió. «En Rondônia somos seis pueblos resistentes luchando por nuestras tierras tradicionales», explica.

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En marzo hubo en Rondônia una gran movilización por la demarcación territorial. Los Guarasugwe también contribuyeron a la resistencia contra los invasores de la Tierra Indígena Karipuna. «Todos los derechos ya conquistados están bajo ataque, tanto en territorio Karipuna como para los pueblos resistentes», concluye.

Relata el prejuicio que sufren los Guarasugwe: «Nos llaman bolivianos porque nuestra tierra está en la frontera. Los pueblos tienen que ser realmente muy cuidadosos, porque se les está apuntando desde la política. Los pueblos indígenas son como una semilla que brota en tierra quemada: nace y transmite vida».

«No tengo miedo de denunciar las amenazas», dice Jair Maraguá, líder general de su pueblo. Foto: Tiago Miotto/Cimi

Ataques y amenazas

Los discursos de odio también llevaron violencia a la Tierra Indígena de Pankararu, en el interior de Pernambuco. Sufrieron cinco incendios dentro de la comunidad, el primero poco después de la asunción de Jair Bolsonaro. Quemaron un Centro de Salud y la Escuela Indígena São José.

En promedio, el centro de salud atendía 500 consultas por mes. A la escuela asistían unos 200 niños. Poco después, hubo un ataque a la iglesia Nossa Senhora da Conceição y el incendio ocurrió la noche en que se celebró el día de su patrona.

Los Pankaru comenzaron a hacer vigilia para evitar que se produjeran nuevos ataques. Aún así, el Puesto de Salud de la aldea de Conceição también sufrió un intento de ataque. Joanderson Pankaru relata el momento de tensión poco antes de la salida definitiva de los ocupantes de la Tierra Indígena.

Explica que un grupo de ocupantes ilegales regresó a la comunidad en agosto y «decidió retirar las puertas y ventanas de una casa ya ocupada». La familia fue expulsada poco antes. No entramos en una lucha cuerpo a cuerpo, porque eso es lo que quieren», dice Pankaru.

El indígena también solicitó el apoyo de Cimi para la creación de una red de abogados indígenas, que brinden mayor protección a las comunidades en los territorios. A Jair Maraguá, del Amazonas, no le pareció extraña la realidad de los Pankararu al compararla con la de su propio pueblo.

«La lucha es muy ardua para las poblaciones indígenas, en lo que se refiere a la demarcación de tierras y al Buen Vivir. Un tema importante, la Constitución Federal… el gobierno viola los artículos principales. Quieren quitarnos esos derechos sobre nuestros territorios. Eso es un robo», ataca.

Después de ser casi diezmados, los Karipuna, en Rondônia, luchan contra los invasores que están asolan su territorio. Foto: Tiago Miotto/Cimi

Jair Maraguá explica que no se trata sólo de robo. Son ladrones que «también matan, asesinan, torturan (…) cuando veo la noticia del asesinato de un indígena, los entristezco, pero también me indigno». El indígena explica que en su comunidad hasta los niños temen perder a sus padres, madres, abuelos y tíos.

Los intrusos ya han visitado la casa de los indígenas. «No tengo miedo de denunciarlos, por eso me amenazan”. Dice que no dejará de denunciar: «Somos resistentes, no vamos a entregar nuestro territorio gratuitamente. Esta tierra es nuestra, Brasil es nuestro y no vamos regalárselos», concluye.

Cortesía de Renato Santana Pressenza

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