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Sólo las llamas incineran la identidad de Valparaíso

Una nueva tragedia enluta al puerto de los cerros y escaleras. Si bien no hubo pérdidas humanas, otro capítulo de calamidad recuerda la fragilidad de una ciudad que intenta levantarse pero que pareciera libra una lucha contra un gigante que no cesa de golpear.

Sólo las llamas incineran la identidad de Valparaíso

Autor: Absalón Opazo
10/06/2017

La noche del pasado miércoles 7 de junio un incendio afectó a parte del mercado El Cardonal de Valparaíso, dejando destruidos o con importantes pérdidas a más de una docena de locales del tradicional inmueble de conservación histórica que data de principios del siglo XX.

Se dice que en el primer piso del emblemático inmueble se iniciaron las llamas que luego subieron hasta la segunda planta, destruyendo cocinerías como la tradicional “El Patito”, privando a cientos de porteños y porteñas de las recetas y sabores que por décadas  han seducidos paladares y encantado corazones.

“No vendemos papas fritas, así de tercos. Nosotros seguimos con el caldo de patas, las cazuelas, los porotos con riendas. Somos porteños de nata, hasta  que duremos. Esta es nuestra vida”, señaló hace un tiempo el dueño de la tradicional cocinería a las cámaras de un proyecto audiovisual que mostró la práctica cotidiana de los oficios que recrean el sistema comercial del principal mercado de abastos de Valparaíso. Un video que hoy se atesorará como reliquia de un pasado  que no volverá:

http://www.oficiocardonal.cl/proyecto.html

Portadores de identidad

Don Carlos lleva más de 30 años cocinando junto a su señora, Cristina Ruz, a la antigua usanza. Dos espacios -uno frente al otro- complementaban una completa cocina y un sencillo comedor que, de golpe, quedó reducido a cenizas. Al igual que los puestos de gallinas, conejos y pescados que se ubicaban en calle Uruguay o las carnicerías de calle Rawson, por diversas razones todas las manifestaciones propias del puerto principal se han perdiendo. Esta vez, nuevamente, por el fuego.

La señora Cristina era sobrina de las  dueñas originales de la cocinería, que jubilaron su oficio pasados los 80 años y le entregaron junto a su esposo la posibilidad de hacerse cargo del negocio. Eran tiempos en que el segundo piso no contaba con tantos espacios para comer, abundaban los puestos de frutas y verduras, y las jornadas de trabajo comenzaban a las 2 de la madrugada, cuando los camiones llegaban a entregar sus productos o los bohemios buscaban nuevos bríos para continuar la juerga.

El centro de acopio hortofruticola del barrio El Almendral es un  espacio fundamental para la supervivencia de los porteños. En  él se puede apreciar de manera viva cómo se configuran  las identidades que retrataron en algún momento de principios de siglo Carlos Pezoa Véliz o cien años después, Cristóbal Gaete. La tradición popular latinoamericana se asoma entre los pasillos y las pilastras -como se conoce a los puestos- paseando como los gatos y perros que perdieron la vida en otra trágica noche porteña.

La señora Eugenia se queja que no tiene gas ni luz pero de igual forma se las arreglará para cocinar a los trabajadores que a diario disfrutan sus ingeniosas y reconfortantes creaciones culinarias. Mas que mal, son treinta y tres años al mando de “La Popular”, otra cocinería que, afortunadamente, no sufrió los embates del calor del siniestro ni el agua bomberil.

“Yo vivo al frente y me avisaron que se estaba quemando el mercado. Me asomé y vi unas llamas tremendas. Pensé que lo perderíamos todo pero afortunadamente sólo fue una parte. Estuvimos un día cerrados -no nos dejaban entrar- pero hoy (viernes) ya se pudo pasar y estoy viendo cómo comenzar a cocinar. Los clientes no tienen nada que ver con esto y gracias a ellos podemos subsistir”

Patrimonio en riesgo

Recién el lunes 12 se sabrán los resultados de los peritajes de las policías y bomberos para saber las causas del siniestro. Autoridades ya se acercaron a la zona, prometiendo ayuda y garantías. Pero independiente de ello, un día sin trabajo es una jornada sin ingresos. Y sumado a las pérdidas de las mercaderías almacenadas, el saldo arroja un resultado más que negativo.

“Dicen que el edificio quedó con daño estructural. Todavía hay fugas de gas en el segundo piso. Muchos locales no tenemos luz y tuvimos que traer generadores. El agua se metió por todos lados y más encima tenemos que lamentar la pérdida de las mascotas, que acompañaban y hacían su pega cuando nos íbamos a descansar. Aunque gane Chile, estaremos tristes”, confidencia un locatario que se reserva su nombre para evitar la sobreexposición propia de las catástrofes.

“A mí me da mucha pena. Los jefes han sido buenos, dan trabajo, comida y contrato. La gente es simpática pero se nota aún no salen del espanto de vivir otra tragedia. Pareciera que están acostumbrados pero se nota que les afecta”, relata en un trabado español un haitiano de nombre indescifrable pero que pide anonimato, para evitar burlas y malentendidos.

Mientras algunos locatarios limpian rápidamente los escombros, otros arreglan lo poco y nada que les quedó para seguir con el negocio. “El monito baila con monedas”, aclara un trabajador -de los seis- que quedaron sin lugar donde descargar ni mercadería para vociferar precios y calidades. “Yo soy maestro también así que limpiando, nos ponemos a colocar el piso y montar los estantes para las cosas”, nos cuenta eufórico un hombre de casi 30 años, porteño de corazón y con camiseta de la selección chilena.

Otros locatarios solidarizan con sus vecinos afectados. Se prestan bolsas para trasladar enseres, alargadores para hacer llegar energía eléctrica y   útiles de aseo para improvisar un espacio entre el tizne y el agua. Todos coinciden en difundir que el mercado está abierto y seguirá atendiendo contra viento y marea.

Aprovechan de agradecer la rápida acción de bomberos y también la de incógnitos jóvenes que traspasaron el cerco policial para hacerse cargo de mascotas heridas y/o aterrorizadas. “Yo supe de unas niñas que se llevaron unas gatitas quemadas, para cuidarlas. Otros chicos trajeron cuerdas para amarrar a los perritos. Se juntaron todos aquí al frente con las vecinas que trajeron sus casitas para guardar a las gatitos. Yo afortunadamente no perdí nada pero me emociono al recordar”, cuenta una trabajadora mujer que también sufrió con los incendios de hace un par de años en los cerros pero no se deja amilanar por los embates del destino. “Así es  la vida pero hay que vivirla”, dice antes de despedirse.

El Mercado Cardonal en El Ciudadano
http://www.elciudadano.cl/reportaje-destacado/mercado-el-cardonal/06/03/

 

 

 

 


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