Áñez, crónica de un desastre: todo lo turbio de la dictadura en Bolivia

La presidenta de facto le d prometió a Potosí la instalación de un laboratorio de pruebas rápidas hace dos meses y hasta ahora los enfermos miran cómo se les acerca la muerte

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El columnista Ernesto Eterno escribió recientemente un extenso análisis de la situación que vive el pueblo boliviano tras el golpe de Estado al presidente Evo Morales y la consecuente incursión a la fuerza en el poder de la dictadora Jeanine Áñez, quien se ha encargado de quedarse en la Presidencia del Estado Plurinacional a pesar de que debía haber convocado elecciones presidenciales en el primer mes de su Gobierno de facto. Áñez se autoproclamó «presidenta interina» tras una serie de triquiñuelas leguleyas que ni siquiera así justifican su asunción al cargo.

«La maldad no cesa en su siniestra tarea de enlodarlo todo, para que no quede nada, y por siempre«, comienza el artículo de Eterno titulado: «La CIA, Jeanine Áñez y el coronavirus en Bolivia: Crónica del festín, la lujuria y la codicia». Allí explica lo que le ha tocado vivir al pueblo boliviano durante seis meses de dictadura. 

«A seis meses desde aquel fatídico golpe de noviembre del 2019, el régimen de Jeanine Añez no ha hecho otra cosa que derrumbar toda posibilidad de reordenamiento institucional. Con una fulgurante rapidez y astucia criolla, convirtieron el Estado en un botín de guerra. No hace falta reeditar dos décadas de un nuevo ciclo neoliberal para demostrarnos que una derecha voraz y sin ningún proyecto alternativo, guiado por intereses externos, solo es capaz de ofrecer más de lo mismo: la suma de miseria moral, concentración de riqueza ilegal y condiciones explosivas de extrema pobreza, bajo el ropaje de democracia».

Eterno agrega que Áñez ha representado «el retorno enajenante a la vieja cultura de sumisión y al estandarte de la culpabilidad nacional», acompañado por una campante corrupción que en medio de la pandemia por el COVID-19 ha visto la peor cara de este régimen autoritario e inquisidor de carácter medieval.

«El escándalo de los sobreprecios en la compra de respiradores es de proporciones simplemente dantescas, no tanto por el valor del robo, que también lo es, sino por la forma, el momento y los funcionarios que ejecutaron el atraco. Nada hace suponer que los asaltos sistemáticos ya producidos contra empresas públicas o que están ocurriendo ahora, bajo la sombra de la pandemia, no adquieran este mismo patrón criminal.

Esta letal y artera puñalada en el corazón del país retrata a un gobierno convertido en una vulgar banda de asaltantes armados. Enfundados en la santa Biblia y con la palabra democracia entre los dientes apretados penetraron por los pasillos del Palacio de Gobierno con la sola idea de convertir el tiempo y la oportunidad en riqueza manchada con sangre. Infamia e impostura, son las dosis diarias que alimentan su idea de poder y venganza en medio de ritos desproporcionados de codicia y lujuria.

La pandemia es la coartada perfecta para sus crímenes imperfectos, represión de por medio, cubierto por una bastarda cortina de humo mediático. Nuevamente, gobernantes de cuello blanco y estilete encarnan la maldad misma como si se tratara de una peste enviada por quienes más odian nuestra patria. Si ellos son la parte grotesca del festín de bagatela, como clase tradicionalmente cleptómana, no debemos soslayar a sus patrones extranjeros que hoy ocupan, dirigen y saquean a gran escala nuestro patrimonio nacional».

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Corrupción de Áñez con respiradores

Las declaraciones del ex ministro de salud Marcelo Navajas, ante la Fiscalía Departamental de La Paz, abre otro capítulo vergonzoso en el indignante episodio de sobreprecios en la compra de respiradores básicos, con el conocimiento del Comité Científico y la no objeción del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

«Navajas ha señalado textualmente que sin que se recibieran formalmente los equipos adquiridos en España ni por la Agencia en Infraestructura y Equipamiento Médico (AISEM) ni por el Ministerio, la presidenta candidata, Jeanine Añez, sedienta de votos y campaña electoral de por medio, junto a su ministro de la presidencia, Yerko Núñez y el ministro de gobierno Arturo Murillo, procedieron a entregar dichos equipos en sendos y ruidosos actos públicos».

La gravedad de esta decisión, agrega Eterno, «radica en que entregaron decenas de equipos de respiración incompletos e inservibles a directores de hospitales que esperaban con enorme expectativa para aliviar sus apremiantes necesidades. La euforia de los discursos de la presidenta-candidata contrastó con la inutilidad de los mismos y la esperanza de los pacientes muy pronto se trastocó en tragedia».

«Esta es la demostración más clara de las prioridades del régimen: robar y ganar votos. Prefieren usar el poder para sus fines impúdicos en lugar de defender la vida, y como en los cuentos de terror, la muerte es para ellos apenas un aleteo de murciélago. De hecho, los que oficiaron el rito del simulacro ni siquiera creen en la democracia, sino en las bondades festivas del poder, como lo demostró la hija de Áñez y el propio Ministro de la Presidencia, a tiempo de usar avionetas del Estado para sus menesteres carnales.

Está claro que su mística es la indolencia y sus actos sombríos e inhumanos amenazan con destruir lo poco que queda de esperanza en el país. Con el robo a mansalva y la sobrada ineptitud para enfrentar la pandemia quedan pocas dudas acerca del destino que nos depara a los bolivianos que no parece ser otro que el retorno a la vieja condición de cementerio minero. Junto a éste, otros camposantos, preñados de cuerpos abatidos por el hambre y las enfermedades esperan su turno. 

El sobreprecio en las compras de equipamiento médico es apenas la punta del iceberg. Desconocemos las sinuosidades en otros negociados millonarias encubiertos por decretos supremos y resoluciones administrativas hechos a la medida de su bajeza».

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Fuerza Armada y Policía con las manos sucias

El Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP), en sintonía con las tentaciones cleptómanas del régimen, dispuso colocar bajo la alfombra la larga lista de contrataciones, aprovechando la emergencia sanitaria nacional (MEFP, RM 043/2020).

La Fuerza Armada y la Policía bolivianas, además de disponer de cuantioso dinero, recibieron blindaje normativo para evitar que se conozcan sus millonarias compras de armas, equipos y municiones para cumplir el mandato represivo.

«Nadie sabe hasta dónde llegó la voracidad del régimen para fagocitar el patrimonio de los bolivianos. Bastaría destapar uno a uno los negociados en Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), Boliviana de Aviación (BOA), Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) así como en la minería estatal, la empresa del litio o el manejo doloso de las tierras fiscales, para darnos cuenta que llegaron al poder para destruirlo todo, a la velocidad de la luz», denuncia Eterno. 

Al respecto agrega: «Viven el gobierno como buitres hambrientos, dispuestos a devastar lo que se les pone al frente bajo vigilancia cómplice de amos extranjeros. Se mueven como un virus maldito que infecta todo a su paso creyéndose inmunes y con derecho a ocupar un lugar en el reino del olvido. Empero, los hechos son como tajos profundos en nuestra conciencia que exige una respuesta perentoria.

Tristemente, cada hora que transcurre, los bolivianos asistimos a una sucesión interminable de denuncias de corrupción y saqueo despiadado, dirigido por una mafia de corbata contra un país indefenso ante la inercia de quienes en el pasado inmediato procuraron construir un Estado Plurinacional.

Mientras los dirigentes sociales y sindicales están vacantes en su tarea de defender lo que se ha construido con manos obreras, campesinas e indígenas, los cuervos se devoran toda la carne fresca para espanto del futuro«.

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Silencio sepulcral y cómplice de quienes señalaban al MAS

Para Eterno, «resulta extraño que todos aquellos agoreros que ventilaban a los cuatros costados las irregularidades cometidas por el gobierno del MAS ahora mantengan ahora un silencio sepulcral».

«¿Qué pasó con el ejército de analistas, periodistas, columnistas, conductores de televisión y académicos, que montados en la narrativa furiosa de la restauración democrática hoy no digan ni una palabra o digan palabras a medias sobre este mar turbulento de corrupción, ineptitud, represión y violación de los derechos constitucionales? ¿Mutaron o migraron? ¿Se les terminó el repertorio o es que el imperativo del momento es callar en siete idiomas? ¿También se cobra por la complicidad y el silencio?

¿Dónde están los preclaros defensores de las virtudes públicas como los Toranzo, Ayo, Mariaca, Fortún, Cajías, Mendieta, Molina, Barbery, Archondo y una larga lista de oficiosos periodistas o pseudointelectuales chapuceros, contratados para soplar humo y echar lodo? Vástagos de su propia miseria hoy esconden la mano sin que la vergüenza les alcance el decoro».

Eterno advierte que este sector que radicalmente se opuso a la Revolución boliviana que lideró Evo Morales, ahora, «varios de estos señoritos que esperaban festejar la llegada de la democracia, con golpe de por medio, actuaron como amanuenses de la ruina del Estado y la sociedad. Otros, conversos súbitos, reciben ostentosos cargos y los demás hacen de peones silenciosos ante la lacra que nos envuelve. El oficio ruin de mirar para otro lado no es nuevo».

«Dóciles frente al ministerio de la censura murillesca (orweliana), parecen haber capitulado a una rentable cuarentena y a su libre pensamiento mientras los librepensadores de la calle y plazas públicas son arrestados sin compasión solo por su derecho a discrepar (…) Ni una sola palabra frente al secuestro de la libertad de expresión real y excesos financieros del gobierno para sedar a los medios de comunicación. Silencio absoluto y secreto de Estado en torno al jugoso negociado entre empresarios de la prensa escrita y el régimen complaciente», indicó.

Eterno agrega que cuando empezó la cuarentena, la prensa escrita «mostró su agónica mano vacía por la falta de circulación de sus periódicos y hasta sus aliados de la SIP salieron al paso». Así compró la dictadura de Áñez el silencio y complicidad de los medios y periodistas tarifados.

«¿En qué consistió la compra del silencio? ¿Cuál el precio del silencio que se cobra para que fluyan los billetes a las arcas empresariales? Una nueva forma de extorsión elegante en medio de la pandemia, una variante del abuso de poder para que las avionetas estatales continúen sus piruetas carnales en el aire. Así, medios de comunicación y periodismo felón tienen también, a su manera, sus propios “respiradores criollos”. 

Se llenan los bolsillos de quienes atentan contra la cultura

«Solo como ejemplo, UNITEL, la red televisiva más procaz y alienante, cobra cada mes casi un millón de dólares de nuestros bolsillos no solamente para torcer la verdad sino para inmovilizarnos con sus programas ridículos y sus narrativas procaces y estridentes. De paso, la ministra de Comunicación, Isabel Fernández, impúdicamente esconde jugosas transferencias estatales a su casa matriz como muestra de su pulcra fidelidad», comenta Eterno.

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Al respecto agrega que Fernández, «como buena exempleada, complaciente con sus viejos patrones», junto al secretario privado de Áñez, «ha impuesto la regla del rating para fijar pauta en los medios».

«Sobre las babas de la idiotez colectiva los bolivianos debemos llenar la billetera de nuestros verdugos que trabajan con tanto aplomo contra la cultura nacional. Una verdadera proeza de la astucia: la enajenación cobra por su noble oficio mientras cientos de miles de niños duermen con estómagos vacíos soñando ser artistas o modelos de televisión. 

Los bufones a sueldo solo aparecen para mostrar las grietas de 14 años del Gobierno de Evo Morales. En un juego de palabras, astuto y cobarde, esconden 14 años de crecimiento económico, redistribución de la riqueza, transformación de la geografía del hambre en productividad y desarrollo humano, por si no fuera poco, esconden el ingreso de las masas oprimidas y de millones de indígenas sin voz, al coro de la historia que estaba confinada al oprobio. 

En medio del silencio y del cerco mediático, que apenas abre la boca para no quedar en ridículo, la crueldad del régimen no parece tener límite alguno. Nos mienten a todos sin el menor rubor y nos engañan sin asomo de vergüenza frente a la pandemia que avanza sin freno alguno.

A Potosí le dijeron que le instalarían un laboratorio de pruebas rápidas hace dos meses y hasta ahora los enfermos miran cómo se les acerca la muerte, lenta pero inexorable, como al resto del país. A Oruro le comunicaron lo mismo y de los 350 ítems comprometidos para cubrir su déficit de médicos y enfermeras apenas entregaron una tercera parte que ha despertado la ira de sus autoridades.

En Tarija hicieron lo mismo, señalaron que tendrían en escasas semanas, laboratorios, reactivos, ítems y respiradores mecánicos, pero apenas llegó un laboratorio sin reactivos, obligando a esperar 10 días el retorno de las pruebas desde la ciudad de Santa Cruz.

Entretanto, la gente ya ha pasado por el duelo de los que se fueron, esperando al próximo muerto en la familia. Sucre no está al margen de esta impostura cruel. Después de más de dos meses de promesas instalaron el laboratorio, pero con reactivos que no sirven, en un juego de indolencia intolerable asistidos por el nobel científico, Mohammed Mostajo».

Áñez anuncia «chapuza financiera en medio de la chacota política»

Para calmar los ánimos, comenta Eterno, Áñez acaba de anunciar una inversión social de 85 millones de bolivianos para fortalecer la salud en su 210 aniversario del primer grito libertario.

«Es la misma fórmula en todas partes, ofrecer dinero para calmar la protesta social como si fueran un gobierno serio, responsable y con recursos disponibles cuando ya empezó a hipotecar al país frente al FMI, al BM y la BID. Pura chapuza financiera en medio de la chacota política.

Todo esto prueba que no tienen piedad con el dolor de un pueblo, como no lo tuvieron cuando les tocó elegir entre proteger la libertad de protestar y la masacre: Senkata y Sacaba, lugares comunes donde mataron a 36 personas, son los hitos sangrientos de su ingreso al templo del poder bajo la bendición de una biblia que ha escupido ráfagas de horror en tan poco tiempo».

Eterno indica que «hoy, la pandemia es otro escenario dantesco que pone a prueba la fuerza bruta y el cálculo artero del régimen frente a un pueblo heroico que empieza a contar sus muertos por cientos. Están ungidos por la pátina de la violencia insana, cobarde y bastarda».

Agrega que la dictadura de Áñez tiene «una guardia pretoriana y asesina» que involucra a militares y policías que los protegen a cambio de una paga miserable en medio de la confusión y la sordera.

«Ni la sangre que chorrea del cuerpo de jóvenes acribillados a balazos o de mujeres de pollera indefensas, es capaz de aplacar su furia rencorosa que opera como venganza. Su convicción para el pillaje y el dolo no se detendrá hasta saciar su apetito desmedido, como vulgares aves carroñeras, que siempre lo fueron. Hoy la carroña tiene, en el silencio cómplice de los ilustrados de la palabra, la escritura y el verbo, a sus mejores defensores o cuando menos, a sus esclarecidos cómplices». 

Eterno indica que «la interminable historia de la compra de respiradores a precios exorbitantes cuenta con tres personajes que se mueven como títeres bajo la batuta de un cuarto, en apariencia invisible, moviendo los hilos siniestros de la banda impostora: Jeanine Añez, la presidenta candidata, al “humanitario” y lujurioso Yerko Núñez, al siniestro comisario de burdel, Arturo Murillo y al grotesco agente CIA, Erick Foronda, el mago de las designaciones gubernamentales pro-imperiales».

La parafernalia de Áñez para engañar al pueblo

En ese sentido, el ex ministro de Salud, «que no se salva de este contubernio mafioso y que ha sido llevado a la cárcel por la flagrancia del delito, ha declarado que Jeanine Añez dispuso la entrega de los 170 respiradores en los nueve departamentos para matar dos pájaros de un tiro: mostrar al país que eran capaces de adquirir equipos modernos para enfrentar la pandemia y como resultado de la gestión, obtendrían simpatías y réditos electorales. Una jugada maestra de ajedrez en medio del drama». 

«Nada mejor que exhibir la más alta tecnología en respiradores para revertir la pesadumbre y exigencias sanitarias que cada día amenazaban cercenar la credibilidad del régimen. Aparentemente, ni Añez, Núñez ni Murillo, quienes formaron parte de la comitiva, nunca preguntaron por las características del equipo, no les importó saber ni siquiera la marca y jamás se preguntaron sobre su uso o utilidad, peor aún, el tiempo en el que debía iniciar su funcionamiento o quienes serían los operadores de los equipos.

Únicamente les interesó la entrega en acto público y la arenga de la candidata para lograr los efectos electorales deseados. Desde lejos, el vigilante imperial se frotaba las manos después de entregar el discurso escrito a una presidenta especializada en leer, sin la más mínima capacidad de entender la compleja realidad de un país que ignora y desprecia.

Desde La Paz, la comitiva emprendió vuelo a través de miles de kilómetros para llegar primero a Santa Cruz, una de las ciudades más castigadas por la pandemia, luego Trinidad, Cochabamba, Sucre, Oruro y Tarija.

Para mostrarse eficientes, el equipo de Áñez se nutrió de una poderosa comitiva aérea que contó con aviones y avionetas de diverso tamaño: el C-130, más conocido como “Hércules”, contratado para trasladar los equipos, el avión presidencial Falcon FAB-01 con la comitiva presidencial y las avionetas Beechcraft FAB 0-48 y FAB 0-47 respectivamente, para el traslado de ministros, personal administrativo, peluqueros, maquilladores y personal de seguridad.

No dejaron ningún detalle al azar, se trataba de la primera compra masiva de equipos que debían tener una resonancia nacional e internacional. Durante la entrega de los equipos en la ciudad de Sucre ‘la candidata presidenta’ exclamó a los cuatro vientos que los equipos eran “fáciles de usar”. Con el ánimo de despertar una piadosa simpatía en el país, remató diciendo que había “sufrido para conseguir respiradores” en medio de una dura competencia en el mercado internacional. 

Quien le escribió el discurso ignoraba la tormenta que se avecinaba y que el sufrimiento de la primera dama, insospechadamente, provocaría el derrumbe moral del régimen que quedó sin ápice de legitimidad, si es que le quedaba alguno.

A las pocas horas de admitir el “sufrimiento” de la candidata Áñez, se desató el escándalo nacional e internacional. Ni los respiradores eran los que la urgencia exigía ni el precio era proporcional a los servicios que debían prestar. Los funcionarios, empezando por el mismísimo Ministro de Salud, envueltos en el escándalo, pagaron cuatro veces más por equipos que costaban el precio de uno, pero además ningún equipo servía entretanto no se cerrara el negocio con el sobreprecio acordado y la entrega de accesorios.

Horas después de la última entrega de Áñez en la ciudad de Tarija ya nada cuadraba en los planes electorales frente a la indignación nacional hasta que el régimen sacrificó a sus chivos expiatorios. El ajedrez les había jugado una mala pasada. Todo una parafernalia, costosa e inútil solo para alimentar la vanidad y el objetivo electoral.

Compras dolosas de equipos inservibles, comitivas millonarias viajando por todo el país e impostura gubernamental en medio de la mayor pandemia que asola el país solo es posible en mentes criminales y abyectas. Entregar respiradores básicos sin baterías, software y accesorios, sin previa recepción formal ni verificación de su verdadera utilidad, solo por ganar votos, es inadmisible e inhumano.

El elenco tramposo de Áñez entregó en cada ciudad decenas de respiradores españoles con aire de grandeza en medio de discursos electoreros, atropellados por la prisa de la próxima entrega. Desbordados por la parodia, señalaban en cada estación electoral que nunca antes en la historia del país se había invertido tanto y comprado tanto equipamiento para la salud pública. En verdad, nunca les interesó saber lo que entregaban porque el objetivo no era la salud, sino el festín electoral. A caballo regalado no se le miran los dientes, rumiaban en sus adentros. 

Esta es la demostración más clara de que privilegiaron sus bajos instintos políticos despreciando la vida de millones de bolivianos. Está es la razón profunda que los mueve como poder y como régimen: el desprecio por los otros. En la raíz de su lógica política y en su psicología primitiva se esconde una cultura infame que no tiene reparos y por ello, el espejo de una conciencia sin culpa se expresa en su vocación por la masacre, método seguro que conduce al genocidio, la huella constante en nuestra historia.

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