Brasil es un peligro para Sudámérica: rumbo a ser epicentro mundial de COVID-19

A pesar de la dramática situación que atraviesa su país, Jair Bolsonaro insiste en minimizar la gravedad de la pandemia y promueve el desconfinamiento

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Brasil suma más de 200.000 contagiados de coronavirus y se convirtió en el sexto mayor foco mundial de COVID-19, solo por detrás de Estados Unidos, España, Rusia, Reino Unido e Italia.

Según los registros del Ministerio de Salud, el número de infectados llegó a 202.918, mientras que la cantidad de fallecidos se ubica en 13.993, pero con grandes posibilidades de incrementarse, ya que hay 2.000 muertes bajo investigación. Con estas alarmantes cifras, la nación suramericana constituye un peligro para el resto de países de la región.

Sao Paulo se mantiene como el epicentro de la enfermedad, con más de 54.000 casos positivos y 4.315 muertes. El segundo estado con más contagios es Ceará con 21.077 contagios y 1.413 fallecidos. En tanto, Río de Janeiro tiene la mayor tasa de mortalidad, con 19.467 infectados y 2.247 decesos.

El número de infectados también podría ser mucho mayor debido a la alta subnotificación y a la demora en la realización de los test de despistaje.

Asimismo, varios estudios elaborados por científicos brasileños «calculan el número de contagios por encima del millón», reseñó Clarín. De hecho, sólo el jueves 14 de mayo se detectaron 13.944 nuevos contagios y 844 muertes.

Al respecto, el Ministerio de Salud informó esta semana que la tasa de letalidad del coronavirus en el país es de 6,9 %. Mientras, el Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington advirtió que Brasil podría acumular cerca de 90.000 muertes en agosto.

32.000 profesionales sanitarios han contraído coronavirus desde el inicio de la pandemia en Brasil. Foto: France 24.

32.000 trabajadores sanitarios contagiados

La situación crítica que vive Brasil también afecta a los trabajadores del sector salud. De acuerdo con cifras oficiales, casi 32.000 profesionales sanitarios han contraído COVID-19 desde el inicio del brote.

Las autoridades sanitarias informaron que 199.768 trabajadores del sistema de salud pública presentaron síntomas de COVID-19, de los cuales 31.790 tuvieron confirmado el diagnóstico para la enfermedad, mientras que otros 53.677 fueron descartados.

«Unos 114.300 trabajadores aún son casos sospechosos y aún están bajo investigación», refirió la agencia EFE.

El secretario sustituto de Vigilancia en Salud, Eduardo Macário, afirmó en rueda de prensa que, independientemente de si se trata o no de un contagio confirmado, todos los profesionales sanitarios que presenten algún síntoma de COVID-19 deben ser dados de baja para “prevenir la transmisión en el ambiente hospitalario”.

Los trabajadores de la salud han denunciado la carencia de implementos médicos y de equipos de protección personal (EPP) requeridos tratar a los pacientes contagiados de coronavirus.

En declaraciones al diario Jornal Nacional, el titular del Consejo Federal de Enfermería (Cofen), Manoel Neri, denunció la falta de aislamiento de enfermeras, técnicos y asistentes que forman parte del grupo de riesgo; y planteó la necesidad de que, ante la falta de insumos, el país asuma la producción de máscaras, gafas, guantes y delantales para el personal sanitario que se encuentra en la primera línea.

Hasta hace 15 días, el Cofen había recibido más de 2.600 reclamos de enfermeros, técnicos y auxiliares de enfermería por la carencia, escasez y restricción de diferentes materiales como guantes, alcohol o gorros.

Incluso, muchos denunciaron que se les solicitó que adquieran por sus propios medios los materiales y equipos de protección.

Según Neri, Brasil tendría que haberse preparado con antelación a la pandemia, pues ahora se está «cosechando un fruto muy amargo, tanto por el número de muertos, que ya es muy alto, como por el número de profesionales que están siendo contaminados y apartados».

El brote en la región brasileña de Manaos ha puesto en alerta a los país fronterizos en la Amazonía. Foto: Getty Images.

Un peligro para la región

Con casi 14.000 de muertes por coronavirus y la mayor tasa de letalidad en América del Sur, Brasil constituye un peligro para los países vecinos.

Los gobiernos de la región están alarmados ante la falta de medidas contundentes por parte de la administración de Jair Bolsonaro y les preocupa que Brasil, que comparte frontera con 10 países, perjudique sus esfuerzos en la lucha contra el COVID-19.

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Mario Abdo Benítez, presidente de Paraguay y afín a Bolsonaro, cerró sus fronteras con Brasil al registrar los primeros casos de coronavirus en marzo.

El Gobierno envió a militares a la región fronteriza para impedir la entrada de automóviles y autobuses de comerciantes y residentes brasileños. También se levantaron vallas de alambre en la ciudad fronteriza de Pedro Juan Caballero.

Portada de un diario paraguayo. Imagen: Web.

“Los dos gobiernos, el de Paraguay y el de Brasil, tenemos muchas afinidades, pero ahora nuestra preocupación es la salud de los paraguayos”, declaró Juan Carlos Portillo Romero, viceministro de Atención Integral a la Salud y Bienestar Social de Paraguay.

Brasil es una preocupación por el número de casos, pero tomamos todas las medidas preventivas. Los casos de la enfermedad en nuestro país son importados de varios lugares, pero principalmente desde Brasil”, afirmó Portillo a BBC Brasil.

En tanto, Argentina cerró casi la totalidad de sus fronteras con Brasil y otros países. El presidente Alberto Fernández declaró que Brasil es un mal ejemplo en la lucha contra el coronavirus.

“Aquellos que dan prioridad a la economía terminarán juntando muertos en camiones frigoríficos y enterrando cuerpos en fosas comunes”, aseguró en clara referencia a Bolsonaro.

En Uruguay, el presidente Luis Alberto Lacalle Pou decidió aumentar la presencia de efectivos en la región fronteriza con Brasil. Mientras que el secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado, informó que el Gobierno estaba “preocupado” con la situación de algunas localidades fronterizas.

Otro mandatario afín a Bolsonaro es el presidente colombiano Iván Duque, quien el martes anunció que tras evaluar el comportamiento del coronavirus en el departamento del Amazonas (fronterizo con Brasil), decidió endurecer los controles con el fin de contener la propagación de la pandemia en esa región del país, incluida la militarización de la ciudad fronteriza Leticia.

En Perú, la Organización Regional de los Pueblos Indígenas de Oriente alertó en un comunicado sobre la vulnerabilidad de las comunidades indígenas en la frontera entre Brasil y Colombia.

En Venezuela, que registra una de las tasas más bajas de contagio con apenas 455 casos registrados, el presidente Nicolás Maduro optó por cerrar las fronteras con Brasil y Colombia desde el inicio del brote.

Maduro advirtió que en estos momentos las amenazas para Venezuela son los focos de Colombia y Brasil, países que enfrentan una situación “dolorosamente impresionante” y que impacta a la población venezolana, quienes vienen huyendo de “la xenofobia, el coronavirus, el coronahambre”.

Por tal motivo, llamó a los gobernadores, a la Fuerza Armada y a los ciudadanos a reforzar la seguridad de salud en la frontera, donde se están registrando la mayor cantidad de casos por coronavirus.

Además, resaltó que “no nos podemos dejar contagiar”, pues Brasil es el epicentro de la pandemia en América Latina, mientras que Colombia tiene un desastre en el manejo del virus y el pueblo está muriendo en las calles.

«Estamos rodeados por el sur con Brasil y por el oeste Colombia. No será suficiente el número de veces. Hay que cuidarse», resaltó Maduro, citado por Telesur.

Bolsonaro afirmó que no puede «ser responsabilizado» por las consecuencias económicas de la crisis del COVID-19. Foto: Globo.

Bolsonaro se lava las manos

A pesar de la dramática situación que atraviesa su país, Bolsonaro insiste en minimizar la gravedad de la pandemia y promueve el desconfinamiento, oponiéndose a los gobernadores que han dictado medidas de contención.

«Tenemos que salir del aislamiento o nos moriremos de hambre», afirmó el Mandatario del país que contabiliza casi la mitad de los contagios de América Latina.

El ultraderechista ha tratado de lavarse las manos sobre su responsabilidad en el manejo de la pandemia. Días atrás afirmó que no puede «ser responsabilizado» por las consecuencias económicas de la crisis, puesto que él «nunca aprobó» medidas como cuarentenas o cierre de comercios e industrias que aplicaron algunos gobernadores y alcaldes ante el aumento acelerado de contagios.

Sin embargo, luego fue más allá y decretó una medida provisoria que impide la responsabilización penal de funcionarios públicos por medidas adoptadas directa o indirectamente en el contexto de emergencia sanitaria provocada por el coronavirus.

Lo más grave del asunto es que las autoridades sanitarias no tienen ninguna previsión sobre la fecha en que se estabilizará o disminuirá la expansión del COVID-19 en el país.

El subsecretario de Vigilancia en Salud del Ministerio de Salud, Eduardo Macário, indicó que «no hay ninguna perspectiva de estabilización o disminución de la curva en este momento».

En tanto, especialistas citados Euronews alertaron que si la actual curva de contagios se mantiene en estos niveles tan elevados, Brasil, con más de 200 millones de habitantes, podría convertirse en el foco de la pandemia mundial en junio próximo.

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