Cuando la prensa disfraza al femicidio de pasión

Foto prensa y femicidio
Un gran matiz de verdes, el viento rompiendo a través de los árboles, humedales y un fuerte sol, van guiando un viaje a través de la ruta 206 en dirección a la comuna de Paillaco, a 46 kilómetros de Valdivia, en la Región de Los Ríos.

Ojos risueños café claro, voz suave y una piel que acaricia a contra luz. M.F. de 36 años, tuvo una infancia tranquila que pasó sin novedades. Con 18 años inició una vida en pareja junto al padre de sus dos hijos. A los 28, ya separada comenzó a vivir por su cuenta, trabajando en pequeños restaurantes.

Cuando tenía 33 años le presentaron a un joven en Paillaco. Fue un amor a segunda vista. De esos lentos, pero seguros. Se buscaban mutuamente y a los tres meses comenzaron a pololear. La relación no era mala, era un hombre bueno para hacer bromas y reírse, tomaba poco alcohol, era trabajador. También era celoso, a veces callado y denominado por algunas personas como un “drogadicto”.

Al tiempo ella quedó embarazada. Su pareja de ese entonces, se portó un siete. La acompañó en todo, incluyendo el parto. “Me regalaba flores para el día de la mamá y para el día de los enamorados. No nos llevábamos mal, era muy detallista conmigo”, cuenta entre sutiles risas un pasado que no es bueno recordar.

Después de que naciera el niño las cosas cambiaron. Comenzaron los problemas. La controlaba. La llamaba con frecuencia. ¿Dónde estay? ¿Con quién vas a salir? Era la inspección rutinaria, mientras ella por su parte, no le hacía caso. Las discusiones comenzaron a ser cada día más frecuentes.

La pesadilla se inició cuando él comenzó a contradecirla en sus decisiones y la amenazaba con no darle dinero para el cuidado del bebé. “Saqué adelante dos hijos sola, con uno más, me las arreglaría igual”, dice con una sonrisa inquebrantable. Aun así, recurrió a sus derechos y lo demandó por pensión alimenticia.

“¡Saca la demanda!, no vas a sacar nada, me voy a negar a pagar. Vuelve conmigo mejor”, le decía con insistencia. Al tiempo llegó la orden de arresto por no pagar la pensión. Con dicho episodio se abrió la etapa más dolorosa de su vida, marcada de violencia en las siguientes palabras: “Algún día te vas a acordar de mí”.

Le quitaron el derecho de visitar a su hijo y no se podía acercar a ella por orden legal. Un soleado día de noviembre, en casa de otra familia donde ella se encontraba, el celular comienza a sonar. “Voy a dejar la cagá, pásame al niño. Voy a quemar el auto de afuera si es que no sales”. Ella no le hizo caso y se dirigió a su casa ya entrada la noche junto a sus tres hijos.

“Escuché cómo saltó el portón de mi casa. Entró al sitio y comenzó a patear los marcos de mis ventanas. Mis hijos estaban conmigo. Llamé y supliqué por la ayuda de Carabineros, no tuve respuestas hasta ya pasado un buen rato. Él se escondió en el patio, al abrir el portón cuando llegó la patrulla va corriendo a empujar a mis pequeños hijos. Ahí me volví loca, le pegué un combo y no dejé que me pegara. Destrozó todas mis cosas que tanto me costó tener. Se intentó matar con dos cuchillos frente a mis hijos. Intentó dispararme con una pistola de Carabineros. Nadie me defendió en ese momento. La Fiscalía me ayudó”.

Quedó con arresto domiciliario, cuestión que jamás fue efectiva. La seguía, la hostigaba, le quitaba las cosas de las manos y la llamaba de distintos números de celular. Iba a la sala cuna a buscar al pequeño y acosaba a las tías del jardín. “Fue un infierno, me hablaba de la cintura para abajo”, señala mirando un punto perdido en sus recuerdos.

“No quiero pelear más, me arrepiento de todo, vuelve conmigo. Vayamos a Valdivia, haré un negocio y tendré mucha plata. Te ofrezco un millón de pesos. Vamos a un motel de allá, lleva al niño y será la última vez que me veai”, le decía y repetía. Ella se negó.

Su amiga del alma llegó una madrugada corriendo a su casa, había soñado que había mucha gente cerca de M.F en un lugar que no identificaba. “La vi con sangre en algunas partes de su cuerpo y le dije que no salga. Ella me miró con sueño, risas nerviosas y cara de no creerme mucho”. Ese día, todo cambió.

Su hijo tenía control médico. Ella comenzaba el día con un desgano extraño. En la Institución dedicada a la salud lo vio, exaltado de tanta droga acercarse a ella. Le quitó al pequeño y nadie la ayudó, nadie ni siquiera la miró.

“Me empezó a pegar en la cabeza, como para noquearme, en eso me agacho y siento unos ‘PA- PA’ en la espalda. Pensé que me había golpeado en la espalda. Me costó mucho tomar aire, intento enderezarme y veo un gran cuchillo lleno de sangre directo a mi corazón, coloco mis brazos y me apuñala en uno de ellos con fuerza”.

Un doctor del lugar le gritó y el sujeto arrancó con todas sus fuerzas. ¡Llamen a la ambulancia! Fue lo último que ella escuchó. La joven madre apenas podía hablar, estaba dando pecho y aguantó el intenso dolor sin medicamentos. La recuperación fue lenta. Al tiempo ingresó al Centro de la Mujer en Paillaco, ahí recibió toda la ayuda necesaria, convirtiéndose en ya egresada de la Institución.{destacado-1}

El juicio fue un proceso largo, afortunadamente la mujer de iniciales M.F se aferró a la vida con todas sus fuerzas y recibió un gran apoyo de muchas personas. Sólo quiere tener una vida tranquila junto a sus seres queridos y seguir sonriendo durante muchos años más a través de esos ojos color café miel.

Las que dedican sus días a cuidar y proteger

Según el Censo de 2002 la comuna de Paillaco tiene una población de 19.237 habitantes y ya ha presentado hechos de profunda violencia, como fue lo ocurrido en 2014 con el femicidio de María Elena Fuentealba de 51 años, en el sector de Llolly.

Caminando por sus calles, justo en una esquina soleada se observa una Institución dedicada a la protección y ayuda a mujeres que viven y han vivido episodios de violencia de género. Colores cálidos, pequeños juguetes en la entrada. ¡Basta de publicidad sexista! Se lee en la pared de una agradable oficina. “Este es el Centro”, dice sonriente una joven mujer.

La profesora de Lenguaje y Comunicación, asesora curricular encargada de la incorporación de la perspectiva de género del DAEM y coordinadora del Centro de la Mujer del SERNAM en Paillaco, ubicado en la Región de Los Ríos, Camila Almendra Flores Rivera, define su trabajo como muy fuerte emocionalmente hablando, pero son muchas las personas involucradas que lo agradecen con enorme gratitud. Es un derecho, el cual es entregado con un infinito cariño y preocupación, siempre intentando hacer lo mejor. Haciendo sentir diariamente importantes a las mujeres, ayudándolas a dejar el dolor atrás.
Foto prensa y femicidio interior

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“Sabes… Las historias de las mujeres se van incrustando en la piel y ahí una se cuestiona ¿Cómo sobreviven? A pesar de la falta de trabajo, de la falta de oportunidades”, dice Camila, con un tono firme que invita a la reflexión.

Según la cuenta pública de 2014 del SERNAM, las cifras de denuncias por violencia doméstica ante Carabineros son de 27.802. Hasta la fecha, son 90 las mujeres ayudadas a través del Centro ubicado en Paillaco.

El equipo está conformado por monitoras que van recibiendo los casos, apoyo desde el trabajo social, la psicología y la legislación. Son muchas las mujeres egresadas de la organización. Muchas veces marcadas por el sufrimiento, que con una real y efectiva ayuda, pudieron continuar con valentía los senderos de la vida.

Femicidios

La palabra femicide fue usada por primera vez en 1801 en “La revista satírica de Londres, Inglaterra, a inicios del siglo XIX”, definiéndolo como el asesinato de una mujer. Luego, el término femicide es acuñado por el movimiento feminista de la década de 1970, a través de Diana Russell, feminista estadounidense quien en 1976 lo utilizó frente el Tribunal Internacional de Crímenes contra las mujeres en Bruselas.

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Resulta difícil situar la violencia de género con un inicio propiamente tal adherido a un acontecimiento histórico, político o social que logre entender a cabalidad las causas de dicha problemática. Pero no resulta complejo observar en las sociedades contemporáneas, en especial la chilena, que la violencia contra las mujeres es la mayor atrocidad cometida contra los derechos humanos en tiempos de paz como en la guerra. Las mujeres se enfrentan a la discriminación y la violencia del Estado, la comunidad y la familia, esto según Amnistía Internacional.

La ONU en 2008 definió la violencia de género como todo acto o amenaza de violencia que tenga como consecuencia generar sufrimiento físico, sexual o psicológico hacia las mujeres. Es una de las más generalizadas violaciones a los Derechos Humanos y un problema de salud pública mundial, sin embargo, suele ser silenciado, minimizado, racionalizado y se niega a ser aceptado por la sociedad.

De acuerdo a la Red Chilena contra la Violencia doméstica y Sexual, la mayoría de los femicidas justifican sus crímenes alegando que “la maté porque es mía y se fue con otro”, lo que evidencia que en la lógica de una cultura patriarcal es “normal” que la pérdida del control conlleve al arrebato y al crimen.{destacado-2}

De acuerdo a información publicada el 2004 por el estudio “Femicidio en Chile”, realizado por el Área de Ciudadanía y Derechos Humanos de la Corporación La Morada, estos crímenes de género son cometidos de modos extremadamente crueles, con grandes dosis de odio y ensañamiento. Atacadas en circunstancias en las que se encontraban indefensas, frecuentemente en el espacio donde habitaban –su casa y dormitorio- sin posibilidades de ser auxiliadas.

El reconocimiento de la violencia contra las mujeres, es una de las tantas consecuencias de las relaciones desiguales de poder observadas entre hombres y mujeres. Esta realidad tuvo dos líneas argumentativas en la década de los noventa en Chile. La primera está relacionada a normas neutras en materia legal que se reflejan en el concepto de “violencia intrafamiliar”, abandonando la profundidad del fenómeno. Y la segunda y actual es la falta de rigurosidad propia del Estado y las bajas condenas dictadas por el sistema judicial penal con su tipificación en la ley Nº 20.480 de femicidios.

El Servicio Nacional de la Mujer, actualiza periódicamente un documento con los nombres, edades y forma de muerte de cada víctima, sin embargo, las organizaciones feministas, siempre arrojan una cifra mayor correspondiente a cada año.

Un ejemplo de cómo está publicada la información del SERNAM, de acuerdo a la nómina nacional de 2015, es el siguiente:

“Femicidio Nº 25

Julio: En Purranque, Región de Los Lagos, Deisy Cabrero de 24, dueña de casa. Fue asesinada con un hacha, por su conviviente Juan Catrilef, de 46 años, quien se quitó la vida luego de asesinar también a la hija de ambos de 6 años. No se registran denuncias anteriores por violencia, ni medidas cautelares vigentes”.

Cómplices: tergiversadores de femicidios  

Los medios de comunicación de masas (televisión, radio, prensa escrita e internet) tienen un peso fundamental en la transmisión de valores, patrones de conducta y generadores de realidad en las personas.

Ya en el 2005, Gaye Tuchman hablaba de una “aniquilación simbólica de las mujeres en los medios, condenándolas, trivializándolas o negándolas”. Provocando una idealización cargada de estereotipos. Una cosificación, un modelo que no encuentra la diversidad y contribuye a fortalecer la violencia. Hombres y mujeres son expuestos continuamente desde una posición editorial sensacionalista, clasista y dramática.

Camila Almendra señala que el tratamiento mediático a los femicidios es “una intencionalidad maléfica de los patriarcas dueños de este país, que quieren mantener el statu quo relacionado a la visión de la familia. Comunicadores y periodistas deben poner más datos, más cifras, mejorar los titulares y superar la historia particular y entender que es un problema estructural vivido en todo el mundo”.

Portada La Cuarta anticucho 2El 27 de agosto de 2014, el medio La Nación titulaba “Femicidio en Renca: Hombre mató por celos a su pareja y se suicidó”. El 14 de septiembre de 2015 publicaría el diario de circulación nacional La Cuarta, “Hizo anticucho con la polola”, y la televisión no se queda atrás. Canal 13 emitía en su matinal, a las 08:22 hrs. la sección “Amores que matan”, acompañada de una nota con el siguiente titular: “Los celos acabaron con su vida”.

“Los medios todavía hacen ver los femicidios como un mal de amores, dramatizando y caricaturizando, profundizando en la ignorancia y perpetuando el amor romántico. La gente se compra todo, sin cuestionar nada. ¡Puro pan y circo!”, remata Camila.

M.F, sobreviviente de femicidio frustrado en la Región de Los Ríos, simplemente enfatiza en que no quiere referirse al actuar de editores y periodistas en el país. En el silencio de su iluminada casa, con un eco de pájaros a lo lejos explica: “Yo a una niña que sufra violencia lo primero que le diría es que una persona así no la quiere y siempre será lo mismo, pero yo… Yo la ayudaría, la cuidaría, la llevaría al Centro de la Mujer, la acompañaría a denunciar”. Sus ojos brillan de felicidad y calma, con su pequeño hijo entre los brazos, mientras el bus se aleja lentamente, de la tierra y hogar de las mujeres luchadoras.

Por Francisca Arriagada
*Texto publicado en edición n° 173 de El Ciudadano

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