Jeanine Áñez, la golpista ultracatólica en el poder en Bolivia: ¿Odia a los indígenas y a los pobres?

Los hechos hablan por sí solos y la persecución contra los indígenas y la clase obrera que rechaza el golpe de Estado y reclama el retorno de Evo Morales, demuestra que el objetivo de la autoproclamada es erradicar a quienes siempre ha odiado

Una vez que se autoproclamó «Presidenta Constitucional de Bolivia», tras el golpe de Estado contra el presidente legítimo, Evo Morales Ayma, el nombre de Jeanine Áñez comenzó a resonar en la red corporativa de los medios de comunicación hegemónicos con la excusa de que ella lograba tapar el vacío institucional generado en el país luego que las fuerzas militares y policiales obligaran a renunciar -bajo amenaza de muerte y con secuestros de familiares cercanos- a los máximos representantes del Poder Ejecutivo y del Congreso.


Las fuerzas golpistas hicieron todo lo necesario para que fuera la conservadora Áñez, conocida por su odio contra los pueblos indígenas y los pobres, quien asumiera por vías irregulares el control del Estado, a través de un régimen de facto que terminó de reconocerla como «presidenta interina», por la necesidad «inmediata» que requería el país para llenar el vacío de poder originado tras el Golpe, según los medios de comunicación.

Lo primero que hizo Áñez, una vez se colgó el estandarte de «Presidenta» autoproclamada, fue entrar al Palacio de Gobierno con una Biblia en mano, imitando al golpista, empresario y separatista Luis Fernando Camacho, conocido como el «Bolsonaro boliviarno» o simplemente «Facho Camacho», quien siempre está acompañado por dos «guardaespaldas» (mercenarios armados de la CIA estadounidense) e hizo lo mismo una vez se perpetró el golpe contra Morales.

«La biblia vuelve al Palacio» gritó Áñez, quien en 2013 publicó una serie de mensajes a través de la red social Twitter en los que denigraba a los indígenas y los calificaba de «satánicos», además de burlarse del presidente Morales al tacharlo de «pobre indio».

Gran parte de sus comentarios denigrantes contra la población indígena boliviana han sido borrados de sus plataformas digitales. Incluso, hay declaraciones en las que confiesa su odio a la Whipala, una bandera cuadrangular de siete colores de origen indígena, reconocida por el presidente Morales también como bandera oficial.

De hecho, para tratar de limpiar su imagen sobre el irrespeto a la Whipala, Áñez publicó un video donde toman la mencionada bandera y asegura que seguirá siendo parte de los símbolos patrios que Morales introdujo al declarar a Bolivia como Estado Plurinacional, pero los hechos en concreto hablan por sí solos y la persecución contra los indígenas y la clase obrera que rechaza el golpe de Estado y reclama el retorno de Morales, demuestra que el objetivo es erradicar a quienes siempre ha odiado.

Tras proclamar a Arturo Murillo como «ministro» de su «Gobierno», fue éste quien confirmó cómo se tratará a la población que reclama por el retorno del orden constitucional roto tras el golpe de Estado, al indicar que la orden con el nuevo ministro de Defensa, Luis Fernando López Julio, enviarán a «los militares a la calle» para «perseguir» y «encarcelar» a los «sediciosos».

Los movimientos sociales están en las calles pidiendo la salida de Áñez y la caída del régimen de facto para conseguir el retorno del orden democrático, y califican a los nuevos cargos nombrados por la que fuera hasta hace pocos días segunda vicepresidenta del senado, como «el gabinete de la dictadura cívico-militar-policial» que tiene como integrantes a un abogado de seis violadores de una mujer y a un exsenador misógino que instaba a las mujeres a suicidarse en vez de realizarse un aborto.

Sin embargo, para la mediática internacional, Áñez es referenciada como una mujer que a sus 52 años «se ha convertido en la 66ª presidenta de Bolivia y en la segunda mujer en ocupar ese cargo en la historia del país».

La primera mujer en ocupar el cargo de Presidenta fue Lidia Gueiler Tejada, quien dirigió el país entre 1979 y 1980, cuando precisamente fue derrocada por un golpe militar que dio entrada a una de las más feroces dictaduras del continente.

Las similitudes no guardan mucha relación en este caso, pues en vez de afirmar que Áñez es la segunda Presidenta de la historia de Boliva, pudiera decirse que se ha convertido en la primera dictadora de esa nación, que hasta hace poco -gracias a la gestión de Morales- era el país más pujante del continente americano.

Jeanine Áñez siempre ha formado parte de la oposición derechista adversaria radicalmente al Gobierno de Evo Morales. Se autoproclamó «presidenta interina» en medio del vericueto legal que se armó en el país tras la intempestiva salida de Morales tras la amenaza que le hiciera la Fuerza Armada y la Policía.

Para que fuera juramentada «Presidenta encargada», Áñez necesitaba la aprobación de la mayoría del Congreso boliviano, pero la ahora dictadora, se autojuramentó dentro de la sede parlamentaria sin quorum y sin que el parlamento decidiera si primero aceptaban la renuncia de Morales.

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¿En qué se fundamenta la autoproclamación de Áñez?

Más allá de las irregularidades en las que asume Áñez el cargo en su autojuramentación. La tercera del parlamento boliviano alega que su nombramiento es avalado por el Tribunal Constitucional bajo el argumento de evitar la vacancia en Presidencia y garantizar la gobernabilidad del Estado lo antes posible.

Sin embargo, este nombramiento no cuenta con la aprobación de la Asamblea Legislativa Plurinacional, que como se explicó anteriormente nunca aprobó la renuncia de Evo, ni mucho menos la designación de ella como jefa de Gobierno.

Áñez, quien está casada con el político colombiano Héctor Hernando Hincapié Carvajal, entre las primeras decisiones que tomó fue reconocer al autoproclamado «presidente interino» de Venezuela, Juan Guaidó, una vez que este le reconociera como Presidenta.

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La ultracatólica, quien nació el 13 de junio de 1967 en la ciudad de Trinidad, es una abogada que antes de entrar a la política fue directora y presentadora del canal televisivo Total Visión. Es oriunda del departamento de Beni, al norte del país, una de las entidades que integran la llamada «media luna», zona dominada por la extrema derecha que en 2005 -tras la victoria de Morales- intentó crear un Estado independiente que se separaría de Bolivia y que finalmente fracasó.

Finalmente, la actual dictadora de Bolivia logró meterse de lleno en la política en 2006, cuando fue elegida para representar a su distrito en la Asamblea Constituyente que aprobó la nueva Carta Magna en 2009.

Luego, en 2010, consiguió el cargo de senadora por el mismo departamento y fue parte de la alianza opositora Plan Progreso y Convergencia Nacional, que terminó disolviéndose con el tiempo.

Durante su primer período ocupando una banca en el Parlamento, Áñez se opuso a la construcción de una importante carretera. Su oposición al proyecto se fundamentó en que esa zona pertenece al Parque Nacional Isiboro Sécure, declarado como área protegida.

Desde el 2015, su radicalismo contra el liderazgo indígena y el Presidente la llevó a ser una de las voceras de la campaña que rechazaba la postulación de Morales para lograr un eventual cuarto mandato consecutivo al frente del Ejecutivo.

A inicios de octubre pasado —previo a las elecciones presidenciales—, Áñez ironizó en Twitter sobre la condición de indígena humilde que siempre caracterizó a Morales. La publicación fue eliminada este miércoles -13 de noviembre- tras autoproclamarse «presidenta».

Jeanine Áñez idolatra a Álvaro Uribe Vélez

Otro ejemplo que deja en evidencia su postura radical y ultraderechista se manifiesta en el plano internacional.

Luego de que Alberto Fernández ganara las elecciones presidenciales en Argentina sobre el empresario Mauricio Macri, Áñez criticó la voluntad popular de ese país y dijo: «Cada pueblo tiene el gobierno que se merece, al parecer a los argentinos les gusta que les roben, ¿de nuevo las bóvedas estarán habilitadas?».

Además, Áñez es una ferviente seguidora del ultraderechista colombiano Álvaro Uribe Vélez y siempre aplaude sus mensajes a través de Twitter, sobre todo los relacionados al radicalismo que incita a la guerra interna en Colombia, los mensajes contra Venezuela y la erradicación del proceso de paz en ese país que actualmente gobierna Iván Duque.

El radicalismo de Áñez y la persecución contra sus adversarios políticos denota odio y soberbia. Al asumir el cargo autoproclamado, esta mujer prometió «pacificar Bolivia», pero seguidamente lo que ha hecho es reprimir a quienes exigen la restitución de la democracia, que representan más de la mitad de la población.

Por ejemplo, sus palabras contra Carlos Romero, quien fuera ministro de Gobierno de Morales y quien se encuentra actualmente refugiado en la embajada de Argentina en La Paz, fueron las siguientes: «Salió el ministro Romero a amenazar! Ya te quiero ver cobarde sin poder!».

Después de su rápida autoproclamación, Áñez se dirigió a la casa de Gobierno, conocida como Palacio Quemado. Al llegar al edificio, llevaba una Biblia de gran tamaño entre sus manos: «¡Gracias a Dios, ha permitido que la Biblia vuelva a entrar al Palacio!», expresó.

Desde ese lugar, la dictadora agradeció a las Fuerzas Armadas por su respaldo y en otra proclama de carácter religioso dijo: «Que Dios bendiga a Bolivia y nos dé sabiduría para gobernar en esta época transitoria».

Su acción ultracatólica va en consonancia con el presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, señalado por ser otro de los articulistas del golpe de Estado auspiciado y financiado por la embajada de Estados Unidos en La Paz.

«Vamos a devolverle la Biblia al Palacio Quemado», dijo en más de una oportunidad a quien se le conoce como «Facho Camacho», quien coordinó varias acciones violentas de calle antes de que se ejecutara el Golpe.

De hecho, el día de la autoproclamación, la dictadora se mostró públicamente con su banda «presidencial» junto a Camacho y seguidamente recibió felicitaciones de gobiernos ultraderechistas, como el de Jair Bolsonaro (Brasil), Iván Duque (Colombia), Donald Trump (Estados Unidos) y Boris Johnson (Reino Unido).

Entre sus primeras afirmaciones prometió convocar a elecciones luego de conformar un nuevo Tribunal Supremo Electoral (TSE).

Al día siguiente de su autoproclamación, el 13 de noviembre, la presidenta del senado boliviano, Adriana Salvatierra, desconoció la proclamación de Áñez, al recalcar que todavía se encuentra en funciones como titular de la cámara alta, pues su falsa renuncia se había comunicado por amenazas de muerte en su contra ejecutadas por los factores golpistas; decisión además, que no ha sido analizada por el pleno del Congreso para que legalmente fuera efectiva.

Por el momento, tras los primeros días del régimen de Áñez, un modelo parecido a la época de la inquisición católica que persiguió, asesinó y quemó vivos a sus detractores a quienes calificaba de herejes, ya ha logrado matar a por los menos 12 manifestantes que apoyan el retorno de Morales y rechazan la dictadura.

Entre su primeras decisiones para perseguir y tratar de «pacificar» el país, que no es más que erradicar las masivas protestas en su contra, destaca permitir la entrada a Bolivia de comandos militares de la expulsada DEA (departamento ‘antidrogas’ estadounidense) que hace años fue expulsada por sus vínculos con el narcotráfico y el negocio de la cocaína con los grandes grupos económicos y de poder no solo en Bolivia, sino que en todo el Conosur.

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