martes, febrero 18, 2020

No queremos flores, queremos derechos

Este reportaje comenzaría de otra forma, retratando la realidad del aborto que el proyecto que Bachelet no considera, el que se realiza con misotrol, tijeras, inyecciones, ramas y en forma clandestina. Sin embargo, mezclar los temas ha sido la estrategia que una derecha conservadora ha intentado mostrar para que el debate no crezca, no madure y sigamos enfrascados en una cuestión de moral.

El aborto terapéutico refiere a embarazos que no son viables, que pudieron ser muy deseados pero por cuestiones fortuitas de la naturaleza no llegaron a término como un embarazo sano y normal. El aborto terapéutico considera embarazos deseados que se desarrollan en formas anómalas que impiden el desarrollo normal del feto o sencillamente pueden terminar con la vida de la madre. Por otra parte, considera el embarazo provocado por el ultraje, por la violación, el acto sexual no consentido hacia una mujer que fue víctima de la máxima expresión de la violencia en su contra.

En el marco de un debate que recién comienza y justamente en la fecha de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, es nuestro deber informar desde una perspectiva clara a qué se refiere el proyecto de aborto terapéutico que la Presidenta Michelle Bachelet prometió en mayo de 2014 y que finalmente envió al Congreso a fines de enero de este año y dónde debemos poner los acentos en esta discusión.


eco

De aborto, hablamos las mujeres

Paola Dragnic quedó embarazada por primera vez en 2006. Junto con la esperanza y la alegría de concretar sus deseos de ser madre, por cierto imaginaba que en su vientre se desarrollaba un feto normal. De hecho ella cuenta que al ver sus ecografías veía a un pequeño feto, parecido a esas imágenes que representan la vida intrauterina. Una guagua pequeña, perfecta en sus formas, que a veces chupa su dedo pulgar y que flota en un universo cálido, anaranjado y desde ese primer hogar escucha el eco dulce de la voz de mamá. Sin embargo, lo que acunaba las entrañas de Paola era un embarazo inviable que la llevaría a ver de cerca a la muerte y pasar por un calvario que el Estado de Chile permite desde 1989, cuando se nos robó el derecho de abortar.

Las primeras semanas de embarazo, Paola las describe como «insoportables». No paraba de vomitar, de tener náuseas, sentía su cuerpo pesado, le costaba caminar y se sentía intoxicada: su cuerpo estaba rechazando el embrión malformado. Por fuera en cambio, lucía una guata grande que provocaba ternura en quienes la veían. ¿Niño o niña? Le preguntaban en la calle y ella no sabía que responder, pues lo que había en su placenta era un embarazo triploide.

A los tres meses había engordado 30 kilos, prácticamente sin comer nada, pues todo lo vomitaba. Paola cuenta que “en la semana 14 me hice la ecografía de la traslucencia nucal y esta arrojó que esa separación de la nuca del feto era anormal y demostraba alguna falla genética que podía ir desde algo simple como síndrome de down hasta problemas genéticos severos”. La decisión de sus médicos entonces, fue dejar que su embarazo “se cayera solo”. Sin embargo, Paola quería saber qué pasaba en su cuerpo, con su embarazo y qué la hacía sentirse tan mal, pues además ya las ecografías habían mostrado tumores en la placenta y existía la posibilidad de que hubiera un embarazo molar parcial. Paola a esas alturas ya había asumido que no sería mamá y tras un doloroso examen que permitiría estudiar su placenta y tener un diagnóstico más específico y concluyente de lo que pasaba, supo que su feto era triploide, “es decir tenía tres pares de cromosomas, era un ser humano y medio”, explica Paola. Le preguntó a su médico por qué entonces ese feto tenía la apariencia de una guagua y la respuesta fue sólo una: tuvo mala suerte. Pudo ser una masa de carne con latidos,un cuerpo amorfo con dedos, pero por desgracia, para hacer la experiencia más dolorosa, parecía un feto normal.

Tras la certeza de que el embarazo era inviable, seguía un diagnóstico aún peor. Si no le sacaban todo, se moriría. El riesgo era inminente, pero había un gran detalle: En Chile no se podría intervenir hasta que estuviera en riesgo vital. Es decir, tendría que estar moribunda para que la salvaran. Su médico hizo las gestiones para que viajara y pudiera ser intervenida en Estados Unidos. Paola dice que una frase en las redes sociales le hizo mucho sentido “pase de organizar un baby shower a organizar un funeral”. El dinero que significaba el viaje no lo tenía por lo tanto debió esperar a estar en riesgo vital, para que intervinieran.Sin embargo, el dolor y el sufrimiento tanto físico como psicológico lo tuvo que enfrentar a pesar de que desde el comienzo supo que el embarazo no llegaría a término y que ese feto no llegaría a sus brazos ni mamaria de su pecho porque no era –aunque lo parecía- un feto normal ni de características humanas. Paola señala que a pesar de que existe tecnología para informar y detectar estos embarazos inviables, éstos no se pueden interrumpir porque “los médicos tienen que llegar al espacio de protección legal donde digan “se me estaba muriendo la paciente”.

La última ecografía no quiso verla, el feto estaba aplastado por los tumores que invadían su cuerpo y que no podían sacarse. Si esto se ramificaba por su cuerpo y su sangre se intoxicaba podría haber perdido su útero y haber necesitado quimioterapia. El dolor que pasó lo calificó como un calvario, mientras le preguntaban por su guatita ella pensaba que estaba planificando un aborto, esperando a estar en riesgo para terminar con el dolor. Sin embargo, gracias a esa experiencia pudo conocer miles de casos de otras mujeres que han pasado por historias similares a la suya. Ante esa realidad que ella vivió en carne propia, Paola culpa al Estado de Chile por no hacer eco de esta situación para ayudar a todas esas mujeres. Después de la intervención que le salvó la vida, Paola tuvo la suerte de ser mamá de dos niños sanos.

¿Por qué durante la dictadura nadie se manifestó en contra del aborto terapéutico entonces permitido?

Claudia Dides es directora y una de las fundadoras de Miles, organización que según Claudia nació de una “necesidad país” y en orden a la sensibilidad de la mujer promedio que comenzó a cuestionarse por qué el Estado no te permite decidir en circunstancias donde la vida está en peligro, sometiendo a la mujer a la tortura de cargar con un embarazo que no llegará a término y en otros casos, a un embarazo que fue producto de una violación. Dides lleva años trabajando en el tema, es socióloga de la ARCIS y tiene un magíster en género y cultura de la Universidad de Chile. Además de que realizó importantes investigaciones en el tiempo que trabajó en FLACSO Chile y sus años como activista.

“En Chile las mujeres tuvieron la garantía del aborto terapéutico antes que el derecho a votar justamente porque se entendía que era un asunto de salud que en 1989 se politizó y la Dictadura saliente ocupó como canje valórico. No hay que olvidar que la Junta Militar derogó la posibilidad del aborto terapéutico pocos meses antes de que asumiera Aylwin”, señala Claudia. Con estos antecedentes, se pregunta por qué la derecha ahora hace tanto ruido, “¿Por qué durante todo el período que estuvieron en La Moneda, a la fuerza, se hicieron abortos terapéuticos en Chile y nunca fue un tema?. ¿Por qué ahora lo es?”. Además, Claudia sostiene que igualar el aborto terapéutico al aborto libre es una estrategia de la derecha conservadora. Hace la diferencia y explica que el aborto libre “tiene que ver con el pleno ejercicio de derechos sexuales y reproductivos, no hay una necesidad de terapia de por medio, ni física ni psicológica. En cambio, el aborto terapéutico es una interrupción de corte sanitario, que busca evitar daños en la salud física y o mental/emocional de la paciente”.

Para Claudia el aborto terapéutico es un drama per sé. Pues, ese embarazo que terminará trágicamente, ya sea porque el feto no tiene posibilidades de vivir fuera del útero de la madre, porque la mujer pude morir o bien porque es involuntario y concebido a la fuerza, producto de una violación considera un drama, desde su origen o en su desarrollo. A su juicio, “esta realidad necesita una respuesta sanitaria que el Estado de Chile está negando y criminalizando sin respetar la individualidad de cada mujer para enfrentar el dolor de un embarazo forzado, inviable o riesgoso”.

En el caso de violación, Claudia es mucho más tajante. Frente a la realidad que enfrentan las mujeres que son violadas –en la mayoría de los casos por sus familiares- la directora de Miles señala que “es una falta de respeto a todas las mujeres, especialmente a las 17 que son ultrajadas diariamente en Chile y a las 38 niñas que son abusadas en nuestro país cada 24 horas. No hay que perder de vista, que en estos casos, cuando hablamos a penas de niñas, es justamente ese embarazo forzado la evidencia de que lleva mucho tiempo siendo víctima de esos ataques. Solo una mujer violentada sexualmente sabrá si es capaz de continuar con embarazo forzado. Aquí nos toca callar a todos, y ofrecerle a ella las herramientas y espacios que necesite. Lo demás, es continuar con la violencia”.

Para Claudia llenar de temas valóricos este debate es un gran problema y además interminable pues existen tantas creencias como individuos, por ello dice que Miles defiende la moral propia y sin imposición. El acento debe ponerse en “cómo regulamos las garantías estatales justamente para que la diversidad pueda ejercer su derecho y su decisión según su propia libertad y moral”.

Desde que Michelle Bachelet anunció el 21 de mayo de 2014 el envío del proyecto de Interrupción voluntaria del embarazo bajo 3 causales, el debate se ha reabierto, sin embargo desde que el Ejecutivo firmó y envió el proyecto al Congreso las voces contrarias a él se han hecho más notorias. El debate que ha mezclado aborto libre con aborto terapéutico, que se ha concentrado en la minucia que es saber cuál ministerio encabezará el trámite y si es esta la puerta de entrada o no al aborto libre, ha dejado entrever la campaña del terror que tanto gustan los sectores conservadores. Sobre ello, Claudia sostiene que “mezclar el aborto terapéutico y el aborto libre como lo hacen hoy estos sectores en Chile, es una campaña del terror que lamentablemente a veces enganchan algunos medios”. Para ella ambos casos tienen detrás contextos distintos, por un lado y como decíamos anteriormente, el aborto terapéutico tiene un drama asociado. Mientras que el aborto libre, implica “el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos, no requiere ni siquiera una respuesta a la decisión de la mujer. Entonces da lo mismo la razón. Ella ejerce su decisión”.

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La Izquierda Autónoma –colectivo al cual pertenece por ejemplo Gabriel Boric y Valentina Saavedra- tiene un Núcleo Feminista, del cual Daniela López es vocera. Nos contactamos con ella porque desde ese espacio, han dado una fuerte lucha por los derechos de la mujer y han puesto énfasis en el escenario político y la posibilidad de que este proyecto sea la puerta de entrada a la ampliación de derechos de salud sexuales y reproductivos de las mujeres.

Para Daniela, el acento de este debate debe estar puesto en el “consenso ciudadano construido en torno al proyecto de aborto, que ha sido un tremendo avance de las mujeres y feministas en Chile”. El actual escenario político, en el cual se ha profundizado el descrédito y la ilegitimidad de la política tradicional, debe ser un espacio para avanzar en la democracia. Según Daniela, hay que avanzar en como “la ciudadanía no solo sigue marcando agenda sino construyendo pactos sociales mayoritarios en contra de las dictaduras de minorías que por tanto tiempo han imperado a costa de nuestros derechos. Ese consenso no lo podemos hipotecar, es condición de posibilidad no solo del proyecto de aborto terapéutico sino la puerta de entrada para poder seguir avanzando en nuestros DDSSRR en su totalidad, por ejemplo el derecho a decidir sin apellidos”.

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Daniela considera que “un proyecto más general y en el contexto de una ley marco de DDSSRR habría sido un avance notable en la instalación de la libertad reproductiva como parte de los DDHH de las mujeres en Chile. En ese sentido la iniciativa se queda corta y efectivamente desde la perspectiva sanitaria habría creado garantías para el ejercicio del derecho a decidir de manera integral”. Sin embargo, aclara que no se puede desconocer que cuando el aborto terapéutico era parte de la legislación resguardaba el derecho a la vida y a la salud de las mujeres y por tanto “su reposición en nuestra legislación abre camino a un cambio necesario y urgente”. Hace énfasis en que “hasta el año 89 se privilegió el derecho de la mujer para actuar en discernimiento y en conjunto con su equipo de salud. Y pese a no ser legal abortar en términos generales, habilitó también la asistencia médica a la mujer que aborta sin que existiera un clima de criminalización como el que existe hoy”.

Para la vocera del Núcleo Feminista de la IA, cuando el aborto terapéutico era un derecho en el país, los criterios eran muy amplios. Considerando las voces opositoras y la forma en que están dispuestas las causales en el proyecto de aborto terapéutico presentado por el Gobierno, Daniela expresa que tienen miedo que esa amplitud de criterio se pierda en orden a lo “acotadas” que están las causales. López sostiene que “hablar de salud de las mujeres es un tema mucho más amplio que incluye no solo su integridad física sino también sicológica, por lo cual prescindir absolutamente de la mujer en una decisión de este calibre puede significar la inexistencia en la práctica de este derecho que se presenta de carácter universal, lo que se traduce en desprotección jurídica, ya que el proyecto del gobierno tampoco considera mecanismos de queja ante negativas por parte del equipo tratante, no hay garantías para el derecho que la mujer pueda ejercer para pedir la aplicación de la ley en los casos previstos”.

Ante la posibilidad de que los plazos se amplíen en la causal de violación, a razón de la indicación que anunciaron los senadores Girardi y Rossi, Daniela sostiene que “sería un avance correcto si tiene como fundamento lo que han señalado los organismos internacionales, que han ampliado el plazo a las 22 semanas, por ejemplo y eso se debe a que precisamente en esta causal el embarazo es producto de violencia que en su mayoría se ejerce en el entorno familiar, los embarazos salen a luz pública estando más avanzados”. Sobre la objeción de consciencia que algunos sectores pretenden hacer “institucional”, Daniela nos responde que “no existe como derecho de las instituciones, ni puede argumentarse como parte del derecho de una institución porque esta tenga una determinada orientación. De ser así supondría que hay instituciones que se pueden poner sobre la ley. En este punto el proyecto de ley es claro y los objetores tendrán que figurar en un registro y hay previstos mecanismos de garantía porque la ley es de cobertura universal y no se refiere sólo al sistema público”. Añade que “el rector de la PUC se deberá preocupar de tener alguien dispuesto a cumplir la ley o deberá ser obligado a cubrir los costos de acceso a un centro donde se pueda dar cabal cumplimiento a lo establecido en la legislación. Obviamente estos aspectos tendrán que ser defendidos porque todos sabemos el poder del lobby de los sectores católicos sobre el mundo parlamentario”.

Despenalizar / Legislar

Claudia Dides sostiene que “no es lo mismo solo “despenalizar” que legislar. Señala que se han emitido “opiniones terribles de algunos parlamentarios que dicen que solo hay que despenalizar, porque legalizar significa darle la oportunidad de interrumpir el embarazo a la mujer que lo necesita en el sistema público y privado de salud…. Y que despenalizando, eso no ocurriría, y que si la mujer aborta, que vea cómo y dónde, pero que no irá presa”. A su juicio, ese tipo de declaraciones son impresentables, sobretodo viniendo de un parlamentario, pues considera que se está fomentando lo clandestino y por tanto, el riesgo de la salud de las mujeres. Claudia se pregunta “¿Dónde quiere que interrumpa una mujer con cáncer su embarazo? ¿En una plaza? ¿Que las mujeres vuelvan al método de introducirse cosas en la vagina? Esto es de una ignorancia y violencia que no podemos permitir. Estamos hablando de necesidad médicas, de salud física y mental”.

Desde el Núcleo Feminista de Izquierda Autónoma, Daniela afirma que el error está en hablar de despenalizar en tres causales. “El movimiento de mujeres y ciudadano ha pedido por mucho tiempo la derogación del artículo del código penal que permite la persecución criminal de la mujer que aborta, en cambio el actual proyecto solo considera despenalización en dichas causales permitiendo que se siga criminalizando a las mujeres que quedan fuera de los supuestos legales”. A su juicio, despenalizar solo en tres causales es hacer caso omiso a las indicaciones de organismos internacionales de Derechos Humanos, que aconsejan no criminalizar a la mujer que aborta. Daniela dice que la despenalización de estas tres causales, “perpetúa la desprotección de las mujeres más pobres que se practican abortos en condiciones inseguras y enfrentan complicaciones. Los organismos de DDHH han señalado que penalizar el aborto es penalizar la pobreza, porque es ahí donde el Estado de manera más cruda, no llega para proteger de los abusos, de violencia, de violaciones, no entrega educación sexual, planificación familiar, anticoncepción de emergencia, entre otros”.

Daniela afirma que en el Núcleo Feminista de IA se mantendrán debatiendo sobre los derechos de las mujeres y el avance de esto en materia de derechos de salud sexual y reproductiva, pues para ellas, el camino “es despenalizar completamente, es decir, derogar el artículo penal y conjuntamente legislar en dichas causales, donde la causal de violación es tremendamente importante. La sola despenalización no constituye reconocimiento de un derecho, necesitamos de una ley que lo reconozca y permita su ejercicio, por ello la DC y sectores conservadores actualmente han levantado ese debate ocupando el ejemplo alemán, al decir que ellos solo van a apoyar despenalizar el aborto en la causal de violación, pero no permitir que las mujeres puedan ejercerlo como un derecho que el Estado reconoce garantizando su prestación universal. Esto no es más que su cruzada para seguir negando nuestros derechos, para seguir excluyéndonos de la ciudadanía y de la democracia”.

Finalmente la vocera del Núcleo Feminista sostiene que la lucha que viene será por defender la ampliación de los Derechos de Salud Sexual y Reproductivos, pero afirma que esa lucha se dará “en un contexto diferente cuando se termine con el imperio de la moral única, que convierte al aborto en un tema de hecho y no de derecho. En ese sentido la Interrupción Legal del Embarazo es una puerta abierta a otros derechos y una compresión diferente de la mujer como sujeto de derecho. Así que sí es una puerta abierta”.

El viernes 6 de marzo cerca de 10 mil personas se reunieron en la Plaza Italia para marchar por la reivindicación de los derechos de las mujeres, el aborto y la igualdad de género. Allí confluyeron distintas organizaciones que se dedican y concentran sus esfuerzos en las materias anteriormente señaladas. Hombres, mujeres y niños marcharon por la Alameda para demandar ser escuchados, una vez más el movimiento social manifestó sus demandas en la calle, bajo coloridos carteles y consignas claras y conscientes. El aborto y el rol de la mujer en la sociedad no es debatible, ante la debacle de la clase dirigente, el poder ciudadano se hace escuchar y defiende sus derechos.

aborto

A continuación está el resumen  del Proyecto de Ley que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo en tres casos específicos que está disponible en la página del gobierno:

  1. La mujer se encuentre en riesgo vital presente o futuro, de modo que la interrupción del embarazo evite un peligro para su vida.
  2. El embrión o feto padezca una alteración estructural congénita o genética incompatible con la vida extrauterina.
  3. El embarazo sea resultado de una violación, siempre que no hayan transcurrido más de doce semanas de gestación. Tratándose de una menor de 14 años, la interrupción del embarazo podrá realizarse siempre que no hayan transcurrido más de dieciocho semanas de gestación.

Puedes revisar el documento enviado al Congreso en el siguiente enlace: ProyectodeInterrupcióndelEmbarazo

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