El mito de la «Mujer Fatal»

sharon stone

“La mujer fatal es la que se ve una vez y se recuerda siempre. Esas mujeres son desastres de los cuales quedan siempre vestigios en el cuerpo y en el alma. Hay hombres que se matan por ellas; otros que se extravían…”

Valle Inclan, “La cara de Dios” 1900

¿Hay mucha Mujer Fatal?

Charles Vidor -cineasta de origen húngaro-  inventó el personaje de Gilda; mujer de gran carisma que tiene la facultad de hacer lo que quiere, según su antojo. Para la consecución de dichos «logros»,  le proporcionó un legendario e inolvidable embrujo. Más atrás en nuestro imaginario cultural de occidente, los textos bíblicos relatan la historia de una primera mujer, Eva, que llevó a Adán y a su prole (y por lo tanto es la culpable de todas nuestras desgracias hasta el día de hoy) a la perdición. También en los textos bíblicos, podemos encontrar la sugerente historia de la implacable, hermosa y vengativa Salomé, quien seduce, embauca y subyuga a su padrastro para conseguir el asesinato del bautista y que le sirvan su cabeza en una bandeja de plata.

Los mencionados anteriormente son solo algunos de los iconos más representativos de mujer fatal, que han poblado la literatura, el teatro, el cine, la música y la pintura.

Por esas mujeres, hombres como Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Oscar Wilde, Edvard Munch, Marcel Proust, Dumas, Gustav Klimt han estructurado grandes obras. Se trata de mujeres que se han transformado en motor del arte, siendo representadas en las diversas disciplinas.

Libres de todo prejuicio, estas mujeres pasaron a ser parte de la historia como figuras excéntricas, no convencionales y de mente abierta, pero también como mujeres con un «corazón de hielo». Sin embargo suelen ser recordadas como grandes (sino las mejores) amantes.

El maleficio de las sirenas

Según la mitología clásica, las sirenas atraían con su voz a los navegantes, les hechizaban e incluso les devoraban.

Para el psiquiatra Luis de Rivera, la mujer fatal es en la sexualidad mucho más que un episodio bíblico, una jugosa figura literaria o una anécdota patética y dolorosa. Rivera va más allá del mito y alerta del riesgo real de caer en sus brazos: “El hombre aúna en ella ese anhelo humano de ser amado y admirado, y la seducción que provoca la belleza. Sacrifica todo cuanto tiene sin pensar que puede terminar de un modo trágico, incluso ridículo. Igual que las sirenas, que con su canto mágico atraían a los marineros hacia las rocas, donde sus barcos se rompían en mil pedazos, la mujer fatal es un mal presagio para quien se enamora de ella”.

La mujer emplea esa tentación que suscita su sexualidad para despertar el instinto animal del hombre y, desde ahí, dominar su espíritu y ejercer el poder destructivo. Practica el sexo como fuente de placer, pero siempre con otros fines muy definidos.

De Rivera añade algunos rasgos más: Fuerte, instintiva, pero sin capacidad de amar ni sentir. Desconoce la conciencia, el remordimiento y el sentimiento de culpa. “La mujer fatal cautiva a hombres. Pero ese rol también fascina a muchas mujeres. Solo a veces es vengadora, porque arrastra un sentimiento de dolor, e inflige daño para reparar las heridas que le haya podido dejar otra persona”.

En cualquier caso, el psiquiatra destaca en la mujer fatal un grado muy elevado de hedonismo que la lleva a vivir el presente y satisfacer sus deseos a toda costa, aunque ello implique destruir a los hombres que encuentra a su paso. Cuando a Lulú, la criatura perversa del dramaturgo Frank Wedekind, le reprochan su falta de delicadeza y humanidad con el género masculino, ella responde: “No hago más que lo que debo”.

El escritor irlandés George Bernard Shaw alertaba en su correspondencia de la peligrosa eclosión de una especie de álter ego del temible y apuesto don Juan, que llegaba dispuesto a quebrar el orden en cuestiones de seducción. Y es entonces cuando crece el temor masculino a una mujer capaz de arrodillar con sus encantos a lo más granado de la sociedad. La amenaza va más allá de la moral sexual: la mujer aparece como rival en terrenos que parecían reservados exclusivamente al hombre.

Cuando esa belleza venenosa ha sido exprimida,  la cultura ha procurado que la mujer fatal inicie un lamentable descenso a los infiernos y acabe pagando, e incluso probando en propia carne sus artimañas humillantes y demoledoras. Llegado ese momento, el cine y la literatura las condena y las despoja de su irresistible poder de seducción. Antes del final, la mujer fatal siempre pierde.

Quién no se ha preguntado alguna vez…

… Por qué esa atracción hacia el mal?
El hombre confunde maldad y erotismo. “La mujer mala resulta sexy, y la imagina atrevida, pasional, intensa y diferente”, explica el psiquiatra Luis de Rivera.
… Supone un reto más en su trayectoria vital?
Se sabe que el hombre es un tomador de riesgos y, como tal, la mujer fatal es una apuesta más, pero muy arriesgada para su corazón.
… La chica mala es mejor en la cama?
No tiene nada que ver. Hay mujeres recatadas en su vida pública y muy atrevidas en la intimidad. La mujer fatal destaca más por sus tretas psicológicas que sexuales.
… Por qué tantas veces se la representa pelirroja?
El pelo rojizo añade potencial sexual, misterio y frialdad. Lleva a un vínculo inmediato con el demonio y, por tanto, incitación al mal.

Arquetipo Universal

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Pandora es la primera mujer que se concibe según la cosmogonía griega. Es muy bella, ya que se crea a imagen y semejanza de las diosas, pero sus palabras son falaces y actúa guiada por la atracción amorosa. Los griegos decían que todo lo que había le era insuficiente para satisfacer su apetito alimenticio y sexual, se sentía insatisfecha. De hecho, Hesíodo afirma que gracias a sus habilidades seductoras cumplía su fin: conseguir el dominio sobre el marido para poseer sus bienes (alimento).
Cuando Pandora abre la vasija (caja) libera todos los males, por lo que con ella se inicia una tradición misógina. Pandora y la mujer conllevan la fatalidad, están asociadas a la desgracia, son las causantes de todos los daños de la humanidad.

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Frank Wedeking dibujó en ella la cara más despiadada de la mujer que encanta, seduce y mata.

Jean Benner, Salomé, 1899

La figura bíblica de Salomé ha sido perturbadora en nuestra cultura occidental por la descripción de su exuberante belleza y juventud, pero también por su conducta lujuriosa y despiadada que terminó con la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja.

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Otra representante ilustre es Cleopatra: Reina-Faraóna de Egipto, considerada una de las gobernantas más bellas de la Antigüedad. Célebre por sus romances con su hermano Ptolomeo XIII, Julio César y Marco Antonio. Es famosa por su belleza y por el cuidado de su cuerpo.

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La lista, también está integrada por Elena de Troya, quien, después de desencadenar la famosa guerra de Troya, huyó de los brazos de su esposo Menelao, para saciarse con París, su amante.

Mata Hari

Mata Hari, espía convicta y bailarina exótica se convirtió en el sinónimo de mujer fatal en la Primera Guerra Mundial.

Lolita (Dominique Swain)

El personaje de Lolita en la novela homónima del ruso Vladimir Nabokov representa también a la femme fatale, ya que el narrador (el personaje de Humbert) ve alterada su normalidad cuando la conoce. Se siente perturbado y atraído por ella, llegando a idealizarla y a trastornarse (cometiendo crímenes).

sharon stone

No podemos olvidar que en la jerga estadounidense antigua solía llamarse a las mujeres fatales como vamps, palabra asociada con las modas de los años 1920. El término vamp era un apócope de vampire, ‘vampiro’, llamado así porque los personajes extraían la vida de sus víctimas no necesariamente bebiendo su sangre sino mediante explotación sexual y económica. Otro retrato clásico de mujer fatal fue el personaje de Justine en El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell.

Al existir la vinculación entre la mujer fatal y el vampiro, volvemos a encontrar una nueva referencia judeo-cristiana de la mujer como antónimo de la divinidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Con esto me refiero al mito de Lilith, (correspondiente al folclor judío, de origen mesopotámico). Según la leyenda, esta mujer fue creada en iguales circunstancias que Adán -que no aparece en la Biblia- y por ello, se negó a ser sometida y abandonó el Edén por propia iniciativa. Se instaló junto al mar Rojo, uniéndose allí con Samael, que se convirtió en su amante, y con otros demonios. Posteriormente se tranformó en súcubo (mujer vampiro) y vaga por las noches engendrando hijos (los lilim) con el semen que los hombres derraman involuntariamente cuando están durmiendo (polución nocturna). Se le representa con el aspecto de una mujer muy hermosa, con el pelo largo y rizado, generalmente rubia o pelirroja, y a veces alada.

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Si bien, se trata de un universo femenino muy cautivador y transgresor, lamentablemente siempre es castigado por ello. Eso, porque nace como contraposición a la mujer delicada y hogareña; dispuesta a cumplir, sin reparos con el rol histórico. La mujer fatal es una proto feminista, una mujer resuelta que toma decisiones sin la venia de un macho dominante. Se escapa al control masculino al ser la única capaz de someter a su voluntad al hombre a través de las «artes amatorias y la belleza» y podemos ver cómo esta construcción cultural también es terriblemente machista ya que la mujer fatal no es valorada por sus habilidades y aptitudes, tampoco por su destreza o inteligencia, sino por ser «una hembra distinta del canon» que desafía el status quo, pero que siempre termina siendo castigada por ello.

La suerte de la mujer fatal siempre es desastrosa y este fatal destino abre paso a una tradición misógina en la que la mujer empoderada está «condenada y perdida».

Por eso, no podemos olvidar que la construcción cultural de la mujer fatal siempre surge a partir de creaciones masculinas y las mujeres asumimos este rol de forma «pasiva», entendiéndolas como una alteridad existente y presente aún en nuestros días como un «rol» que algunas incluso están dispuestas a representar. Otros iconos de mujer fatal están presentes en Carmen de Mérimée; el personaje de Raymond Chandler y la marquesa de Merteuil, en Las amistades peligrosas.

Este arquetipo que nos han impuesto, de lujuria y maldad se oculta a través de diversas máscaras; sin embargo, todas se rebelan contra una realidad de exclusión y dominio de la masculinidad. Por esa misma razón, el hombre ve cómo despierta su deseo en la necesidad de someter, a través de la posesión carnal, a la mujer rebelada, asumiendo que el falo es una suerte de «varita mágica» que va a enrielar a esta oveja descarriada (como sucede también con el imaginario de la lesbiana) y cuando la mujer no logra ser sometida, es castigada por el destino o la divinidad para pagar su soberbia.

Cuando el destino y la divinidad no son suficientes, está la cultura y el estigma social.

Con información de Entre Clásicos y Modernos / MariellaMessina / Quo

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