Alerta en Brasil: favelas son un verdadero caldo de cultivo para el coronavirus

Miles de los habitantes de estos sectores brasileños se exponen al salir a la calles a ganarse la vida, corriendo el riesgo de contagiarse y contagiar a sus allegados

En Brasil la pandemia del coronavirus COVID-19 cada día coge más fuerza. Hasta este lunes 13 de abril, las autoridades han reportado al menos 22.720 infectados y 1.270 fallecidos producto.

De acuerdo con las cifras del Ministerio de Salud, la región más afectada es el sureste del país, con aproximadamente el 60 % de los contagiados.

En esa región se encuentran dos de los estados más poblados del gigante suramericano, los cuales registran mayor número de diagnósticos positivos: Sao Paulo y Río de Janeiro.

En las favelas de Brasil habitan más de 13 millones de personas en condiciones precarias. Foto: Web.

Caldo de cultivo

Justamente, en Sao Paulo y Río de Janeiro millones de personas habitan en las llamadas favelas, un conjunto asentamientos precarios o informales que crecen en torno o dentro  de las ciudades, y que constituyen un caldo de cultivo para el COVID-19.

Estas zonas marginales se caracterizan por tener una alta densidad demográfica y servicios básicos —como agua y luz— deficientes, además de no tener acceso a un sistema de alcantarillado, lo que expone a sus habitantes al peligro del contagio.

A esto se suma la falta de acceso a la información y los bajos niveles educativos de algunos de los residentes, que agudizan el desconocimiento de los peligros de la pandemia.

Las favelas se caracterizan por tener una alta densidad demográfica, lo que dificulta el aislamiento social, clave para combatir el COVID-19. Foto: Web.

Cuarentena imposible

Distanciamiento social, lavarse las manos continuamente, acceso a pruebas de diagnóstico y aislamiento de los infectados son las  principales recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para detener el avance de la epidemia que ha infectado a casi dos millones de personas en el mundo, de las cuales han fallecido más de 118 mil.

Sin embargo, el cumplimiento de estas medidas es más que difícil dentro de las favelas y su entorno de pobreza, hacinamiento e insalubridad.

Aquí en la favela llega agua dos veces por semana. Economizamos agua no solo por conciencia, sino también por supervivencia. Lavarse las manos todo el tiempo no es una posibilidad”, denunció el activista Raull Santiago, quien vive en el complejo Alemão en Río de Janeiro.

“ Y sobre el gel de alcohol, además de la acción inhumana de las personas que aumentan mucho el valor del producto, incluso si tuviera un valor normal, es un gasto adicional no previsto«, relató en  el portal digital ‘Favela em pauta‘.

«La cuarentena aquí es imposible«, alertó Santiago, lo que cobra sentido teniendo en cuenta que las favelas son construcciones pequeñas donde en un solo espacio viven cinco o hasta diez personas, y la posibilidad de hacer distanciamiento social es casi nula.

En las favelas nueve de cada diez residentes tendrán dificultades para comprar alimentos si se ven obligados a quedarse en sus casas sin generar ingresos. Foto: The Guardian.

El activista es la voz del más de millón y medio de habitantes que viven en las favelas de Rio de Janeiro, donde nueve de cada diez residentes tendrán dificultades para comprar alimentos si se ven obligados a quedarse en sus casas sin generar ingresos, según datos de la ONG Central Única das Favelas (CUFA), fundada en 1999.

Ante el riesgo de estas comunidades, la CUFA puso en marcha campaña ‘Favela contra o Vírus‘ (‘La favela contra el virus’), con la que trata de concienciar a los residentes en estas zonas marginales del país de la importancia de la higiene y las medidas de precaución para evitar la expansión del coronavirus.

Pero la realidad es, en bastantes casos, muy distinta a la deseada.

«La situación es muy seria porque muchos habitantes de las favelas todavía no se han dado cuenta de la gravedad del escenario actual y no están cumpliendo el aislamiento como deberían», indicó Claudia Rafael, coordinadora de la CUFA en la barriada de Paraisópolis, en Sao Paulo, citada por La Vanguardia.

Asimismo, miles de los habitantes de las favelas se exponen al salir a la calles a ganarse la vida, corriendo el riesgo de contagiarse y contagiar a sus allegados.

Desde el inicio del brote, Jair Bolsonaro, ha tratado de minimizar el impacto de la pandemia. Foto: EFE.

¿Brasil no puede parar?

Desde el comienzo de la pandemia, el presidente Jair Bolsonaro ha ninguneado la gravedad de la propagación del COVID-19, a pesar de que su país concentra el mayor número de contagios en Latinoamérica.

El ultraderechista ha tildado al brote de “gripecita” y ha dejado claro que, para él, “Brasil no puede parar”, llamando a los ciudadanos a salir a trabajar.

El Mandatario ha sido especialmente crítico con las medidas de emergencia dispuestas por los gobernadores de Sao Paulo y de Río de Janeiro, Joao Doria y Wilson Witzel, declarados opositores a su Gobierno, quienes han impulsado la restricción a la circulación de personas en esos estados, que son los que registran más casos positivos.

“En el centro de Sao Paulo, donde vivo, y en varias ciudades del país, la respuesta a las declaraciones de Bolsonaro ha sido un ruidoso y prolongado cacerolazo, que se ha vuelto una rutina en nuestras noches de cuarentena. Pero en muchas favelas, su discurso incentivó a que la gente volviera a salir”, condenó la periodista brasileña Carol Pires.

En un artículo publicado por The New Yok Times, Pires relató que en otras favelas la displicencia del gobierno federal tuvo una resistencia inesperada: “bandas del crimen organizado —que asolan a sus habitantes e incrementen la violencia cotidiana—, decretaron un toque de queda por las noches para enfrentar al COVID-19”.

Bolsonaro recortó programas sociales en medio de crisis sanitaria del coronavirus. Foto: El Economista.

Pandemia y pobreza

La pandemia del COVID-19 llegó en un momento en que la administración de Bolsonaro busca incentivar el crecimiento económico con políticas neoliberales de austeridad que afectan la calidad de vida de los brasileños.

Después de un año  y cuatro meses en la presidencia, el ultraderechista redujo la Bolsa Familia, el programa social insignia de distribución de los ingresos.

En concreto, Bolsonaro redujo 158.452 subsidios pertenecientes a este mes de marzo del programa de bienestar social en medio de la crisis sanitaria generada por el coronavirus.

Adicionalmente, el Instituto Nacional de Seguridad Social, responsable de autorizar el pago de pensiones, tiene actualmente un retraso de pago con más de casi dos millones de personas, tal y como reseñó The New York Times.

En las favelas, donde habitan más de 13 millones de brasileños, la situación es aún más precaria: solo el 19 % cuenta con un empleo formal que le garantiza, por ejemplo, un seguro de desempleo.

El brote del coronavirus vino a empeorar el panorama, desde el inicio de la pandemia, el 70 % de las familias que viven en favelas han sufrido una caída en sus ingresos. La gran mayoría —el 86 %— vive mes a mes y afirman que no lograrán comprar comida si les falta trabajo un día.

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