Biden bombardeó Siria: comenzó el legado de un presidente con el mismo olor a azufre que Trump

El Gobierno de Estados Unidos bombardeó este jueves 25 de febrero Siria

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El Gobierno de Estados Unidos bombardeó este jueves 25 de febrero Siria. El objetivo eran supuestas posiciones de milicias proiraníes. Se trata del primer ataque ordenado por el presidente Joe Biden desde su llegada al poder. Esto sucedió solo 36 días después de relevar a Donald Trump como mandatario de la primer potencia bélica del planeta. Tanta guerra se lanzaron ambos personajes en su carrera por la presidencia, pero al final, después de ver el ataque a Siria, queda una sola pregunta: ¿cuán distinto es Biden de Trump?

«The devil you know is better than the devil you don’t«, frase muy popular utilizada por los estadounidenses. Su significado literal es «El diablo que conoces es mejor que el diablo que no conoces«. Es una especie de idea que en América Latina puede traducirse como: «Más vale malo conocido que bueno por conocer». Ese es el dilema que enfrentaron en noviembre los norteamericanos. Tuvieron que elegir entre el supremacista Donald Trump y el belicoso Joe Biden como ‘líder supremo’ para el período 2021-2025.

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¿Cuál era el diablo conocido y cuál el diablo por conocer?

Trump avanzaba en su último año de mandato, luego de una vida llena de lujos y de excesos. Biden fue ocho años vicepresidente de Barack Obama (2009–2017) y senador durante 36 años (1973–2009). El primero tenía una retórica explosiva, el segundo un prontuario de guerra. Aquel es nacionalista, éste es globalista.

Uno es republicano y el otro demócrata, el dato más obvio, pero el que genera suspicacia. ¿Hay realmente diferencias entre los presidentes de un partido y del otro? El bipartidismo en ese país reina ininterrumpidamente desde tiempos inmemoriales, específicamente desde 1853 con el demócrata Franklin Pierce. Pero, en la práctica los cambios en la política de Estado apuntan siempre a un mismo objetivo: el expansionismo.

Esto responde a la Doctrina Monroe que mueve los hilos de todo aquel que se siente en el escritorio de la Oficina Oval de la Casa Blanca desde 1823. Ese año, el quinto mandatario, James Monroe, decretó que la inspiración de los planes y políticas debía ser siempre el expansionismo de Estados Unidos. Se basó en una infame afirmación: «América para los Americanos», que en la práctica significa «América para los estadounidenses».

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Los cuatro expresidentes estadounidenses antes de Trump: dos republicanos y dos demócratas; todos promotores de la guerra

El bipartidismo político

En entrevista exclusiva, Francisco González, abogado venezolano, investigador, analista internacional y magister en Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de Tres de Febrero en Argentina, recordó que ambos partidos han intercambiado roles desde hace más de un siglo.

«En el periodo 1856–1896 los republicanos, con Abraham Lincoln a la cabeza, fueron los abolicionistas. Lucharon contra la esclavitud, apoyaron la guerra civil y promulgaron una suerte de progresismo», apuntó Gónzalez. De allí, la situación cambiaría después de la Gran Depresión de 1929, cuando llegó en 1933 el demócrata Franklin D. Roosevelt a la presidencia.

«Los demócratas salieron fortalecidos de la crisis de 1929, respaldando la idea de un estado más intervencionista, con un mayor gasto social que permitiera rescatar al estadounidense promedio de la crisis. Ahora ellos eran los nacionalistas», señaló González.

Así, explicó que entre un presidente y otro se han intercambiado roles hasta llegar al punto actual. Los demócratas fueron más cercanos a afroamericanos, hispanos y movimientos sociales durante la gestión Obama-Biden; y los republicanos más conservadores con Trump, cuya base dura son los estados centrales, donde residen nacionalistas, terratenientes y agroindustriales.

Hoy se vive en el país norteamericano la lucha del “Change We Believed In” (El Cambio en el que Podemos Creer) de Obama. Este apuesta por un mundo globalizado occidental para resolver los problemas del país, contra el “America First” (EE. UU. Primero) de Trump, que emplea el término “patriota” pero con significado ultranacionalista y xenófobo.

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Trump y Biden, el presidente electo de Estados Unidos para el período 2021–2025. Foto: Agencias

Biden recibe un sistema político obsoleto

Precisamente, por ese intercambio de roles desde hace más un siglo, el abogado y analista internacional libanés-venezolano, Raimundo Kabchi, comentó que sin importar las promesas de quien llegue al poder, demócratas y republicanos cometen los mismos errores.

«La mentalidad de la política estadounidense no ha cambiado en 200 años. El sistema está hecho para los ricos, que representan el 1% de la sociedad. Esa otra clase que resulta medianamente beneficiada sin ser multimillonaria funciona tan solo como comodín para los pudientes de ese 1%», argumentó en entrevista exclusiva.

En ese punto, se puede comparar a Trump con Biden. El magnate fue el único presidente en 40 años que no inició una guerra militar. Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama lo hicieron.

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El mismo Donald Trump jugó en redes con la idea de ser un amante de las sanciones y medidas coercitivas. Foto: Twitter

Trump amenazaba, pero Biden atacará

Aunque su retórica fue agresiva, Trump siempre apostó por asfixiar con sanciones a cualquiera que entorpeciera sus planes. Él solo quería manejar a su antojo la economía mundial y repartirse las riquezas entre amigos.

De allí sus “modelos” de conflictos: guerras comerciales con China, Rusia, Europa, India, México y Canadá; bloqueos financieros sobre Irán, Cuba y Venezuela; boicot económico a la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (Unesco) el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia o Unicef , el Consejo de Derechos Humanos, la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Salud (OMS); además de retirarse del Acuerdo de París porque no beneficia sus bolsillos.

Por otro lado, Biden tenía en su currículum protagonismo en al menos cinco conflictos bélicos. En los 90 tuvo influencia en la decisión de Bill Clinton de incursionar militarmente en las guerras yugoslavas. A principios de siglo, mientras dirigía el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, votó a favor de las invasiones a Irak y Afganistán. Como Vicepresidente de Obama fue uno de los estrategas que llevó la guerra a Siria y Libia. Y recordemos que Biden es el demócrata, el liberal, el “cercano” al clamor de los pueblos.

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Las crisis racial y sanitaria fue decisiva

Para Francisco González, parte de la lucha entre ambos personajes fue la ‘conexión’ de Biden con el estadounidense promedio — por su relación con Obama — contra el populismo de Trump, cuya base se mantiene fuerte y solvente, aún después de perder las elecciones y la presidencia.

En ese sentido, explicó que en enero de 2020 Trump parecía imbatible por dos elementos. Primero, por el boom económico que había beneficiado a su enorme base electoral. Y segundo, por el fracaso del impeachment, del cual salió airoso y reforzado con casi 50% de apoyo popular.

Entonces, González comentó: «Llegó la pandemia y el favorito pasó a ser Biden, por la pésima gestión de Trump frente al coronavirus. Estados Unidos no tuvo -ni tiene- un sistema sanitario que vele por la salud de los estados pobres. Incluso, la segregación racial ha provocado más muertes en los sectores afroamericanos e hispanos«. Ese es un problema que el Obamacare intentó resolver, aunque con esfuerzos tímidos.

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El movimiento Black Lives Matter apuesta por la salida de Donald Trump en las venideras elecciones presidenciales. Foto: Agencias

Biden también aprovechó el asesinato de George Floyd y hasta fue a su velorio. Esa tragedia avivó el descontento de aquellos desprotegidos y olvidados por Trump, cuya política supremacista provocó una especie de guerra civil encubierta, con un sector armado y otro no.

Al respecto, Kabchi defendió la siguiente tesis. «Por primera vez se cuestionó en su totalidad el sistema político, social y económico en Estados Unidos, ese que ha herido y hecho llorar a los pueblos del mundo, que viola las leyes internacionales y constituciones de otros países para imponer su ley. No es Trump, es la sociedad norteamericana”, esa que integra el uno por ciento.

Sobre ello, González añadió que así como Trump llegó reprobando la crisis del mundo globalizado y alentó movimientos nacionalistas en Alemania, Francia, Italia, España, Reino Unido y Brasil; después de su fracaso y el de otros gobiernos similares (como Brasil) para atender la pandemia, puede que Biden devuelva la cachetada y aproveche la crisis generada por el COVID-19 para retomar la senda neoliberal y globalizada que ha dominado en el mundo en las últimas décadas.

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Los presidentes de China, Xi Jinping, y de Rusia, Vladimir Putin, son amigos, además de aliados estratégicos y representan un nuevo eje geopolítico global. Foto: AFP

La política internacional sí cambiará(?)

En el plano internacional, González recordó que “Estados Unidos ha perdido influencia en el mundo y presencia en América Latina, mientras Rusia y China han ganado terreno. Al final, todo se dirige a la geopolítica y Biden empleará otros métodos” pero con el mismo propósito: el dominio de Occidente.

En este último punto, coincidió Lenin Maury, periodista y analista político con especialización en Políticas Públicas para la Igualdad en América Latina del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), quien colocó como ejemplo a Venezuela.

“Respecto a Venezuela, con Biden quizás se suspendan algunas agresione burdas, pero el objetivo no cambiará, porque es el mismo desde que Hugo Chávez asumió el poder en 1999: acabar con la Revolución Bolivariana”, enfatizó en entrevista exclusiva.

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Barack Obama y Hugo Chávez conversaron en la Cumbre de las Américas de 2009. Años después Obama arremetería contra Venezuela. Foto: Agencias.

En ese sentido, Maury defendió la tesis de que cambiará la forma de agresión, pero no el fondo. “En la era Obama-Biden nació el infame decreto ejecutivo que declara a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para Estados Unidos. No olvidemos que ese es el fundamento jurídico para todas las operaciones financieras, militares y económicas que se han gestado y han ido escalando contra el pueblo venezolano”, expresó.

Además, Maury recordó que durante la campaña del partido Demócrata, Biden siempre se refirió a Venezuela «como una dictadura que debía ser eliminada por Estados Unidos».

«Décadas atrás, los demócratas apostaban a la teoría del ‘poder blando’ de Joseph Nye, que plantea dejar de un lado el martillo y buscar otros medios para influir en el mundo. Con Obama se dejó de lado ese concepto, pues se consumaron acciones de guerra, solo que siempre tuvo a la prensa de su lado. Ahora, con Biden, regresaría buena parte de ese equipo», detalló.

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El objetivo primordial de Estados Unidos es apoderarse del petróleo venezolano. Foto: Web

No obstante, advirtió que una sola cosa era segura: «Con Trump solo se podía esperar lo peor, es el papá político del Frankenstein llamado Juan Guaidó, y gracias a ese apoyo es que sigue saqueando los recursos de Venezuela de forma abierta y confesa. Ahora, en un segundo periodo, sin una reelección en juego, podía haber ejecutado cosas peores».

Entonces, al final, no importó qué decisión tomaron los votantes estadounidenses, pues la historia seguirá su curso actual. Los estadounidenses que lloran a George Floyd seguirán formando parte del otro 99%. En las relaciones internacionales se profundizará la «ley de la selva», la ley del «patrio trasero», la «ley del dólar». Ni siquiera la crisis pos-COVID-19 podrá cambiar esa política. Al menos, no mientras los pasillos de la Casa Blanca sigan oliendo a azufre.

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