En el debate sobre la gobernanza de la inteligencia artificial, la comunidad científica, Estados Unidos y China representan tres “polos” con posiciones claramente diferenciadas. La comunidad científica parte de los riesgos existenciales y reclama desaceleración y restricciones; Estados Unidos —especialmente durante la Administración Trump— parte de una lógica de competencia por la hegemonía y apuesta por acelerar el desarrollo y reducir la regulación; China, en cambio, intenta abrir una tercera vía entre ambas posiciones, caracterizada por “priorizar el desarrollo, mantener el control soberano y promover el código abierto y el intercambio”, al tiempo que rechaza que Estados Unidos marque la agenda a partir de su narrativa de seguridad.
Equipo El Ciudadano
La comunidad científica: advertencias sobre los riesgos y llamamientos a “desacelerar”
La comunidad científica no mantiene una posición completamente unificada, pero las advertencias colectivas de algunos de los principales investigadores de IA son las que más atención han recibido.
En mayo de 2023, más de 350 ejecutivos, investigadores e ingenieros del sector de la inteligencia artificial firmaron una declaración publicada por el Center for AI Safety (CAIS). Su mensaje central se resumía en una frase: “Mitigar el riesgo de extinción provocado por la inteligencia artificial debería ser una prioridad mundial, al mismo nivel que otros riesgos de escala social, como las pandemias y la guerra nuclear.”
Entre los firmantes se encontraban Sam Altman, de OpenAI; Demis Hassabis, de Google DeepMind; Dario Amodei, de Anthropic; así como Geoffrey Hinton y Yoshua Bengio, considerados dos de los “padrinos” de la inteligencia artificial.
Esta posición se ha intensificado en 2026. El exinvestigador de Anthropic Jacob Coxon advirtió públicamente que algunos profesionales del sector consideran que una catástrofe provocada por la IA “podría ocurrir antes de que termine esta década”.
Por su parte, Evan Hubinger, investigador de alineamiento de Anthropic, afirmó públicamente que considera que existe más de un 10% de probabilidad de que la IA provoque la extinción de la humanidad durante los próximos diez años.
Dan Hendrycks, director ejecutivo del Center for AI Safety, señaló entonces que aquella declaración representaba una especie de “salida del armario” por parte de algunos líderes de la industria, quienes ya habían expresado en privado su preocupación por los riesgos tecnológicos.
Sin embargo, la comunidad científica tampoco mantiene una posición unánime.
En septiembre de 2026, 25 ganadores de la Medalla Fields firmaron una declaración titulada “Serios problemas de desalineación de la inteligencia artificial en las matemáticas”, en la que formularon una advertencia desde una perspectiva diferente.
Aunque la IA ha demostrado capacidades sorprendentes para resolver problemas matemáticos —OpenAI afirma haber utilizado unos 10.000 agentes de IA durante 88 horas para resolver un problema relacionado con las ecuaciones de Navier-Stokes—, los matemáticos advierten que la producción masiva y automatizada de respuestas “verdaderas/falsas” podría destruir el ecosistema de las matemáticas como campo de exploración intelectual, erosionando el entrenamiento de la intuición humana y la transmisión del pensamiento entre generaciones.
Esta advertencia no se centra en la extinción de la humanidad, sino en el deterioro de las capacidades cognitivas y el colapso de la cultura académica.
Estados Unidos: acelerar la carrera y rechazar la gobernanza global
La posición oficial estadounidense en 2026 presenta un marcado carácter “aceleracionista”, especialmente durante la Administración Trump.
La premisa fundamental es: “quien gane la IA, lo gana todo”.
En declaraciones públicas realizadas en septiembre de 2026, Trump calificó a los responsables de laboratorios de IA que piden prudencia como una “fuerza negativa” y rechazó explícitamente cualquier ralentización del desarrollo:
“Estamos por delante de China en inteligencia artificial. Somos el país más avanzado del mundo. Francamente, quiero mantener ese estado porque quien gane la IA, gana.”
El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, también se manifestó en contra de que el Congreso interviniera para imponer una “pausa de emergencia” al desarrollo de la inteligencia artificial.
Rechazo a un marco global
En materia de gobernanza, Estados Unidos ha expresado claramente su rechazo a establecer un marco global.
Durante la Cumbre sobre el Impacto de la IA celebrada en Nueva Delhi en febrero de 2026, el asesor científico y tecnológico de la Casa Blanca, Michael Kratsios, declaró:
“Rechazamos completamente la gobernanza global de la IA.”
Washington defiende, en cambio, un marco regulatorio que favorezca el emprendimiento y la innovación.
Esta posición choca directamente con las advertencias de parte de la comunidad científica. Investigadores como Yoshua Bengio han promovido la creación de un mecanismo mundial de evaluación de la IA similar al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
Estados Unidos ha optado por mantener el control de la gobernanza dentro de su propio ámbito nacional y considera que una regulación excesiva podría convertirse en una desventaja competitiva.
El factor China
El principal motor de esta posición estadounidense es la preocupación por la competencia tecnológica con China.
Según la BBC, Washington considera que una pérdida del liderazgo estadounidense frente a China en inteligencia artificial podría representar una “pérdida de infraestructura estratégica”, y no simplemente una derrota en una competición tecnológica.
Esta narrativa de seguridad hace que cualquier propuesta de “desaceleración” pueda ser interpretada como una concesión frente a China.
China: prioridad al derecho al desarrollo, control soberano y código abierto
La posición oficial china presenta una doble dimensión: por un lado, reconoce los riesgos de la IA y defiende su regulación; por otro, rechaza firmemente que Estados Unidos pueda definir la agenda internacional a partir de una narrativa de amenaza.
La Iniciativa Global de Gobernanza de la Inteligencia Artificial, publicada en octubre de 2023, constituye una expresión sistemática de esta posición.
Entre sus principios centrales se encuentran el desarrollo de una IA orientada al “bien de la humanidad”, garantizar que la inteligencia artificial “permanezca siempre bajo control humano” y construir sistemas tecnológicos que sean “auditables, supervisables, trazables y fiables”.
Al mismo tiempo, China sostiene que todos los países, “grandes o pequeños, fuertes o débiles”, tienen el mismo derecho a desarrollar y utilizar la inteligencia artificial.
Beijing se opone a dividir el mundo en función de ideologías o a crear bloques excluyentes, así como a utilizar monopolios tecnológicos y medidas coercitivas unilaterales para crear barreras al desarrollo.
Rechazo de la narrativa estadounidense
Las declaraciones chinas de 2026 han profundizado esta posición.
En respuesta a los llamamientos realizados por ejecutivos de empresas estadounidenses de IA para ralentizar el desarrollo con el objetivo de contener a China, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino Guo Jiakun respondió que “las declaraciones basadas en amenazas, la confrontación y la competencia maliciosa solo perturbarán el proceso de gobernanza mundial de la IA y no beneficiarán a nadie”.
El portavoz pidió que todos los países impulsen el desarrollo de la IA en una dirección “abierta, inclusiva, accesible, beneficiosa y orientada al bien”.
Al mismo tiempo, el ministro chino de Seguridad del Estado, Chen Yixin, planteó la necesidad de “equilibrar desarrollo y seguridad”, establecer sistemas jurídicos y normas éticas y crear mecanismos de vigilancia de riesgos destinados a “proteger los intereses del pueblo y la seguridad nacional”.
Del discurso al código abierto
En el terreno práctico, China está intentando convertir el concepto de “código abierto y compartido” en una política concreta.
En julio de 2026, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma y otros organismos gubernamentales presentaron durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial un plan de cooperación y desarrollo de IA que abarca ocho ámbitos, entre ellos:
- datos;
- capacidad computacional;
- ecosistemas de código abierto;
- formación de talento;
- reglas y estándares;
- y cooperación internacional.
El plan contempla proporcionar al mundo un acceso más amplio a datos de alta calidad y a ecosistemas de inteligencia artificial de código abierto.
Posteriormente, Xi Jinping propuso durante la cumbre de los BRICS la creación de una “comunidad de inteligencia artificial de código abierto”.
La estrategia china
La estrategia discursiva de China puede resumirse así:
China reconoce que la IA entraña riesgos, pero considera que la gestión de esos riesgos no debe convertirse en una excusa para el bloqueo tecnológico ni para privar a otros países de su derecho al desarrollo.
Para Beijing, el principio de “control humano” significa fundamentalmente control dentro de un marco de soberanía nacional, y no una estructura de gobernanza mundial liderada por Estados Unidos que determine unilateralmente qué debe considerarse “seguro”.
Comparación entre las tres posiciones
| Dimensión | Comunidad científica | Estados Unidos — Administración Trump | China |
|---|---|---|---|
| Principal preocupación | Riesgos existenciales y destrucción del ecosistema cognitivo | Competencia tecnológica y hegemonía frente a China | Derecho al desarrollo, soberanía, seguridad y capacidad de definir las reglas |
| Actitud frente a una “desaceleración” | Reclama una ralentización coordinada | La rechaza y la considera una concesión ante China | No rechaza el control, pero se opone a quedar atrapada en la narrativa de amenaza |
| Modelo de gobernanza preferido | Organismo científico internacional de evaluación, similar al IPCC | Rechazo a la gobernanza global; marcos nacionales, bilaterales o con aliados | Multilateralismo bajo el marco de Naciones Unidas, respetando las diferencias entre políticas nacionales |
| Actitud frente al código abierto | Neutralidad o cautela | Predominio comercial, con preocupaciones de seguridad respecto al código abierto | Defensa activa como instrumento tecnológico y diplomático |
| Lógica fundamental | Principio de precaución | Prioridad de la competencia | Desarrollo primero + control soberano |
El dilema mundial de la IA
La tensión entre estas tres posiciones constituye uno de los principales problemas de la gobernanza mundial de la inteligencia artificial.
La comunidad científica necesita un mecanismo global eficaz para convertir sus advertencias sobre los riesgos en políticas concretas. Estados Unidos rechaza proporcionar ese mecanismo, mientras China intenta llenar ese vacío mediante su propio modelo.
Pero los tres actores chocan en una cuestión fundamental:
¿Qué significa exactamente que una inteligencia artificial sea “segura” y quién tiene derecho a decidir qué es seguro?
Ahí se encuentra probablemente el núcleo del conflicto.
Para los científicos más preocupados por los riesgos existenciales, la prioridad es evitar que la tecnología alcance un punto en el que los seres humanos pierdan el control.
Para Washington, frenar la carrera podría significar entregar a China una ventaja estratégica.
Para Beijing, las reglas de seguridad no deben utilizarse para impedir que otros países desarrollen sus propias capacidades tecnológicas.
La batalla por la inteligencia artificial, por tanto, no se limita a determinar quién construirá el modelo más poderoso.
También está en juego algo más profundo: ¿quién establecerá las reglas de la IA del futuro, quién tendrá acceso a ella y, sobre todo, quién decidirá qué significa mantenerla bajo control humano?
El Ciudadano
