Colombia: testimonios del drama que viven los campesinos olvidados por la justicia

“Aquí en Colombia es raro donde el Estado le dé apoyo a los campesinos

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“Aquí en Colombia es raro donde el Estado le dé apoyo a los campesinos. Siendo de que la comida (sic) que le llega a la mesa de ellos mismos, del Estado, hasta del mismo presidente, es producida por manos campesinas. Un campesino sin tierra no es nada”.

Testimonio de campesino en “Desplazados: historias olvidadas del Cesar

Con ese testimonio comienza el corto documental “Desplazados: historias olvidadas del Cesar”, realizado por el movimiento PAX en Colombia. Trata sobre un grupo de campesinos del corredor minero del departamento del Cesar (norte), víctima de desplazamientos forzados y otros hechos victimizantes.

Pero, su historia puede repetirse en cualquier otro departamento. Colombia es el país más desigual de Latinomérica en tenencia y distribución des tierras, según un estudio de la ONG Oxfam International de 2018. “El 1% de las fincas más grandes ocupan 81% del país. El 80% de la tierra con uso agropecuario está dedicado a la ganadería. Por tanto, solo 20% a la agricultura”, señala el informe.

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Millones de campesinos son desplazados de sus tierras por grupos armados. Imagen: Documental «Sangre y Tierra»

Un caso reciente se remonta al departamento de Antioquia. Desde julio pasado, “campesinos reclamantes de tierras en los corregimientos de Macondo y Blanquiceth son víctimas de amenazas, agresiones y presiones por parte de los administradores de la Hacienda Flor del Monte, que está en disputa judicial”.

“Los administradores, acompañados de hombres armados, exigen la entrega del 50% de los predios habitados por los campesinos, víctimas de violaciones de derechos humanos, desplazamientos y despojos”. Así lo denunció la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, que trabaja desde hace décadas con ellos. Su propósito es promover la paz, la justicia y el cambio político no violento.

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La reforma agraria es una demanda histórica del sector campesino. Imagen: Documental «Sangre y Tierra»

El sueño de los campesinos colombianos

Precisamente, la reforma agraria es una exigencia del pueblo colombiano desde el inicio del conflicto armado, por allá en 1960. Incluso, fue el primer punto que se negoció en el Acuerdo de Paz, firmado en 2016 entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia — Ejército del Pueblo (FARC-EP).

El día de la firma nació la esperanza de una reforma agraria en el Congreso. Pero, rápidamente murió al llegar Iván Duque a la presidencia, en agosto de 2018, debido a su irrespeto de cada punto del acuerdo. Incluso, hasta obligó a una facción de las FARC a retomar las armas, cansados de ser víctimas de persecuciones y asesinatos selectivos.

La Reforma Rural Integral planteaba, entre muchos aspectos, “crear una bolsa de tierras de distribución gratuita y devolver sus terrenos a los campesinos despojados durante el conflicto armado”. Lamentablemente, con el uribismo al poder sucede lo contrario: en lugar de restitución de tierras se ejecutan cientos de despojos ilegales por parte de terratenientes.

En junio, el medio colombiano Contagio Radio reseñó: “Magistrados de restitución de tierras fallaron a favor de campesinos y comunidades étnicas despojadas de sus predios”. El hecho está documentado en 5.611 sentencias entre 2012 y 2020.

“Como resultado, 66 empresas — multinacionales, agroindustriales, mineras — beneficiadas generalmente por la violencia paramilitar, fueron condenadas a restituir tierras, suspender títulos mineros y anular hipotecas bancarias”.

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Los líderes campesinos son víctimas de asesinatos selectivos, amenazas y desapariciones. Imagen: Documental «Sangre y Tierra»

Lamentable política de Estado

Todo esto sucede en un país, citando al canciller venezolano Jorge Arreaza, cuyo gobierno “hizo de la mentira una política de Estado”. “No saben de campos de mercenarios en su territorio. Tampoco son responsables del fracaso del acuerdo de Paz, ni de asesinatos a líderes sociales y de masacres. No financian paramilitares, no aumentan la producción de drogas”, todos hechos de conocimiento público que pretenden evadir.

Pero, el Gobierno de Duque en lugar de hacer cumplir esas sentencias a favor de los campesinos, es cómplice de quienes roban sus tierras. Peor aún, lleva los falsos positivos de Uribe al plano agrario, contra los mismos campesinos de Colombia.

“Estoy en la lucha, afortunadamente no me encontraba en la región cuando me fueron buscar. Me mandaron a decir que no me iba a pasar nada malo, pero que no fuera más nunca. Y me robaron todo el ganado, regalé las tierras por un valor insignificante”.

Testimonio de campesino en “Desplazados: historias olvidadas del Cesar

A finales de 2019, Contagio Radio denunció el encarcelamiento de nueve líderes reclamantes de tierras de la zona rural de Guacamayas, en Turbo. El delito, presuntamente, fue no haber cancelado la deuda contraída cuando le restituyeron sus predios.

“Nos preocupa que se esté configurando un falso positivo judicial”. Así lo denunció la Fundación Forjando Futuros y el Instituto Popular de Capacitación. En esa ocasión, el fallo desconocía que esos campesinos son víctimas del conflicto armado.

La Corporación Nacional de Líderes Sociales y Víctimas de Colombia también abordó el caso. “Son empresarios y ganaderos que están tomando retaliaciones y presión por esos territorios”, en complicidad con los bancos y el Gobierno.

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Los nueve líderes reclamantes de tierras de la zona rural de Guacamayas que fueron encarcelados. Imagen: El Espectador

Claves para entender la crisis agraria

El estudio de Oxfam (2018) enumera algunas claves para entender por qué Colombia es el país más desigual de América Latina en materia agraria:

  1. Al menos 1 % de las fincas de mayor tamaño tienen en su poder 81 % de la tierra.
  2. El 0,1 % de las fincas que superan las 2.000 hectáreas ocupan 60 % de la tierra.
  3. El 42,7 % de los propietarios de los predios más grandes desconocen el origen legal de sus tierras.
  4. Las mujeres solo tienen titularidad sobre 26 % de las tierras.
  5. De 111,5 millones de hectáreas censadas, solo 43 millones (38,6 %) tienen uso agropecuario.
  6. De esas 43 millones de hectáreas, 34,4 se dedican a la ganadería y solo 8,6 a la agricultura.
  7. Los predios de más de 1000 hectáreas dedican 87 % del terreno a ganadería y solo el 13 % agricultura.
  8. Un millón de hogares campesinos viven en menos espacio del que tiene una vaca para pastar.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en 2019 la población rural alcanzaba los 11 millones. La mayoría se dedica a actividades agropastoriles. Y, para mayo de 2020, el 87 % de ellos atravesaba dificultades económicas a consecuencia de la pandemia. ¿Cómo será esa estadística hoy que Colombia se ha convertido en un nuevo foco de coronavirus en el mundo?

A pesar de ello, Colombia no es objeto de debate en las grandes cadenas de comunicación por este asunto. En tiempos de coronavirus, cuando la situación del sector rural se agrava, ni siquiera Duque responde por esta alarmante situación. En cambio, concentra su atención en promover una condena internacional contra Venezuela. ¿Será que la situación en el país vecino es peor?

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(In)Visibilización campesina en Colombia

En materia agraria, el gráfico muestra que los campesinos en Venezuela están muy alejados de vivir una situación tan desigual como la de Colombia. Claro, eso no niega que el venezolano padezca dificultades sociales y económicas en medio de la crisis sostenida que afecta al país.

Para comenzar, los principales estados agrícolas venezolanos tienen índices muy bajos de contagio: Guárico, Portuguesa, Cojedes, Barinas, Trujillo y Mérida. Las únicas excepciones son Táchira y Apure, pero sus números se han inflado debido a que son estados fronterizos. Por su ubicación, la mayoría de los contagios son venezolanos que regresan infectados, precisamente, desde Colombia.

Entonces, mientras Duque invisibiliza la situación, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, llama a reimpulsar la Gran Misión Agrovenezuela, para estimular la producción alimentaria y dar facilidades y apoyo a los trabajadores del campo, con todas las medidas de bioseguridad necesarias.

Además, convoca su tren ejecutivo a reuniones con los movimientos socioproductivos, campesinos y comunas productivas. El objetivo es conocer y analizar sus realidades.

Al final, los gobiernos de Venezuela y Colombia son dos polos opuestos en cuanto al trato que dan a los campesinos. Mientras el primero les ofrece apoyo, el segundo los condena al olvido, al desprecio popular. Casualmente, así lo refleja esta última cita del corto documental de PAX, que además dejamos (arriba) para su disfrute.

“Uno lleva el desprecio de la gente, por ser campesino es discriminado. Porque para la gente de la ciudad parece que el campesino salió de sus tierras por malo. Pero no sale por malo, sale porque la gente mala ataca para quedarse con el tesoro que hay en sus tierras”.

Testimonio de campesino en “Desplazados: historias olvidadas del Cesar

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