Al fascismo no le gustan los defensores de Derechos Humanos y a los Kast menos

Lo anecdótico de la última 'Kasteada', por así decirlo, en esta ocasión y como casi siempre, deja ver con mayor claridad lo que pudo suceder en el país y sufrido en carne propia todo Chile.

Fascismo

Casi a diario llegan malas noticias desde Colombia sobre masacres y asesinatos, donde las víctimas del fascismo —en su gran mayoría— suelen ser luchadores sociales, activistas medioambientales, indígenas, campesinos, afrodescendientes, migrantes, niños, mujeres y defensores de los derechos humanos.


Estos sucesos engrosan cada vez más las listas mortales que en el caso colombiano requiere sumar decenas de miles de desplazados y desaparecidos, víctimas del conflicto armado interno, el paramilitarismo, el narcotráfico y la ejecución de falsos positivos, donde la extrema derecha y el fascismo siempre son protagonistas y victimarios.

Así se enarbolan las banderas del supremacismo, del extremismo de derecha, que no solo suele ser mentiroso y tramposo, sino también capaz de hacer lo que sea necesario para erradicar al adversario y sobretodo silenciarlo a como dé lugar.

Esta vez la mala noticia no viene del territorio colombiano sino desde el propio seno del Congreso Nacional de Chile, que justo en medio de una transformación popular y cuando la gran mayoría del país impulsa un cambio de camino hacia un nuevo ciclo histórico, ha decidido —una vez más— ir en contra de la voluntad ciudadana, al dar un terrible traspié dentro del legislativo tras pisar el señuelo que, con su cara bien lavada, ha dejado uno de los Kast, el sobrino del excandidato presidencial que perdió contra Gabriel Boric, el mismo que es senador y se llama Felipe.

Felipe, estaba enfrascado (o quizá lo sigue estando casi a modo de obsesión) con la idea de silenciar una de las pocas voces que desde el Congreso chileno se alzan contra el fascismo, la mentira y la manipulación mediática, mientras defiende —a toda costa— el respeto a los Derechos Humanos y la calidad de vida de los chilenos. Es que las palabras del senador Alejandro Navarro siempre han resultado incómodas para la derecha y más aún para la extrema.

Esta postura de la familia Kast no es casual ni mucho menos sorprende. Lo anecdótico de la última ‘Kasteada’, por así decirlo, en esta ocasión y como casi siempre, deja ver con mayor claridad lo que pudo suceder en el país y sufrido en carne propia todo Chile si el tío de Felipe, José Antonio, hubiese llegado a la Presidencia: Los Derechos Humanos de todos terminarían «censurados» de un plumazo y seguramente se habrían ido al traste.

¿El golpe del fascismo fue contra Navarro o contra Chile?

El pasado martes, 25 de enero de 2022, Felipe Kast, el sobrino de José Antonio, el tío con el que de vez en cuando se pelea pero también le aplaude, realizó una turbia maniobra dentro del senado para sacar de la Presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de Chile al senador Alejandro Navarro, el mismo congresista de la Región del Biobío, que también es profesor de Filosofía y que se ha atrevido a llevar la verdad de naciones atacadas por EE.UU. y sus gobiernos cómplices, contra países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, donde sus poblaciones han sido víctimas del acoso sistemático contra sus derechos fundamentales a través de la imposición de bloqueos comerciales y financieros, medidas coercitivas unilaterales y sanciones que han deteriorado su calidad de vida, obligando a muchas familias a tomar nuevos rumbos en el extranjero para tratar de huir de las adversidades —fundamentalmente económicas— que les ha tocado vivir por la acción de la ultraderecha.

Los argumentos de Felipe Kast y sus acompañantes para sacar al senador Navarro de la presidencia de la Comisión de DD.HH. no tuvieron que pensarse mucho. Tomaron la narrativa de su presidente saliente, Sebastián Piñera, misma utilizada por otros voceros de la extrema derecha suramericana como Iván Duque y Luis Almagro. Seguramente copiaron el contexto de unos que otros medios que acompañan la línea editorial contra Cuba, Nicaragua y Venezuela, y repitieron el discurso que emite EE.UU. recurrentemente contra estos países, tal y como lo señalaba el principal propagandista nazi Joseph Goebbels con su terrible pero afamada frase «una mentira mil veces dicha, se convierte en una gran verdad».

En su última treta, a Felipe solo le bastaron unos cuantos segundos para darle la estocada a la voz defensora de los DD.HH. en el senado de Chile. Con unos cuantos cómplices, armó una sesión con un presidente «incidental» para proceder a la censura en contra del senador Navarro, un hecho que tras concretarse, lo divulgó como un gran logro y a todas luces en sus redes sociales.

«Costó, pero se logró. Censuramos a Navarro», dice un video de Felipe Kast colgado en Twitter, donde además dijo que «finalmente» el Senado estaba «a la altura», porque habían logrado «censurar» y «destituir» a un defensor de DD.HH., pero que según él, hacía «justicia» con las «miles de víctimas» de las «violaciones» en Venezuela, Cuba y Nicaragua, mismas que han auspiciado personajes que la familia Kast suele apoyar, como es terrible caso de Juan Guaidó, quien ha radicalizado la promoción del bloqueo total contra los venezolanos y la migración venezolana.

¿Por qué silenciar a Navarro?

Una naturaleza de los Kast es, sin duda, arremeter contra los DD.HH. El caso del senador Navarro además lo deja muy claro. En el parlamento chileno Navarro se dedicó de manera sistemática a denunciar los abusos que se cometían una y otra vez contra los chilenos que salieron a protestar contra el régimen de Piñera y sus decretos impopulares que terminaron de levantar las voces de las mayorías que históricamente estuvieron discriminadas y silenciadas, las mismas que le dieron la victoria presidencial a Boric y que dejaron con las ganas a José Antonio.

El senador Navarro también fue uno de los pocos en defender los DD.HH. de los ciudadanos que sufrieron la represión y brutalidad policial representada por los carabineros, que mostró su peor momento cuando mucho de los ciudadanos que se manifestaron masivamente contra Piñera fueron atacados violentamente que perdieron sus ojos, otros terminaron con lesiones graves y se ejecutaron detenciones ilegales y arbitrarias contra activistas que ahora son presos políticos, y que se suman a las innumerables violaciones cometidas contra la población por el gobierno.

Callar la voz de Navarro en el senado y sacarlo de la plataforma que representaba la Comisión de DD.HH., más allá del hecho de censura que implica en sí mismo, es una clara sentencia de la extrema derecha a quien se atreva a asumir la verdad y reclamar los derechos fundamentales de la población en un régimen que más que capitalista es de carácter fascista, mientras se escuda en la supuesta prosperidad económica que ha dejado a millones de chilenos en la franja de la pobreza y la desigualdad.

La voz incómoda de Navarro, al silenciarla en el Congreso, o «censurarla» como ellos mismos dicen, no es más que una advertencia para los ciudadanos chilenos sobre cómo es el verdadero accionar de la extrema derecha y sobre todo de la familia Kast, que ha dejado claro que su ego se llena cada vez que se le da un golpe a la dignidad, a la moral, mientras avanza el fascismo y el fantasma del pinochetismo en Chile.

Por si queda duda, solo hay que revisar la reacción que tuvo José Antonio, el tío de Felipe cuando terminaron destituyendo a Navarro de la Comisión. «Una buena noticia entre tantas tragedias», aunque no mencionó cuál o si hacía mención a la derrota del fascismo frente al izquierdista Gabriel Boric.

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