Guachita Culebra: El nuevo concepto que mezcla aire libre y naturaleza con una barra alucinante en Providencia

El local, por ahora, solo funciona con reservas a través de la cuenta de Instagram @guachitaculebra, pero si tienes fortuna y crees en los milagros, podrías encontrar una mesita disponible.  

Por El Ciudadano

10/10/2023

Publicado en

Chile / Sabores Ciudadanos

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Por: Álvaro Bustos Barrera

Mientras visitaba hace unos días la Feria Gastronómica Food & Service en Espacio Riesco, lugar que congregó a los principales exponentes de la industria alimentaria y nuevas propuestas de licores y destilados, escuché sin querer queriendo como decía el popular personaje del Chavo del Ocho, una conversación entre dos jóvenes de unos 30 años de edad, donde mencionaban el hallazgo y apertura reciente de un bar en Providencia y que está en boca de muchos visitantes que frecuentan el sector.

Con algo de dificultad, pero con certeza logré oír el nombre del cual hablaban las dos mujeres en una de las filas del Pabellón de Vinos y Licores: “Guachita Culebra” dijeron. Solo con el nombre me entró curiosidad y comencé a averiguar horarios y dirección, para agendar una visita y entregar mi experiencia en Sabores Ciudadanos. 

A las 19:30 horas de un jueves a fines de septiembre, me encaminé por calle Pérez Valenzuela hasta llegar a General Flores #180, donde se enclava una imponente casona en un sector que cuenta con una variada oferta gastronómica y conocidos bares. A mi encuentro una señorita que se empinaba en unos 25 años y con una amabilidad sacada de un manual de protocolo, quien me preguntó si tenía reserva, sin embargo, mi respuesta fue que no. Pese a mi negativa, logré mi propósito y me indicó un lugar que podía ocupar.   

Me senté en una mesa a la entrada, la número 53, y en breve se acercó otra muchacha, quien amablemente me ofreció un saludo de bienvenida y me invitó a escanear la carta con el código QR. Mientras lo hacía, a su vez, me permití echar una mirada por la antigua casona de color blanco, un llamativo neón con letras rojas en la entrada y el nombre del local, tres enormes cuadros en un pasillo y una imponente lámpara de lágrimas que ya quisiera tener en mi living.  

La terraza puede albergar a unas 150 personas fácilmente y cuenta con una amplia variedad de árboles y plantas, incluyendo una parra que se dejó para reconstruir una especie de patio típico chileno. 

Su dueño, Felipe Carrasco, el mismo del bar “Gracielo”, cuenta que el curioso nombre “Guachita Culebra” es en honor a su abuela Graciela (QEPD), a quien le decían de esta forma debido a su apariencia cuando pequeña: delgada y con largas trenzas.  

Sin duda que uno de los puntos fuertes del lugar es su gran barra, una especie de escenario donde tres bartender hacen maromas y preparan los brebajes con especial cuidado y profesionalismo. Instancia que permite a la clientela observar el espectáculo y quedar, a ratos, hipnotizada con la destreza de Simönna Van Dort, la jefa de barra y sus compañeros, Daniel Alarcón y Nelson Gómez.  

Transcurridos unos minutos, la garzona a cargo de mi mesa me observó con especial atención y me preguntó si ya tenía decidida mi orden. “Iré por el Pilpil de camarones ($11.900) y una copa generosa de carmenere, por favor ($4.900)”, le dije con entusiasmo. “De inmediato”, retrucó mientras se alejaba rumbo al patio central, sin antes acomodar una mesa para cuatro personas que venían llegando, aparentemente a celebrar un cumpleaños. 

La demora del pedido fue algo más de 25 minutos, un tiempo algo prolongado, sin embargo, la espera valió la pena. Los camarones montados en un librillo que aportó buena temperatura, de buen calibre, bien sazonados, trozos de ají cacho de cabra, pequeños champiñones shiitake y la clásica verdurita, en este caso, cilantro, que dio aroma y color a la preparación, más unas rebanadas de pancito. La combinación de las gambas con el vino resultó ser un acierto para alguien que venía con apetito, por lo que recomiendo esta opción a ojos cerrados.   

Antes de acabar con el último trozo de pan que unté con esmero en el juguito que aún quedaba en el platillo de greda, vi cómo iban llegando grupos de amigos y parejas, quienes eran guiados de manera muy ceremoniosa rumbo a la zona donde todos quieren estar: frente a la barra, ahí donde nace la magia de los cocteles, como el Lady Boa, Pitón Sling, la Bejuquilla, White Snake, entre otras sofisticadas preparaciones.        

Bárbara, la chica que me atendió desde mi llegada y que además es la encargada de los garzones, nuevamente se acercó para preguntarme qué tal había estado mi plato y aprovechar de ofrecerme algo más. “Me gustaría probar unas de las hamburguesas, BaconLover ($8.900) y acompañarla con una cerveza Austral Lager ($3.600), ¿será posible? “Por supuesto que sí”, me dijo.  

La cocina culebra, a cargo de Lucas Peralta y su equipo, han querido combinar sabores tradicionales, pero con un toque innovador y fresco como el Crudo de lujo ($11.900), Porcinas crujientes ($9.900), las empanadas elaboradas por ellos mismos de camarón fundido (4 unidades) o de setas y queso (4 unidades) ($6.900), Cevichazo ($11.900), Tiradito de salmón ($11.900), entre otras. 

También tienen opciones para compartir, como las Papas & culebra ($12.900), Papas de las huertas ($12.900) o la Charcutería guachita ($18.900). 

No cabe dudas que “Guachita Culebra” pasa por un buen momento, pese a su corta vida. Abrió sus puertas recién la primera semana de septiembre y, al parecer, la voz ha corrido vertiginosamente por la muchachada, siempre ávida de espacios donde reunirse y validarse entre sus pares, vivir entretenidos momentos y celebrar lo que se venga en gana.  

Su apuesta moderna, en un sector tranquilo de Providencia y su enorme barra junto a sus cuatro lámparas colgantes que parecen sacadas de un cuento, más la vitalidad y cohesión de sus bartenders, hacen de la experiencia un recuerdo que de seguro podría hacerte volver.   

El local, por ahora, solo funciona con reservas a través de la cuenta de Instagram @guachitaculebra, pero si tienes fortuna y crees en los milagros, podrías encontrar una mesita disponible.  

Levanto mi mano buscando a Bárbara para pedir mi cuenta. El local está a tope de gente y denota festividad en cada rostro que alcanzo a ver desde mi puesto. Me despido satisfecho y me quedo pensando en cómo sería la abuelita Graciela e imaginando su delgadez y sus largas trenzas que dieron origen a este nuevo bar.   

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