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La Salud enferma


Tras la bochornosa inauguración del hospital de Curepto detonó la investigación de las deficiencias en los hospitales: la comisión investigadora de la Cámara de Diputados sobre la crisis hospitalaria reveló un desolador panorama. El 80 por ciento de la población se atiende en consultorios, postas y hospitales públicos cuyo desmantelamiento inició la dictadura para reemplazarlos por un sistema de seguros privados.

Redujo el presupuesto a menos de la mitad, los salarios a menos de la tercera parte y despedazó el Servicio Nacional de Salud. Más de un tercio de la población se incorporó a las Isapres, que hoy atienden al 15 por ciento de la población de mayores ingresos. La deuda de los hospitales -entre enero y septiembre de 2008-, es diez veces mayor a la de 2007, el peor déficit desde 1990. En el Hospital del Salvador a veces no hay oxígeno. En el Hospital San José no hay suturas. Otros hospitales reducen gastos en medicamentos, exámenes, camas o en especialistas. Además, no hay control del Plan de Acceso Universal con Garantías Explícitas en Salud, conocido como Auge.

“Tras la reforma no se sabe cuánto más se está haciendo, si es mejor, o cuánto se está dejando de hacer por privilegiar ciertas patologías. Se dice que seis millones se han atendido en el Auge, ¿pero cuántos se atendían antes en esas patologías? No queremos que sigan incorporando enfermedades al Auge si no sabemos lo que pasa. Vemos un sistema sobresaturado, en equilibrio precario y en un colapso casi permanente”, dijo, entrevistado por un canal de televisión, Pablo Rodríguez, presidente del Colegio Médico.

En 2006 la deuda hospitalaria era de 552 millones de pesos. Hoy sólo el Hospital San José tiene un déficit de 6 mil millones que podrían llegar a 9 mil millones a fin de año. El déficit golpea principalmente a los Servicios de Salud Norte, Sur Oriente y Sur de Santiago, Valparaíso, Antofagasta, Coquimbo, Maule, Concepción y Araucanía Sur. Falta de insumos y personal se hacen crónicas. Según el Ministerio de Salud (Minsal) el déficit se agrava por la derivación al sistema privado. “Según la Superintendencia de Salud, de acuerdo con el presupuesto de 2006 se gastó 307.741 millones, de un presupuesto de 1.232 mil millones: eso significa un 25 por ciento, en financiar atención privada a través del mecanismo de ‘libre elección’. Esa cifra excluye la compra que hacen hospitales o servicios de salud por concepto de las patologías Auge y no Auge. Un tercio del presupuesto de salud del sector público, el 35 por ciento, se destina a pagar atenciones compradas al sector privado. Esto es una privatización encubierta”, dice el doctor Manuel Ipinza Riveros, presidente de la Sociedad Chilena de Salubridad Pública.

El director del hospital de Talca renunció por la falta de recursos. En los últimos doce años se han perdido tres mil camas en los hospitales públicos y se estiman en 1.700 las faltantes. Su carencia impacta, pues los pacientes son derivados a clínicas privadas y Fonasa cancela aranceles más altos que en la red estatal. “El 2006, en el sistema nacional de Servicios de Salud había 3.485 camas menos que en 1985. Según el Ministerio de Salud, en diciembre de 2007 las camas disponibles habían disminuido a 26.024. La tendencia persiste”, añade Ipinza. “En 2007, de acuerdo a los estándares del Minsal, había un déficit de cien camas de Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y 336 camas de Unidad de Tratamientos Intensivos (UTI). Déficit importante, de acuerdo a los estándares del Ministerio que toman como referencia a España, el país europeo menos exigente en esta materia. Estudios de tendencia sobre inequidad en Salud son bastante claros en señalar que algunos indicadores empiezan a mostrar signos de estancamiento o deterioro, evidenciando que el sistema ya no da para más”, agrega.

La crisis en el Hospital del Salvador

El Hospital del Salvador prácticamente se cae a pedazos. Se construyó en  un solar del Convento de la Merced, debido a la preocupación del Estado por la mortalidad infantil y las epidemias de viruela y cólera. La primera piedra se puso en 1872, pero debido a la guerra de 1879 su construcción se inició en 1888. El terremoto de 1985 destruyó algunas dependencias declaradas monumento nacional. A partir de 2002, el servicio de maternidad se trasladó al Hospital Luis Tisné, en Peñalolén. Hoy por los sombríos pasillos se habla del escándalo de los casos de VIH no notificados, que costaron la renuncia a la ministra Soledad Barría y que pusieron en ese cargo al doctor Álvaro Erazo. En el Hospital del Salvador trece personas no fueron notificadas, pese a que se les detectó VIH en septiembre de 2007. Según el Minsal los casos no notificados son 512, aunque podrían llegar a más de mil. Persisten las molestias por las notificaciones express que se han realizado desde que estalló el escándalo.

En este hospital hay “graves problemas de infraestructura, recursos humanos, disponibilidad de camas y de organización”, dice Raúl Villanueva Zuleta, kinesiólogo, dirigente de la Asociación de Profesionales Universitarios de la Salud (Aprus), organismo de base de la FENPRUSS. “Cuando se cambió el modelo de atención, que antes era por servicio, a una atención progresiva, se generó un caos. La infraestructura es antigua, hay sectores inhabilitados, urge más espacio físico”, dice. Marcelo Sepúlveda Benavente, presidente de la Aprus del Hospital del Salvador, agrega: “Hay graves problemas de gestión. Atendemos cada vez más población del área oriente de Santiago. Es demasiada la demanda. Pero la UCI sólo tiene ocho camas. Gestionar la pobreza es difícil. En vez hacer una UCI nueva o aumentar las camas, mandan pacientes al sector privado, que es más caro”. Denuncia que por años se han hecho proyectos, “uno tras otro, gastando millones, ideando lo que se llamó el Complejo Salvador Infante. Se puso la primera piedra cinco veces. Por años se instalaron oficinas con personal ministerial para que después dijeran que era inviable o que no hubo acuerdo con el municipio, mientras los pacientes siguen requiriendo el servicio que todavía no les podemos dar”.

Según los trabajadores, cada día llegan enfermos más graves y ancianos. Es preocupante el aumento de la población de adultos mayores con enfermedades crónicas y degenerativas. No hay hospitales especializados en pacientes crónicos o servicios de geriatría especializados. “Es ínfima la cantidad de profesionales y personal de todo tipo. Estamos muy lejos de funcionar de buena forma. En las noches, en la unidad de cirugía y en la de medicina quedan sólo tres enfermeras para cientos de pacientes. Los fines de semana es igual. Es imposible dar una atención de calidad. La Unidad de Cuidados Intensivos no cuenta con las enfermeras necesarias que den cuenta de la complejidad de los pacientes”, dice Marcelo Sepúlveda. “Faltan medicamentos y los equipos son muy antiguos. Estoy a cargo de la ventilación mecánica y sólo hay cuatro ventiladores funcionando bien. Hace años vienen prometiendo una UCI nueva”, agrega.

La deuda reconocida por el director del Hospital del Salvador, Francisco Peragallo -quien se excusó de recibir a PF-, es de más de 1.500 millones de pesos. “No sabría decir si el doctor Peragallo es culpable de lo que ocurre acá. Con pocos recursos se hace mucho. Prácticamente no se generan recursos. Mientras más atendemos, más deuda tenemos. No sabemos qué ocurrirá a partir de enero de 2009 con la ley de autogestión hospitalaria. Ahí se verá si el problema es estructural o de mala gestión. Creo que la autogestión va a ser un fracaso. Hay temor que se eche mano al recurso humano y se externalicen aún más los servicios. Pareciera que sólo interesan las ‘cifras azules’ y no resolver los problemas de salud de los pacientes”, agrega Sepúlveda.

Funcionarios y pacientes señalan que en el Hospital del Salvador “no hay nada nuevo”. “Adornan las salas pero la infraestructura es deplorable”. Falta, por ejemplo, una red de aire comprimido y no hay una red de oxígeno completa.

El suplementero Andrés Agram, 54 años, es un paciente del Hospital del Salvador. Hace siete meses padece una hernia inguinal y está a la espera de una intervención. “En el consultorio de La Reina el doctor me dijo que la única solución era una cirugía. Me dio hora para los exámenes. La atención allí es excelente. Pero cuando me presenté en el Hospital del Salvador con los exámenes, no me atendieron. Después llamaron a mi casa diciendo que debía presentarme un día a las 7 de la mañana, en ayunas, que me iban a operar. Fui, el médico vio la ficha y me dijo que no había disponibilidad de pabellón. Pasaron meses hasta que me hicieron ir nuevamente a las 7 de la mañana. Me dijeron que no había turno para la operación y que esperara quince días. Eso ocurrió hace cinco meses… No me llaman, no me operan, y mi trabajo agrava el problema. Todos los días de madrugada voy en bicicleta a buscar los diarios. Ahora tengo dos hernias inguinales. La atención en el Hospital del Salvador es mala. Cuando me citaron perdí todo el día. La gente pobre se amanece esperando un número. El hospital está colapsado… Lo último que me dijeron es que era imposible operarme este año. Recién están operando ahora a los pacientes inscritos en los años 2006 y 2007. Dicen que el 2009 puede que me operen”, señala Andrés Agram.

Todos coinciden en que los recursos en salud son insuficientes, mientras, el sistema sigue colapsando. Debería haber tres mil médicos para la atención primaria y sólo hay la mitad. Hay 37 ambulancias en el Sistema de Atención Médica de Urgencia (SAMU) -la mayoría en las postas que las retienen para ocupar las camillas y hospitalizar en los pasillos-, pero se necesitan 200.

Aunque la deuda hospitalaria llega a 66 mil millones de pesos, el gobierno está empeñado en dar el vamos a la autogestión hospitalaria. Aún el 80 por ciento de los centros de salud no cumple los parámetros mínimos. Las autoridades sostienen que se ha avanzado: se inauguraron 31 centros de salud familiar y 44 centros comunitarios de salud en los últimos dos años, aumentó la dotación en casi un 50 por ciento desde el 2000. La Superintendencia de Salud advirtió atrasos en el Plan Auge que llegarían hasta el 20 por ciento.

Raquel Carvacho Zapata, vicepresidenta de la Confederación Nacional de los Trabajadores de la Salud (Confenats), trabaja hace 41 años en el Hospital del Salvador: “El problema es la falta de personal. Aumentan los pacientes pero no las camas. Hay cada vez más ancianos con distintas patologías. Falta fluidez para hospitalizar. ¿Dónde colocas camas si no hay infraestructura? ¿Con quién atiendes si falta personal? Necesitamos más hospitales y una cultura de ir antes al policlínico, de prevenir enfermedades. Todos van al hospital o a la posta, y esa es una de las razones del colapso, agravado por el aumento de enfermedades Auge y por falta de personal. En dictadura, cuando el paciente se hospitalizaba tenían que traer sábanas y medicamentos, ¿y quién alegaba? Nadie. La salud pública hay que defenderla, los pobres la necesitan”, dice. Médicos hay -aparte de los extranjeros que sobrepasan los dos mil-. El problema es que de los 26 mil médicos dos tercios no están en el sistema público: “Eso ha sido progresivo”, advierte el doctor Manuel Ipinza.

En 2007 el pensionado del Salvador tenía sus veinte camas ocupadas por pacientes comunes del hospital. “Ahora son seis las camas las ocupadas. Se supone que el pensionado genera ingresos. Por lo mismo, colapsan todos los días los servicios de cirugía y traumatología. No hay camas, los días de estadía aumentan, eso abulta la lista de espera que ya alcanza de seis meses a dos años. Quien necesita una cirugía debe esperar hasta dos años, lo que desde el punto de vista de salud pública es grave porque no sabemos cuánto se puede complicar el paciente. En vista de tanta necesidad, y con el aumento del Plan Auge, el hospital ‘compra’ servicios a privados. Tiene convenios con las clínicas Las Condes, Alemana, Indisa, etc., que aumentan los costos del hospital”, dice Raúl Villanueva.

Según Villanueva “no se cumplen los parámetros básicos del modelo de gestión de camas indiferenciadas. No hay ningún sector del hospital del Salvador que tenga dotación adecuada. Nos limitamos a hacer lo que podemos con lo que hay”. En farmacia la escasez de medicamentos es crónica. “Si falta algún medicamento tratan de suplirlo con otro. No tenemos un stock acorde a la gravedad de los pacientes. Cada vez hay más pacientes de mediana y alta complejidad, de edad avanzada. Sus requerimientos no se condicen con la infraestructura o el recurso humano. No hay personal especializado para atender pacientes de alta complejidad. La carga de trabajo es muy grande. Hace un año se denunció una plaga de ratones en el sector que quedó abandonado tras la salida de la maternidad al Hospital Luis Tisné. No hay voluntad de reutilizar o modernizar la infraestructura. Hay espacios, pero faltan recursos para habilitarlos”, dice Marcelo Sepúlveda.

No hay suturas

En el Hospital Sótero del Río se han producido incidentes por el colapso del servicio de Urgencia. En el Hospital San José se suspendieron cirugías por falta de suturas. En este último, la espera de un paciente puede llegar hasta nueve horas. El Colegio Médico ha pedido frenar la autogestión hospitalaria hasta que se solucione la deuda de los hospitales. En el Hospital de Arica se quedaron sin recursos en mayo y los proveedores ya no otorgan más crédito. La deuda va en 1.000 millones. Trabajadores del Hospital Sótero del Río denuncian la muerte de pacientes por falta de atención en el Servicio de Urgencia. Héctor Calfuleo, dirigente de la Federación Nacional de Trabajadores de la Salud (Fenats), dice: “Dos pacientes que llegaron derivados de consultorios, fallecieron en la sala de espera”. Ante eso, los funcionarios paralizaron y se enfrentaron con los guardias que intentaban impedir el acceso de la prensa. En el Hospital San José se suspendieron las operaciones. Luis Morales González, presidente de Fenats, dice: “La falta de suturas pone en riesgo la vida de pacientes”. Denuncia atenciones y hospitalizaciones en pasillos, y la incapacidad de derivarlos a otros centros asistenciales o pasarlos a sala. “Hay déficit en insumos, camas, especialistas, recursos humanos, atención oportuna. Aumentan las listas de espera de pacientes no Auge, colapsan los servicios de urgencia. Los 1.400 funcionarios del San José se hacen pocos. El principal problema es la deuda. Hay problemas de gestión y administración. Eso ha llevado al endeudamiento e influye en la atención. Se satura el servicio de Urgencia porque no funciona como debería la red asistencial que prometió el Plan Auge. No hay atención oportuna. Se suspendieron las operaciones en tres pabellones quirúrgicos. No había los insumos que debieran estar siempre. El hospital debe tanto dinero a quienes le proveen insumos y fármacos, que ya no le despachan. Eso repercute en nuestro trabajo y en quienes esperan meses para operarse”, dice. “Hay turnos que no se pueden cubrir porque la gente está reventada. Solución para que el San José funcionara bien era construir un hospital en Quilicura, pero el gobierno no lo hizo. Ahora no damos abasto. Además, no se respetan derechos, las jefaturas imponen criterios y no les interesa el trabajo en equipo. La autogestión hospitalaria es la antesala de la privatización. Terminarán privilegiando a quienes puedan pagar por operaciones y tratamientos. La crisis no tiene salida en el sistema actual”, agrega Carlos Valenzuela, secretario de la Fenats en el hospital San José.

Por Arnaldo Pérez Guerra

* Versiones de este artículo fueron publicadas también en Punto Final y www.elclarin.cl

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