Los huertos comunitarios han dejado de ser considerados únicamente espacios para producir alimentos.
En los últimos años, investigaciones han vinculado la participación en estas actividades con mejoras en el bienestar psicológico, la reducción del estrés y el fortalecimiento de los vínculos sociales. Pero, en Chile estas iniciativas enfrentan dificultades para mantenerse, debido principalmente a la falta de financiamiento y a una casi inexistente coordinación entre instituciones.
El tema fue abordado en el policy brief titulado «Huertos comunitarios como una herramienta social para la promoción de la salud mental», publicado por la Unidad de Transdisciplina, Redes e Interfaz de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la U. de Chile.
El documento reúne evidencia científica y experiencias nacionales e internacionales para proponer recomendaciones que permitan incorporar los huertos comunitarios a las políticas públicas de promoción de la salud mental.
La autora principal, Cecilia Baginsky, integrante del Grupo Transdisciplinario para la Investigación, Docencia y Extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), explica que el interés por la temática surgió a partir de experiencias de trabajo con comunidades, en las que observaron que los beneficios de los huertos trascendían la producción agrícola.
«Nosotros hicimos el huerto porque queríamos enseñar a la gente a producir sus alimentos, pero no teníamos incorporado el concepto de salud mental ni cohesión social», cuenta la investigadora.
Desde la perspectiva de la salud mental, Joan Calventus, psicólogo del Programa de Salud Mental, Promoción de la Salud y Participación de la Facultad de Medicina de la U. de Chile y coautor del documento, identifica 3 mecanismos fundamentales: el fortalecimiento de los vínculos sociales, la construcción de identidad colectiva y el contacto con la naturaleza.
«El huerto comunitario es un espacio convocante donde realizar una práctica que combina actividad física, contacto con la naturaleza y trabajo colectivo», destaca el académico.

Para la especialista en agricultura Cecilia Baginsky, estos beneficios comenzaron a hacerse evidentes durante un proyecto desarrollado desde 2015 en la comuna de Macul, donde participaron de manera activa personas mayores, cuidadoras y vecinos que encontraban en los huertos una oportunidad para compartir experiencias y disfrutar del contacto con la naturaleza.
Estas observaciones, junto con su experiencia docente y la colaboración con integrantes de GTOP, de la Cátedra de Agricultura Campesina y especialistas de la Facultad de Medicina, contribuyeron a ampliar el enfoque inicial de la agricultura comunitaria hacia la promoción de la salud mental.
Sobre el escenario nacional, Baginsky advierte que existen muchas iniciativas, pero están fragmentadas, por lo que uno de los principales desafíos es asegurar que los huertos permanezcan cuando termina su financiamiento o se retiran las personas que originalmente los impulsaron.
Frente a este diagnóstico, el equipo identifica el proyecto de Ley de Huertos Urbanos como una oportunidad para fortalecer su reconocimiento. Aunque la iniciativa contempla fines productivos, educativos, ambientales y ciertos usos terapéuticos, el policy brief propone incorporar explícitamente la promoción de la salud mental entre sus objetivos.

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