Nunca nos dejaremos de sorprender con las estrategias de los dictadores para engañarnos, sin embargo siempre es bueno recordar aquellos sucesos que nos convirtieron en un país dividido, asesinado, torturado y también muerto. Porque sus actores no son ficciones de una pesadilla sino personas de carne y hueso que se levantaron a punta de cañón para robarnos la dignidad y los ahorros vestidos de una rigurosa nacionalidad que les quedó como poncho.