El discurso de Obama, sus palabras, pero más que todo la realidad de sus administraciones demostró, que más allá del color de la piel, que si es hombre o mujer, abogado o multimillonario, más allá que si su partido es representado por un elefante o un burro, el mandatario estadounidense es, ante todo, el representante del complejo militar industrial, de los poderosos de la nación norteamericana