Tragicómico resulta observar la publicidad política. Las absurdas y mentirosas promesas de quienes buscan ser nuestros representantes, la danza de millones que se desbarata en papelería y palabrería en una contienda en que los partidos políticos, si bien están presentes, prefieren soslayar su identidad detrás de los rostros maquillados y rejuvenecidos de los contendientes.