Después de que se tomara la decisión de construir el Canal de Nicaragua, el Departamento de Estado de EE.UU. empezó a materializar su plan de desestabilización de América Latina y justificó su intervención en los asuntos de los países de la región alegando preocupación por la presunta violación de los derechos humanos en la zona, afirma el periodista y politólogo Ígor Ignátiev.