El lema de Trump: Make America Great Again (“haz a Estados Unidos grande otra vez”), es homologable al discurso planteado por Ronald Reagan en su campaña electoral de 1981. “Estados Unidos debe recuperar su condición de factótum del mundo libre, luego podrá consultar a los aliados”.
Lo más probable es que el acuerdo dure poco, y si no se encuentra una solución global (que por lo tanto incluya a Gaza, Cisjordania y, de hecho, a Irán), el conflicto está inevitablemente destinado a estallar de nuevo.
La victoria de Trump por segunda vez es la mayor derrota que el neoliberal-progresismo ha enfrentado en toda su historia; y en consecuencia es el fin de una forma de hacer política que en los Estados Unidos se había vuelto inamovible desde los años 90.
De los discursos de Trump se puede deducir que le gustaría hacer historia, y puede que se le ocurra la idea de hacerlo «terminando el trabajo» en Cuba (pero también en Venezuela y Nicaragua). Si emprende esa ruta, ya tiene una serie de políticas agresivas que implementó durante 2016-20. Además, disfrutará del control de los republicanos de derecha sobre el comité de asuntos exteriores del Senado.
Es falso aquello de que los ciudadanos siempre tienen la razón. Tal cual lo hicieron ahora los norteamericanos, antes fueron los votantes alemanes, por ejemplo, los que proclamaron a un Hitler.
La hija de Frantz Fanon, autor de 'Los condenados de la tierra', dijo que pasó las últimas dos semanas visitando las cárceles donde se mantiene en cautiverio a miembros del pueblo mapuche y se percató que «existen muchas similitudes entre el caso palestino y el mapuche».
No compartimos la postura del Presidente Boric, no nos gusta el camino que ha tomado; ya fuimos, por largos años, el patio trasero de Estados Unidos y no queremos volver a serlo, ni de Estados Unidos ni de la OTAN.