El masivo y dañino ciberataque del que se tenga memoria afecta desde el viernes pasado a cientos de miles de máquinas de miles de organizaciones alrededor del mundo. Las pérdidas aún no han sido evaluadas, como tampoco han sido detectados los responsables. Como efecto, aparecen unas instituciones y corporaciones dependientes de sistemas vulnerables con poca o nula capacidad de defensa. En medio de este proceso aparecen ciertas pistas. No se trata de un puñado de hackers, sino de un aparato mucho mayor.