Así se inventó el ‘cuchador’, un híbrido curioso de tenedor y cuchara

El ser humano es maravilloso, sobre todo si se propone mejorar la vida de sus congéneres
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cuchador

El ser humano es maravilloso, sobre todo si se propone mejorar la vida de sus congéneres. Sus innovaciones y sus constantes creaciones han servido para disfrutar de un desarrollo tecnológico que no podemos sino agradecer hasta la eternidad. La historia está salpicada todo tipo de inventos, desde la rueda al ‘smartphone’, pero quizá ninguno haya sido tan trascendente e importante como la cuchara-tenedor, también conocida como‘cuchador’.

Como bien indica su nombre, este cubierto es una mezcla de tenedor y cuchara. Está pensado para ser fabricado sobre la base de una cuchara a la que se le añaden las puntas de un tenedor y, en ocasiones, una parte afilada que haría las veces de cuchillo. En la actualidad, es probable que te hayas encontrado alguna de las muchas versiones existentes de esos utensilios en formato desechable, ideal para esas comidas preparadas que venden en el supermercado y que puedes llevar para el almuerzo en el trabajo. El material original de fabricación fue el metal. Para conocer el plástico habría que esperar todavía unos pocos años.

Cuchador

Obviamente, detrás del ‘cuchador’ hay un inventor, una persona a la que agradecer la creación. En este caso, el merecedor de halagos y alabanzas es Samuel W. Francis, un hombre que, en el siglo XIX, era como su propio invento: varias cosas a la vez. Francis fue médico, novelista, filántropo…

Fue él quien obtuvo, en 1874, la primera patente de un utensilio en el que se fusionaban cuchara y tenedor. A pesar de que los ‘cuchadores’ existían desde hacía varios siglos -generalmente, herramientas que unían ambos cubiertos por el mango- Francis pasará a la historia oficialmente como el padre de este Frankestein de la gastronomía.

No obstante, el ‘cuchador’ no es su único invento. Suya es, por ejemplo, una máquina de escribir en la que las tradicionales teclas se ven sustituidas por las de un piano. El nombre no dejaba mucho a la imaginación: era el ‘piano literario’. Por innovar, llego a crear un ataúd que se abría por dentro, por si alguien era enterrado vivo.

En su etapa de escritor no fue menos extravagante. En una de sus obras, titulada ‘Man and Nature’, Francis explicaba que varios animales y verduras se asemejaban demasiado a partes del cuerpo humano. Así, según él, el útero y las trompas de Falopio se parecen a un cangrejo, mientras que un higo es la viva imagen del escroto. Creativo en todas las facetas de su vida.

Cuchador

Sin embargo, como muchos grandes inventores, Francis no conocería la gloria de sus productos. Falleció en marzo de 1886 y, mucho tiempo después, los ‘cuchadores’ de plástico arrasarían en cafeterías, prisiones y colegios estadounidenses. Incluso la palabra original en inglés, ‘spork’ (unión de ‘spoon’ y ‘fork’, “cuchara” y “tenedor” en inglés, respectivamente), entró a formar parte del diccionario en 1909. Ya en los años 70, una empresa registraría el nombre como marca.

Francis no solo se perdió el éxito de su producto en Estados Unidos, sino que el ‘cuchador’ arrasó pronto también en Japón. Especialmente, después de la Segunda Guerra Mundial: para ahorrar costes, nada mejor que un utensilio que valía por dos. Sin embargo, a finales de los años 80, se decidió retirarlos porque conllevan malos hábitos alimentarios, según las autoridades niponas.

La influencia del ‘cuchador’ ha llegado a tal punto que incluso parece haber grupos de amantes de este cubierto que se dedican a adorar al invento de Francis. Sus miembros se dedican a recopilar información sobre su trozo de plástico favorito a lo largo del mundo, e incluso tienen ‘merchandising’ protagonizado por el dicharachero ‘cuchador’. ¿Lo utilizarán para comer o les parecerá un sacrilegio?

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