La joven rapera y cantautora de Valparaíso, cuya propuesta oscila entre el hip-hop y los sonidos electrónicos, se presentará en el MIM LATAM (Mujer, Disidencia, Música y Territorio) que se celebrará en Ciudad de Panamá entre el 7 y el 11 de octubre. Aquí cuenta sobre su camino en la música, su formación teatral, las clases de freestyle que imparte en colegios, la transmutación de las heridas en semilla de conciencia y la comprensión de la memoria como motor de la vida en el más amplio sentido de la palabra.
Una inesperada lluvia primaveral, fina pero intensa por efectos del viento salino de Valparaíso, antecede al encuentro con Francisca Badilla, conocida artísticamente como Franuli. Con 30 años recién cumplidos, la joven compositora, rapera y artista escénica ya es conocida en la escena musical porteña a partir de su propuesta que fusiona el hip-hop, los ritmos electrónicos y la cantautoría, y cuya lírica aborda problemáticas sociales, ambientales y existenciales que afectan a los territorios.
Franuli camina por Avenida Alemania bajo la lluvia a pocos días de emprender un viaje soñado. Se presentará como representante chilena en el reconocido encuentro de mujeres y disidencias en la música: el MIM LATAM (Mujer, Disidencia, Música y Territorio), cuya sexta versión se celebrará en el 7 y el 11 de octubre en Ciudad de Panamá. Liderado por ese país, este evento no sólo contempla conciertos en distintos escenarios, sino que ofrece una experiencia integral de reflexión y debate sobre la participación de las mujeres en la industria musical, que incluye paneles temáticos, charlas y mesas de trabajo, entre otras instancias.
“Estoy súper contenta por haber sido seleccionada. Me endeudé para pagar los pasajes, pero todo el mundo que había estado en el MIM LATAM me dijo que tenía que ir. Será el primer viaje que hago sola en mi vida, así que se abrirá un portal. Feliz por recorrer calles nuevas, escuchar nuevos relatos y compartir con las compañeras”, comenta Franuli, cuya presentación -dentro de la línea Showcases Más Mujeres en los Escenarios- será el viernes 9 de octubre a las 19.00 horas de Panamá (21.00 de Chile) en el Teatro Amador, situado en el casco histórico de la capital.
Será su segunda actuación fuera de Chile, tras ofrecer dos conciertos en Buenos Aires en 2024. A nivel nacional y dentro de Valparaíso, la agenda ha sido nutrida: este año realizó una gira nacional y se presentó en el Festival Popular de Valparaíso y en el reinaugurado Teatro Mauri, mientras que los años previos tocó en escenarios tan diversos como Rockódromo, Teatro del Puente en Santiago, Teatro Biobío, Centro de Extensión UC del Maule, Teatro Municipal de Constitución y Teatro Regional Lucho Gatica, en Rancagua. Varios de esos recitales los hizo en formato Live Set con su compañero de ruta musical, el diseñador sonoro, productor y músico Michell Moreno, quien contribuye al proyecto en la co-composición y en las sonoridades electrónicas. Con él, justamente, Franuli lanzó su primer EP titulado “Es Queja & Esqueje” en 2024.
Esta actriz de formación titulada en la Universidad Católica de Chile recaló en la música recorriendo un un camino lateral desde que llegó a vivir a Valparaíso en 2021, aún con la pandemia en curso. Hoy vive en el Cerro Florida, a un par de cuadras de La Sebastiana, la casa museo de Pablo Neruda. Pero todo comenzó desde muy niña.
– Te invito a que conozcamos un poco más de ti. ¿De dónde viene el bichito por la música? ¿Traías alguna influencia familiar?
Primero que todo, yo nací en Viña del Mar y viví ahí hasta los siete años y luego me fui a Santiago. Mi abuela tocaba guitarra cuando era joven. Ella me enseñó a tocar guitarra, fue la primera que yo tuve. Siempre me gustó la música, era lo que más amaba hacer. Luego me alejé de mi abuela, viví con mi mamá y mi papá y todos los fines de semana íbamos a ver a mi abuela. Fue muy fuerte el lazo. Pero siempre estuve cantando, me metía en los show del colegio, fui religiosa, me metí en el coro de la iglesia. Nunca me iba tan bien en el colegio, pero mis profes me apañaban porque yo estaba en el coro. Quería estudiar algo artístico, pensando en trabajar la música, la danza y el teatro. Pero cuando entré a Teatro, es una disciplina en sí misma.
– ¿No encontraste esos cruces?
– No, era full teatro y actuación, y qué hermoso. No me arrepiento de haber estudiado Teatro porque me enseñó mucho del oficio artístico. Terminé Teatro, llegó la pandemia y me vine a Valparaíso. Estoy aporteñá, aunque siempre me sentí viñamarina, nunca lo solté de mi corazón, por el lazo con mi abuela. El mar siempre ha sido un ancla en mi vida. Lo que sí ocurrió en la carrera de Teatro es que conocí a una colectiva feminista de actrices raperas, Gata Engrifá, con las que tomé un taller de freestyle rap y me voló la cabeza. Yo ya venía rapeando, y las chiquillas me invitaron a participar con ellas en la colectiva. Era música, clases de freestyle e intervenciones callejeras. Ahí empecé a entrar a la música.
– ¿Lo sitúas como un hito importante?
– Sí, porque ahí empecé a escribir mis canciones. Antes freestyleaba todos los días, lo incorporé como un hábito en mi vida. Luego, conocí a Michell Moreno, que era productor de Gata Engrifá. Yo ya vivía en Valparaíso y viajaba a Santiago para estar con la Gata. En ese tiempo empecé a cantar covers en los bares de Valparaíso para ganarme unos pesitos, aparte de cuidar niñes. Cantaba covers y empecé a meter mis letras en freestyle con la guitarra. Valpo te aporteña y las cosas se empezaron a dar.
En ese tiempo de los bares, tomé el Laboratorio de Producción Musical en Balmaceda Arte Joven (BAJ). Postulé un día antes de la convocatoria y no tenía canción. Me puse a freestylear y ahí pude lanzar mi primera canción “Derramada en llantos”. De ahí se abrieron todos los caminos y no paré más.
– ¿Y hasta ahí pensabas que ibas a lanzar un EP, varios sencillos en Spotify y que ibas a ingresar a la escena?
– Mira, yo siempre quería lanzar mi música y tener algo en Spotify. Cuando se lanzó “Derramada en llantos” fue bacán verlo porque sentí que ya era parte de esto. Esos tiempos fueron buenos. Soy muy trabajadora y disciplinada, me la estaba gozando, estaba muy agradecida. Hoy no estoy tan así, a veces se me olvida celebrar mis logros, volver a la humildad. Tomé hartos ciclos de formación en Valparaíso, en el HUB Musical, lo que me permitió hacer redes, porque no tenía amigos músicos aquí.
A Michell lo conocí porque vivía en el Barrio Yungay con su compañera Sofía, y Gata Engrifá activaba en Yungay. Michell invitó a la Gata a un proyecto llamado Sesiones de Patio, en su casa. Nos hicimos amigos. El año 2023 yo me fui de la Gata y estuvo duro. Pensaba que la salida de una integrante desestabiliza al grupo, y le dije a Michell que si quería seguir trabajando conmigo. Me dijo que le diéramos con todo. Y ahí salió la posibilidad de ir a Rockódromo en 2023 en el Parque Alejo Barrios. Llamé a Michell porque no podía ir sola con la guitarra. Y él es de las personas que siempre estuvo, que me decía que mi proyecto era bacán; es de esa gente que te tira pa’ arriba. Yo trabajaba con una bandita llamada Las Verduras Salteadas, con batería electrónica, saxo, piano y bajo, y tenía sólo tres canciones en Spotify.
Entonces Rockódromo fue la primera vez en que me subí a un escenario grande con Michell. Y ahí armamos nuestro proyecto Live Set (presentación musical en que el artista interpreta o crea la música en tiempo real con instrumentos, sintetizadores y otros).
– ¿Cómo crees que Michell Moreno ha contribuido a tu propuesta?
– Aporta mucho en el proyecto. Por ejemplo, en universos sonoros en los cuales yo jamás pensaría, porque compongo con la guitarra. Mi universo es la melodía que las cuerdas me entregan. Michell entra en un volón más electrónico, más atmosférico.
– Bueno, tú te has definido como artista escénica, así que supongo que la puesta en escena es súper importante.
– Claro. Nuestro show con Michell en Live Set no es sólo un concierto, sino una experiencia inmersiva, acompañado de un trabajo visual de mapping. Las imágenes narran. Ese universo visual son registros en vivo que hace Ignacio Tolorza. Él nos ha grabado en ensayos, giras y hasta en zonas de sacrificio. Eso tiene que ver con las letras. Hablamos de la urgencia, de la crueldad del mundo, pero también de lo bello que tiene el mundo como espacio de ternura y amor.
– Hablando de la lírica de tus canciones, obviamente hay alusiones a las problemáticas ambientales, que están ligadas a lo social. En ese aspecto, ¿cómo te afecta el contexto actual de ascenso de la ultraderecha en el poder y de los discursos negacionistas, y cómo crees que eso se vierte a tu trabajo musical?
– Pienso que el concepto que engloba eso es el mismo nombre del EP: “Es Queja & Esqueje” (esqueje es el tallo o cogollo que se introduce en tierra para reproducir una planta). Para mí es imposible no hablar de las cosas que suceden. Esa queja trato de llevarla desde el amor y la ternura. Tengo canciones más intensas como “Quieren que tema”, pero tengo otras que buscan armonizar un poco eso. Porque el amor es la revolución que nos hace cambiar como seres humanos, como decía Víctor Jara. Hay que dar luces, semillas y esperanzas, cuidar lo que hay. Los discursos negacionistas están, pero si me quedo en la queja, construyo poco.
«Valparaíso es un lugar muy fértil en cuanto a la red. Si hay una tormenta afuera, aquí hay gente en carnaval apañando. Esa es la imagen que tengo de Valparaíso. Es muy bonito colaborar con las compañeras y los compañeros en la escena. En las mujeres y disidencias ha costado construir los espacios. Una tiene que plantarse el triple».
Franuli y la memoria oral en las clases de freestyle
“No hay nada de lo que haga actualmente que no esté ligado a la música”, señala Franuli con respecto a los talleres de freestyle rap que ha impartido en colegios y jardines infantiles de Valparaíso. Ahí ha podido conectar con las infancias y corroborar la relevancia de la memoria oral para construir las rimas.
– ¿Cómo llegaste a ser profesora de freestyle?
– Todo esto partió gracias a Gata Engrifá a partir del proyecto pedagógico que ellas tenían. Ese espacio que ellas me enseñaron abrió una luz y una vocación de algo que me gustaba mucho: enseñar. Y cuando me vine a Valparaíso, como no conocía a nadie, hice de todo: cuidé niñes, garzoneé. Cuando cuidaba niñes, trataba de hacer cosas lúdicas y creativas, y las mamás y papás me empezaron a decir que hiciera clases, me recomendaron a colegios. Así nació, de puro autodidacta. Trabajé hasta este año en varias escuelas públicas a partir de proyectos. Hoy estoy en una pura escuelita.
– ¿Y cómo se enseña el freestyle? Te lo pregunto porque pienso en que también existen talleres para enseñar a improvisar la décima chilena, a payar. Incluso, hoy, el cantor a lo poeta Manuel Sánchez se acerca a las generaciones más jóvenes para hacer un cruce entre la paya y el freestyle.
– Me encanta ese cruce porque es la tradición oral que tiene Chile y Latinoamérica. Yo he trabajado con niñes que saben leer y que no saben leer e igual freestyle. Yo creo que lo primero es volver a la oralidad. Hay algo en ella que no tiene que ver con la lecto-escritura, sino netamente con plasmar lo que sienten, de dónde vienen. Ahí se abre la llave. Trabajo harto con el ritmo, las imágenes y con bancos de rimas, tratando de asociar todas las imágenes que rimen igual. Las reconectamos con la memoria.
A mí me gusta cerrar los procesos y todos terminan con muestras. Eso puede generar mucha ansiedad, pero creo que la muestra enseña mucho sobre la responsabilidad y el compañerismo. Soy actriz, me gusta el escenario y me gusta compartirles esos nervios a los chicos. Si nos equivocamos, no importa. Es harto juego también, les enseño música, llevo la guitarra, aprendemos acordes, porque como yo no soy música. Tengo niños de 3 y 5 años en el jardín cantando “La jardinera”, “Tren al sur” y “Luchín” y se las aprenden.
– ¿Sigues componiendo con la guitarra?
– Sí, igual como ahora tengo un teclado MIDI que voy a llevar a Panamá, entré en un mundo al que no había entrado antes para componer. A veces tengo letras y de ahí empiezo a encontrar ritmos que meto con acordes. A veces escribo y dejo las letras, y encuentro algo con la guitarra que suena lindo y veo cuál letra me puede servir.
– Y si Michell no hubiera aparecido en tu camino, ¿seguirías con guitarra?
Sí, siempre con guitarra porque yo no tenía idea de pistas. Lo hago desde lo que tengo a mano. No soy la mejor guitarrista, pero no importa: canto y grito. Seguiría con guitarra porque le debo mucho. Me permitió trabajar, volver con plata después de tocar en bares. Gracias a la guitarra me compré mi primer atril, micrófono y parlante. Este año es la primera vez que he tenido que invertir de mi bolsillo y es extraña esa sensación. Pero amigos del oficio me dicen que es una inversión, como el viaje a Panamá.

El fruto de compartir la música
El trabajo asociativo de Franuli no sólo se circunscribe al dúo con Michell Moreno. Además, presenta colaboraciones en sus sencillos con diferentes artistas, y en vivo ha compartido escenario con otras mujeres músicas caminantes de la misma ruta, como Almendra del Pilar y La Deyabu, raperas referentes y compañeras de viaje.
– ¿Cómo sientes que se da la colaboración entre mujeres músicas en Valparaíso?
– Lo encuentro increíble. Valparaíso es un lugar muy fértil en cuanto a la red. Si hay una tormenta afuera, aquí hay gente en carnaval apañando. Esa es la imagen que tengo de Valparaíso. Es muy bonito colaborar con las compañeras y los compañeros en la escena. En las mujeres y disidencias ha costado construir los espacios. Una tiene que plantarse el triple. Pero es bacán construir con las compas porque podemos reflexionar de estas cosas. Siento que hay una seguridad en quiénes somos.
El sistema y el miedo nos han enseñado a competir. Uno lo ve en la educación: por el Simce, por las lucas, por la PSU, por la PAES. El capitalismo es competencia. Entonces es bacán trabajar con las compas porque cada una no es mejor que la otra. Somos como las plantas: distintas, cada una en su camino, con distintas necesidades, y somos como un micelio, porque si estamos juntas vamos a conocer más gente, reunir al piño en una tocata . Valpo me lo ha dado todo en ese sentido. Ya admiraba a La Deyabu y Almendra antes de venirme para acá. Hemos llorado, compartido, tomado un tecito.

«Para mí es imposible no hablar de las cosas que suceden. Esa queja trato de llevarla desde el amor y la ternura. Tengo canciones más intensas como “Quieren que tema”, pero tengo otras que buscan armonizar un poco eso. Porque el amor es la revolución que nos hace cambiar como seres humanos, como decía Víctor Jara. Hay que dar luces, semillas y esperanzas, cuidar lo que hay. Los discursos negacionistas están, pero si me quedo en la queja, construyo poco».
– Y en ese sentido, ¿cuán difícil es hacer música independiente y desde las regiones en un país como Chile?
– Son muchas. Es complejo porque el mundo está construido con la imagen, los números, los seguidores. Cuando una es emergente es imposible tener esos seguidores. A veces se da que uno sube una canción es un boom, pero sí no pasa eso no dice nada: sigues haciendo música igual de profunda. En el mundo de los festivales, no todos y en eso no quiero ser tan radical, se fijan en esas cosas. Hoy hay que lanzar la música, ser community manager, hacer el reel, hablarle a la cámara.
– Escuchando tus canciones, “Quieren que tema” me disparó el recuerdo de algo que dijo hace poco Ismael Serrano en un homenaje a Víctor Jara en Barcelona: “El pesimismo es una herramienta política que se utiliza para desmovilizarnos”. ¿Cómo nace esta canción?
– “Quieren que tema” es del 2023, el mismo año del Rockódromo. Fue el primer tema que compusimos con Michell, donde hay teclados MIDI, muchos sonidos que vienen del computador, cajitas de ritmo, guitarra, bajo, batería, sintetizadores. Habíamos estrenado el tema en agosto de 2023, pero en escenario grande fue en Rockódromo. Y lo que sucede es que yo era una persona muy miedosa. Sufrí muchas cosas cuando niña que me hicieron crecer con miedo. Mientras todos jugaban, yo con 9 años tenía colon irritable y estaba acostada sin poder salir. Sufrí bullying. Siempre fui muy complaciente, y la música me dio todo lo contrario: a ser más rebelde, a decir lo que pienso. El mundo está muy construido a través del miedo, nos hace sentir pesimistas y culpables por disfrutar. En Chile se usan poco las plazas y las calles. Pero Valpo es una burbujita hermosa que tiene mucho encuentro.
¿Y «Nada nos pertenece»?
Esa canción se la escribí a la abuela de mi pololo cuando falleció. Yo a él lo vi muy triste, porque es una persona súper sensible y abierta. Nació el mismo año en que nacieron todas las canciones de «Es Queja & Esqueje», el 2021. «Nada nos pertenece» es un regalito a la muerte.
«Qué triste que un ser humano no se sienta ligado ni a sus antepasados ni a sus raíces. Este mismo 11 de septiembre no hubo una conmemoración oficial. Lo hallo terrible, porque aún hay cuerpos que no han sido encontrados. La memoria es lo que nos compone como seres, es lo más importante. La planta primero fue una semilla. Si observamos la vida no sólo antropológicamente, hay mucha memoria e historia en la naturaleza».
– ¿Qué tan heredera te sientes del legado de los maestros mayores: Violeta, Víctor?
Muy. Volvemos a lo mismo de la memoria. Qué triste que un ser humano no se sienta ligado ni a sus antepasados ni a sus raíces. Este mismo 11 de septiembre no hubo una conmemoración oficial. Lo hallo terrible, porque aún hay cuerpos que no han sido encontrados. La memoria es lo que nos compone como seres, es lo más importante. La planta primero fue una semilla. Si observamos la vida no sólo antropológicamente, hay mucha memoria e historia en la naturaleza. Yo misma no partí tocando mi música, sino que recogía cosas que estuvieron ahí antes que nosotros y las tomaban.
-¿Reconoces esa trenza del canto social que viene de Violeta, que pasó por la dictadura y llega a las generaciones actuales que, quizás con otros lenguajes, expresan una inquietud y un parecer?
– Claro. Violeta y Víctor son una escuela para los músicos de Chile. Para el rock, para el punk. Si uno lo ve, “Quieren que tema” no es tan lejano a “Miren como sonríen”. Es hermoso y doloroso que en los años 60 Violeta estaba cantando a la crueldad de la vida y sigamos cantándolo. En mitad de siglo no ha cambiado tanto. Es bueno que nos sigamos encontrando generacionalmente.
– Y hablando de Víctor que también inició su trayectoria en el teatro, ¿en qué aspecto te ayudó el teatro a tu propuesta musical?
– Me enseñó la disciplina. Porque para llevar al escenario a una obra hay que trabajar con un equipo. Es muy colectivo, donde importa mucho lo que podamos decir. Es una herramienta muy importante para organizarse. Tiras ideas con diez personas más, y eso es un ejercicio social y democrático que nos ayuda a comprender la vida. Las canciones te plantean mini verdades, pero el teatro plantea mundos que no existen.
Panamá y un viaje por sus raíces al norte de Chile
Este año Franuli emprendió un viaje a la Fiesta de La Tirana con su madre. Era un viaje por sus raíces largamente esperado. Tanto su bisabuela materna como la paterna eran de Huara, pueblo cercano a Iquique, ubicado en el cruce de la ruta a Bolivia. En La Tirana, su amiga Almendra del Pilar le escribió para contarle que había quedado seleccionada para el MIM LATAM en Panamá.
“Varias personas que habían ido a La Tirana me dijeron que llevara peticiones y ofrendas, porque pasaban cosas. Recién habíamos llegado a La Tirana cuando Almendra me escribe por whatsapp para contarme que había sido elegida. Es parte de celebrar los logros con nuestras amigas”, recuerda Franuli. “Me volví un poco devota de la Virgen del Carmen, le debo hartas cositas. Es importante conectarse espiritualmente con algo, como lo hacen los pueblos originarios. Siento que la vida moderna nos ha quitado el valor del espíritu”, agrega.
– ¿Y cómo será tu formato en Panamá? ¿Cuáles son tus expectativas respecto de tu presentación?
– Bueno, estoy tratando de vivir con pocas expectativas, pero me pone contenta que sea un espacio de reflexión en torno a lo que hacemos, más allá de la música. Me presentaré en Live Set, con teclado MIDI y la guitarra. En este formato intervengo cosas en vivo, juego con filtros en las pistas, con delay, las segrego. Llevo mis pistas y me conseguirán una guitarra. Entonces será un formato híbrido entre cantautora, rap y pop electrónico. Y aprovecharé de tocar algunos temas que vienen en mi nuevo disco, cuya temática es la reflexión del mundo actual en cuatro áreas: sequía, naturaleza, muerte y poder. Éste se va a llamar “Árido y Frío”, en la misma idea de “Es Queja y Esqueje”. Tiene que ver en parte con este viaje por el desierto y ver que mis raíces están allá.
Instagram Franuli: @franuli
