¿Quienes prenden el fuego?

En la mente de un pirómano: tensión, impulso y placer detrás del fuego intencional

Personas con dificultades severas para controlar impulsos experimentan alivio y gratificación al provocar incendios, una conducta que puede estar asociada a trastornos de personalidad, consumo de sustancias y antecedentes de violencia, advierte el psiquiatra Pedro Lucero, académico de la Universidad de Santiago.

En la mente de un pirómano: tensión, impulso y placer detrás del fuego intencional

Autor: El Ciudadano

Personas con dificultades severas para controlar impulsos experimentan alivio y gratificación al provocar incendios, una conducta que puede estar asociada a trastornos de personalidad, consumo de sustancias y antecedentes de violencia, advierte el psiquiatra Pedro Lucero, académico de la Universidad de Santiago.

Los devastadores incendios forestales en la Región del Biobío, que arrasaron miles de viviendas y dejaron al menos 21 personas fallecidas, reabrieron una pregunta incómoda pero urgente: ¿qué motiva a alguien a prender fuego de forma deliberada?

El gobernador regional del Biobío, Sergio Giacaman, afirmó recientemente que los antecedentes técnicos apuntan a un comportamiento inusual del fuego, con focos simultáneos y una rápida propagación, lo que refuerza la tesis de intencionalidad humana detrás de los siniestros.

“Yo no tengo ninguna duda de que en este caso existe responsabilidad de personas que, no sé con qué fin —pueden ser enfermos pirómanos o incluso algún tipo de organización—, quisieron generar daño”, sostuvo la autoridad.

Pero ¿qué ocurre en la mente de un pirómano?

El psiquiatra Pedro Lucero, académico de la Facultad de Ciencias Médicas de la Usach, explica que no existe un “perfil único”, pero sí patrones clínicos claros. “Más que una personalidad típica, hablamos de alguien con una gran dificultad para controlar impulsos, que siente una tensión creciente antes de prender fuego y luego alivio o incluso placer al hacerlo”, señala.

Según el especialista, en muchos casos la fascinación por el fuego aparece desde edades muy tempranas y suele coexistir con otros problemas de salud mental. “Frecuentemente encontramos trastornos de personalidad, consumo problemático de sustancias o antecedentes de conductas violentas”, advierte.

Desde la psiquiatría forense, agrega, es clave distinguir la piromanía de otros incendios intencionales. “No siempre actúan desde la rabia o la venganza. A veces el fuego cumple una función de regulación emocional. Es fundamental diferenciar la piromanía propiamente tal de incendios con motivaciones económicas, ideológicas o de encubrimiento”.

El fuego como fin en sí mismo

¿Qué es lo que resulta tan atractivo del fuego para estas personas?

“En la piromanía el fuego no es un medio para otro objetivo: es el fin en sí mismo”, explica Lucero. “Atrae la intensidad de las llamas, la sensación de poder y control, y también el espectáculo que se genera alrededor: sirenas, bomberos, atención mediática”.

Muchos pirómanos describen un patrón emocional repetido. “Antes del incendio se sienten tensos, vacíos o angustiados, y durante o después experimentan alivio, excitación o una sensación momentánea de bienestar”, detalla.

El académico subraya además el alto contenido simbólico del fuego. “El fuego transforma, destruye y obliga a mirar. Para algunas personas conecta con sentimientos profundos de rabia, vacío o necesidad de reconocimiento. Desde fuera puede parecer incomprensible, pero para el pirómano tiene una lógica emocional muy clara”.

Piromanía, género y edad: un trastorno que suele comenzar en la adolescencia

La piromanía es considerada un trastorno del control de los impulsos y afecta de manera predominante a los hombres.

“La mayoría de los casos descritos en la literatura clínica y forense corresponden a hombres, generalmente adolescentes o adultos jóvenes”, explica Lucero. “En mujeres es mucho menos frecuente y muchas veces pasa más desapercibido”.

La adolescencia aparece como un período crítico. “Es una etapa donde el control de impulsos aún está en desarrollo. Si no se interviene, el patrón puede consolidarse en la adultez”, advierte. En personas mayores, en cambio, esta conducta suele estar asociada a consumo de alcohol o a trastornos neuropsiquiátricos.

¿Se puede tratar la piromanía y reducir el riesgo de reincidencia?

El tratamiento es posible, pero complejo y de largo plazo. “Se puede disminuir significativamente el riesgo, pero requiere un trabajo estructurado y sostenido”, señala el psiquiatra.

El abordaje combina psicoterapia especializada en control de impulsos, identificación de factores desencadenantes, en algunos casos apoyo farmacológico, y siempre supervisión y límites claros del entorno.

Desde el punto de vista legal, Lucero es enfático: “Tratamiento no es lo mismo que impunidad”. La responsabilidad penal se evalúa caso a caso, pero el especialista advierte que solo castigar sin tratar el problema de fondo aumenta el riesgo de reincidencia, especialmente en delitos tan graves como los incendios forestales.

“La respuesta más efectiva combina sanción, tratamiento y seguimiento. Ignorar cualquiera de esos elementos es repetir el ciclo”, concluye.

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