Greenpeace advirtió que las colisiones con embarcaciones y enmallamientos son algunas de las principales causas de muerte de las ballenas en su tránsito por Chile, por lo que criticó que «algunas autoridades continúen defendiendo y apoyando proyectos que pueden poner en mayor riesgo el hábitat y rutas migratorias» de estos cetáceos.
En el marco del Día Mundial de las Ballenas, celebrado el pasado domingo, Greenpeace alzó la voz para exigir medidas concretas frente a la creciente amenaza que enfrentan estos cetáceos en las costas chilenas.
A través de un comunicado de prensa la organización dedicada a la defensa del medio ambiente a no solo relevó la importancia ecológica de estos mamíferos marinos, sino que también puso énfasis en las investigaciones judiciales en curso y en la necesidad de establecer responsabilidades por los recientes decesos de ejemplares registrados en el país, producto de la acción humana directa. En, concreto por la colisión con embarcaciones o por enredamiento en redes de la salmonicultura.
«En el marco del Día Mundial de las Ballenas, Greenpeace hizo un llamado a la protección de estos cetáceos, claves para la salud de los océanos y del planeta, gracias a sus tremendos aportes ecosistémicos tanto fertilizando los océanos como reteniendo grandes cantidades de carbono en sus cuerpos», señaló.
En efecto, las ballenas cumplen un rol fundamental en la mitigación del cambio climático: a lo largo de su larga vida, acumulan toneladas de dióxido de carbono en sus tejidos y, al morir, sus restos se hunden en las profundidades, reteniendo ese carbono por siglos. Además, sus excrementos actúan como fertilizantes oceánicos, promoviendo la proliferación de fitoplancton, el organismo responsable de producir más del 50% del oxígeno del planeta.

Chile: corredor migratorio de ballenas
Desde la ONG destacaron que la posición geográfica de nuestro país resulta estratégica para la supervivencia de múltiples especies de cetáceos como las ballenas, al facilitar los desplazamientos migratorios deben realizar cada año en busca de aguas cálidas para reproducirse o zonas frías y productivas para alimentarse.
«Debido a nuestra ubicación privilegiada, Chile constituye uno de los principales corredores migratorios para las ballenas en el mundo: nuestro país conecta las cálidas costas de Colombia, Ecuador y Perú —fundamentales para la reproducción de estos mamíferos— con los fríos mares de la Patagonia y la Antártica, que funcionan como zonas de alimentación y refugio, convirtiendo a nuestros mares en espacios fundamentales en sus migraciones», detalló.
De acuerdo con la organización, existen áreas particularmente sensibles donde la presencia de ballenas es constante y abundante. Entre estas zonas destacan «particularmente el Golfo Corcovado, entre las regiones de Los Lagos y Aysén; la Región de Magallanes (en especial el Parque Marino Francisco Coloane), y el archipiélago del Pingüino de Humboldt, ubicado entre las regiones de Atacama y Coquimbo». Estos territorios marinos se caracterizan por su alta productividad biológica, lo que atrae a diversas especies en busca de alimento.
Silvana Espinosa, experta en Ecosistemas y Clima de Greenpeace, profundiza en las razones de esta riqueza natural. La especialista explicó que, en estas zonas, «es posible avistar con frecuencia especies como la ballena sei, jorobada, azul y franca austral, las que acuden a estas zonas atraídas por la extraordinaria riqueza biológica de sus mares, gracias a la corriente de Humboldt y la surgencia costera (un fenómeno oceanográfico que permite que aguas profundas, frías y ricas en nutrientes, asciendan a la superficie), lo que repleta estos espacios con krill, pequeños peces y crustáceos, claves en la alimentación de estos cetáceos».
Este fenómeno oceanográfico convierte a las costas chilenas en verdaderos oasis de vida marina, donde las ballenas encuentran el sustento necesario para sus extensas migraciones.
Amenazas por redes de la salmonicultura
Sin embargo, la riqueza biológica de estos mares coexiste con una creciente presión industrial que está transformando estas rutas migratorias en verdaderas trampas mortales para los cetáceos. La especialista de Greenpeace advirtió que, producto de una mayor actividad marítima industrial, nuestro país no representa un paso seguro para estos animales.
«Mientras en la Patagonia se han encontrado ballenas muertas producto de la colisión con embarcaciones o por enredamiento en redes de la salmonicultura, en el norte de nuestro país, particularmente en el Archipiélago de Humboldt, vemos cómo la intención de desarrollar un proyecto minero portuario podría amenazar gravemente su tránsito por esta zona, un hotspot de la biodiversidad por sus particulares características que lo convierten en un paraíso para las especies marinas y costeras», aseguró Espinosa.
Investigaciones judiciales en curso
Frente a este escenario, Greenpeace ha optado por recurrir a las instancias judiciales para esclarecer las causas de muerte de ballenas ocurridas en áreas protegidas del país. La organización ambientalista interpuso querellas contra quienes resulten responsables por la muerte de dos ballenas jorobadas jóvenes, cuyos cuerpos sin vida fueron hallados en puntos distintos de la Patagonia.
En este sentido, la vocera de Greenpeace recordó las querellas que interpuso la organización ambientalista contra quienes resulten responsables por la muerte de dos ballenas jorobadas jóvenes en el Parque Nacional San Rafael (Región de Aysén) y en la Reserva Nacional Kawésqar, en Magallanes. Estos procedimientos legales buscan no solo determinar las causas específicas de cada deceso, sino también sentar precedentes que permitan prevenir futuras muertes.
Las investigaciones han arrojado resultados preliminares que apuntan directamente a actividades industriales presentes en la zona. Según detalla Espinosa, «estas investigaciones, que continúan avanzando en los tribunales correspondientes, determinaron que la causa de muerte del primer ejemplar se debió a un enmalle con redes de pesca o líneas de fondeo, asociado a actividades de acuicultura, mientras que en el caso de la ballena encontrada en Magallanes, el estudio determinó como causa más probable el impacto con una embarcación».
Estos hallazgos resultan especialmente significativos por dos razones. Primero, porque confirman la relación directa entre actividades productivas y la muerte de ejemplares juveniles, aquellos que deberían representar el futuro de la especie. Segundo, porque ambas muertes ocurrieron dentro de áreas con algún estatus de protección, lo que cuestiona la efectividad de las medidas de resguardo existentes en estas zonas.

Chile tienen la mayor tasa de mortalidad de ballenas por colisiones
La situación documentada por Greenpeace no constituye casos aislados, sino que responde a una tendencia preocupante que ha sido respaldada por estudios científicos recientes. Las cifras disponibles sitúan a Chile en una posición crítica en términos de conservación de cetáceos a nivel global.
«Cabe recordar que un estudio publicado por Marine Policy en 2025 reveló que Chile registra la mayor tasa de mortalidad de ballenas por causa de colisiones con embarcaciones, con un 28% de las muertes de ballenas atribuidas a esa razón, seguido por enmallamientos (7%) y depredación natural (3%)», advierte el informe.
El proyecto Dominga en la mira
En este contexto de alta vulnerabilidad para los cetáceos, Greenpeace cuestiona con especial énfasis la persistencia de ciertas autoridades en impulsar proyectos que podrían incrementar significativamente los riesgos para estas especies. La organización pone el foco particularmente en la iniciativa minero-portuaria Dominga, ubicada en la región de Coquimbo, cuyo desarrollo ha sido largamente disputado.
«Nos parece que es grave que, conociendo esta realidad, algunas autoridades continúen defendiendo y apoyando proyectos que pueden poner en mayor riesgo el hábitat y rutas migratorias tanto de estos cetáceos como de cientos de otras especies, como ocurre en el caso de Dominga, un proyecto minero portuario que generaría un intenso tráfico marítimo y contaminación acústica que podría alterar el comportamiento natural de los cetáceos», alertó Espinosa.
