El reciente seguimiento satelital de Tuta, una ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) marcada en aguas del norte del Perú, volvió a sorprender.
En poco menos de 3 meses, este ejemplar recorrió más de 6.800 kilómetros desde Perú hasta la Península Antártica, confirmando la magnitud de las rutas migratorias que recorren las grandes ballenas del Océano Pacífico Suroriental.
Se trata de un hito muy relevante, ya que constituye el primer registro del recorrido de un individuo de ballena jorobada marcado desde Perú hasta llegar a la Antártica, entregando información nueva y valiosa sobre desplazamientos y conectividad.
Más allá de la historia individual de Tuta, su viaje es una prueba concreta de algo que la ciencia y la conservación vienen advirtiendo hace años: las ballenas no reconocen fronteras, por lo que los esfuerzos por protegerlas, tampoco.
Sus desplazamientos conectan ecosistemas clave desde las zonas de reproducción en aguas tropicales hasta las áreas de alimentación en el Océano Austral, formando verdaderas autopistas biológicas que sostienen la salud del mar.

Corredor Azul del Pacífico Oriental: Una visión regional
En este contexto, el trabajo impulsado por la organización internacional WWF cobra especial relevancia. Desde hace varios años, la ONG desarrolla a nivel regional la iniciativa del Corredor Azul del Pacífico Oriental, una estrategia de conservación liderada desde Chile, que busca proteger las rutas migratorias de especies altamente móviles como la ballena jorobada, la ballena azul, la ballena fin y la ballena sei.
Este corredor marino se extiende desde la Península Antártica y el sur de Chile hasta México, atravesando aguas nacionales e internacionales. Su objetivo es asegurar la conectividad ecológica entre áreas de alimentación, reproducción y crianza, reduciendo amenazas como las colisiones con embarcaciones, el ruido submarino, la pesca incidental, la contaminación y los impactos acelerados del cambio climático sobre la megafauna marina.
La iniciativa, de carácter transformacional, busca consolidar el corredor como una ‘Solución basada en la Naturaleza’ (SbN), integrando conservación marina, acción climática y cooperación regional.
Para ello, se estructura en tres pilares estratégicos: Consolidar áreas de conservación conectadas, contribuyendo a la meta global de proteger al menos el 30% del océano hacia 2030 (30×30); disminuir los impactos de las actividades humanas, mediante cooperación regional, incidencia en políticas públicas y gestión sustentada en ciencia; y aumentar la inversión en conservación, investigación y monitoreo, fortaleciendo el conocimiento sobre las ballenas y su rol clave en la resiliencia oceánica y climática.
«Desde esta mirada, el Corredor Azul no solo protege biodiversidad, sino que reconoce a las ballenas como aliadas naturales frente al cambio climático. Al favorecer el crecimiento del fitoplancton mediante el reciclaje de nutrientes —conocido como la ‘bomba de ballenas’—, estos gigantes marinos contribuyen a la captura de carbono y a la regulación del clima global», explicaron desde WWF.
Tuta: un símbolo de conectividad oceánica
La travesía de Tuta, registrada gracias al trabajo coordinado entre WWF Perú, instituciones científicas y socios regionales —incluyendo organizaciones chilenas—, refuerza la necesidad de pensar la conservación marina como un esfuerzo colaborativo entre países.
Su ruta confirma que proteger a las ballenas en un solo punto del mapa no es suficiente si sus corredores migratorios siguen expuestos a múltiples amenazas a lo largo de miles de kilómetros.
Yacqueline Montecinos, coordinadora de Biodiversidad Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile y coordinadora de la iniciativa del Corredor Azul, resaltó que «el emocionante viaje de Tuta es una muestra de lo relevante que es el trabajo conjunto y coordinado, más allá de las fronteras de los países, cuando se busca la protección de especies que tienen un ámbito de hogar tan extenso como el de la ballena jorobada».
89 días de migración continua
Tuta llegó a la Península Antártica tras 89 días de migración continua y más de 6.800 kilómetros recorridos, alcanzando así su principal zona de alimentación, en uno de los ecosistemas más productivos del planeta, sustentado por el krill antártico.
Se espera que durante los próximos meses, Tuta se alimente intensamente para acumular la energía necesaria para completar su ciclo migratorio.
«Tuta fue la última de tres ballenas en ser marcada y antes de viajar al sur, permaneció varias semanas en la bahía de Sechura, en Piura, y luego siguió por el litoral peruano y chileno hasta aguas antárticas. Actualmente, su desplazamiento más lento indica búsqueda activa de alimento y el fin del viaje migratorio», explicó Gilary Morales, especialista de Mecanismos para la Conservación Marino Costera de WWF Perú.
La experta añadió que «durante los próximos meses, se estima que permanezca en aguas polares, hasta que el ciclo migratorio la lleve nuevamente hacia las aguas cálidas del norte del Perú, principales áreas de reproducción de la especie».
De esta manera, Tuta se convierte en un símbolo vivo del Corredor Azul. Una historia que une a Perú, Chile, la Antártica y al resto del Pacífico Oriental en una causa común: proteger estas rutas es proteger la biodiversidad, el clima y el futuro de los océanos.
El Ciudadano
