Carta al Director: La peor noticia para la Filosofía. Gracias Matías Del Río

"Quizás el problema no sea que la inteligencia artificial esté aprendiendo a pensar, sino que nosotros llevamos demasiado tiempo enseñando una filosofía que olvidó actuar. Mientras discutimos cómo hacer más éticas a las máquinas, seguimos formando personas cada vez menos capaces de participar, dialogar, organizarse, cuestionar la autoridad o hacerse responsables de los otros. Ningún modelo de lenguaje resolverá ese problema".

Carta al Director: La peor noticia para la Filosofía. Gracias Matías Del Río

Señor Director: 

Hace unos días, el periodista Matías del Río compartió con entusiasmo una noticia que rápidamente se volvió viral: los grandes laboratorios de inteligencia artificial están contratando filósofos.

La conclusión parecía evidente: al fin la filosofía sirve. Después de décadas respondiendo las incómodas preguntas «¿para qué estudias filosofía y de qué sirve?», muchos celebraron lo que parecía una reivindicación histórica de la disciplina. Yo creo que esa es, precisamente, la peor noticia para la filosofía.

Si la filosofía necesita que Silicon Valley la contrate para demostrar su valor, entonces no ganó nada. Perdió. Perdió el día en que aceptó que su dignidad dependía de ser útil para el mercado. Que una disciplina deba justificar su existencia porque mejora una tecnología no es una victoria intelectual; es una rendición cultural. Peter Theil no estaría de acuerdo.

La inteligencia artificial ya puede resumir libros, comparar teorías, detectar contradicciones, construir argumentos e incluso sostener conversaciones filosóficas sorprendentemente sofisticadas. Si la filosofía consiste únicamente en producir buenos argumentos o transmitir contenidos, entonces es cuestión de tiempo para que las máquinas lo hagan mejor que nosotros.

Pero la filosofía nunca fue eso. La filosofía nació para incomodar. Para desafiar al poder. Para formar ciudadanos antes que especialistas. Para enseñar a vivir juntos, no solo a pensar correctamente.

Su lugar nunca estuvo únicamente en las aulas, los congresos o las bibliotecas como sostienen algunos profesores de las mejores universidades de este país; estuvo -y debe volver a estar- en la vida pública, en las escuelas, en los barrios, en la deliberación democrática y en toda acción capaz de transformar una comunidad.

Quizás el problema no sea que la inteligencia artificial esté aprendiendo a pensar, sino que nosotros llevamos demasiado tiempo enseñando una filosofía que olvidó actuar. Mientras discutimos cómo hacer más éticas a las máquinas, seguimos formando personas cada vez menos capaces de participar, dialogar, organizarse, cuestionar la autoridad o hacerse responsables de los otros. Ningún modelo de lenguaje resolverá ese problema.

Por eso, más que celebrar que la filosofía ahora sea útil para entrenar inteligencias artificiales, deberíamos preguntarnos por qué dejó de ser indispensable para formar inteligencias humanas.

Porque el verdadero riesgo no es que las máquinas lleguen a pensar como nosotros. Es que nosotros terminemos viviendo como ellas: eficientes para responder, pero incapaces de juzgar, comprometernos y cambiar el mundo.

Trinidad López Marambio
Licenciada y profesora de Filosofía 
Certificada en Neurociencias
Magíster en Filosofía
Facultad de Filosofía y Humanidades
Universidad de Chile 

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