"Quizás el problema no sea que la inteligencia artificial esté aprendiendo a pensar, sino que nosotros llevamos demasiado tiempo enseñando una filosofía que olvidó actuar. Mientras discutimos cómo hacer más éticas a las máquinas, seguimos formando personas cada vez menos capaces de participar, dialogar, organizarse, cuestionar la autoridad o hacerse responsables de los otros. Ningún modelo de lenguaje resolverá ese problema".