Hace pocos días se presentó en Chile el último libro de Benjamín Escobedo; escritor, académico, teólogo, historiador, columnista y secretario ejecutivo de la Sociedad de Historia de las Iglesias Protestantes y Evangélicas de Chile. La obra se titula “Breve historia de las iglesias protestantes y evangélicas de Chile: ideas, influencias y legados (siglos XIX, XX y XXI)”, publicada a través de Ediciones Escaparate. La presentación estuvo a cargo de Álvaro Ramis (Ex rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y presidente del Centro de Estudios Territorio y Comunidad), Rodrigo Siderakis (Editor general de TVN Red O’Higgins) y Macarena Rojas (Presidenta de la Asociación de Periodistas y Profesionales para la Comunicación de la Ciencia –Achipec-).
El texto, en un viaje de doce capítulos, coloca de manifiesto la memoria historiográfica de aquellas iglesias y sus vínculos con la política, la masonería, educación, prensa y expansión territorial hasta nuestros días. Además, la obra registra la lucha por conseguir libertad religiosa, la conformación de un Estado laico, el enfrentamiento con la Iglesia Católica, la multiplicación de iglesias evangélicas en el territorio nacional, la posición política de estas durante el régimen militar y los vicios permanentes de su interpretación bíblica hacia el espacio público.
En exclusiva para El Ciudadano, tuvimos la oportunidad de conversar con Benjamín Escobedo sobre su libro y los enfoques conceptuales frente a la discusión política religiosa que vive Chile, y los desafíos que el gobierno de turno experimenta en estas materias.
–¿Cuál es el tema central que instala tu nuevo libro en Chile?
-Agradezco la pregunta para iniciar nuestra conversación. En primer lugar, el gran tema que está de fondo tiene que ver con la historia de estas iglesias y sus espacios de poder y los cambios sociales a lo largo del tiempo, considerando que, en términos panorámicos, pude examinar con fuentes primarias parte de los siglos XIX, XX y lo que va del XXI en esa coyuntura.
En segundo lugar, el libro pretende demostrar que estas iglesias han llegado a cimentarse con firmeza en nuestro país gracias a su amistad con el liberalismo político, masonería, radicales, entre otros tantos grupos de poder.
No obstante, la obra también aborda subtemas de contribución social y humanista por parte de estas iglesias desde inicios de la República, por ejemplo: construcción de colegios, creación de prensa escrita, librerías, cultura y filantropía hacia los más pobres de la sociedad; una eterna deuda desde el Estado.
–¿Por qué las iglesias protestantes y evangélicas se han vinculado con la política, masonería y el poder en Chile?
-La razón es muy sencilla. Este tipo de iglesias se desarrollaron en Chile, esencialmente en la ciudad de Valparaíso, desde inicios del siglo XIX. Diversos misioneros, muy ilustrados, arribaron al puerto con el fin de atender aquellas comunidades norteamericanas, alemanas e inglesas asentadas en el territorio nacional en busca de nuevos polos económicos.
…me parece que este tipo de iglesias se vincularon con la política, la masonería y el poder por “conveniencia” ideológica, algo muy propio del siglo XIX, con algunas repercusiones hacia el siglo XX y XXI respectivamente.
En este sentido, la lucha por practicar el culto, la libertad y tolerancia religiosa y la relectura del Artículo N°5 de la Constitución de 1833 que señalaba como religión oficial del Estado a la católica, apostólica y romana con exclusión del ejercicio público de cualquier otra, hizo que grupos protestantes, liberales y masónicos tuvieran intereses en común; secularizar el Estado, eliminar la religión oficial, el reconocimiento de las minorías religiosas y propiciar el desarrollo de las libertades públicas y civiles en Chile.
En lo personal, me parece que este tipo de iglesias se vincularon con la política, la masonería y el poder por “conveniencia” ideológica, algo muy propio del siglo XIX, con algunas repercusiones hacia el siglo XX y XXI respectivamente.
–¿Qué desafíos públicos tiene el actual gobierno en materia religiosa si consideramos el análisis inmerso en tu libro?
-Yo diría que el libro examina al fenómeno religioso sin maquillaje, sin sesgos y con una crítica aguda, sin duda, reconociendo los puntos fuertes y aportes sociales, educativos y culturales de las iglesias protestantes y evangélicas de Chile; sin embargo, colocando el acento en los desafíos político-religiosos que nuestro país necesita.
Desde aquí, me permito sugerir tres ejes conceptuales. En primer lugar, preservar la esencia constitucional del Estado laico instalado desde 1925, no encallando la libertad religiosa; ello sería retroceder en términos de modernidad y uso de la razón.
En segundo lugar, tratar a la religiosidad y a la no religiosidad (creyentes, ateos, gnósticos, etc.) con la misma igualdad ante la ley y sociedad, no instalando discursos conservadores que mengüen la tolerancia, diálogo y libertad en esa dimensión.
Por último, el Gobierno tiene la gran deuda de propiciar y deliberar sobre la llamada “agenda valórica”, o sea, debe abrirse a la posibilidad de legislar en el Congreso sobre eutanasia, adopción homoparental, aborto, legalización de drogas, entre otros tantos tópicos inmersos.
Lo he dicho en entrevistas anteriores: no podemos gobernar con la Biblia y sus preceptos valóricos; sería encausar una especie de “proselitismo velado” en términos teóricos. Mi libro precisa en eso, cuidar la historia y aprender de los errores en materia política religiosa desde la experiencia y memoria de las iglesias protestantes y evangélicas de Chile, un tensor que nos obliga a repensar el rol y poder de la religión en nuestro país.

Benjamín Escobedo Araneda en Instagram.
El Ciudadano

