«Barros con contenidos metálicos» fue la denominación con la cual la empresa Procesadora de Metales (Promel) ingresó al país una pila de residuos mineros provenientes de Suecia entre 1984 y 1985. La compañía declaró falsamente ante las autoridades aduaneras y de salud de la época que se trataba de materiales no tóxicos destinados a su reprocesamiento para la supuesta extracción y recuperación de oro y plata.
Esto permitió burlar los controles ambientales y depositar el cargamento de metales pesados al aire libre, muy cerca de la población Sica Sica, donde años después también se construyeron poblaciones como Los Industriales y Cerro Chuño.
El abandono de estos desechos y el crecimiento de la ciudad, expusieron de esta forma a miles de personas a altas concentraciones de elementos tóxicos como plomo, arsénico y cadmio, lo que estalló durante la segunda mitad de la década del 90 como una crisis sanitaria y ambiental.
La emergencia significó finalmente el retiro de este vertedero industrial, la relocalización de familias afectadas, procesos judiciales e incluso la presentación de una demanda indemnizatoria en Suecia.
A nivel político, en tanto, implicó la constitución de una Comisión Investigadora en 2003 y la promulgación de la llamada «Ley de Polimetales de Arica» (2012), que estableció un Programa de Intervención en Zonas con Presencia de Polimetales en la Comuna de Arica.
Sin embargo, el impacto de esta pila de desechos tóxicos podría no haber terminado con su remoción y traslado, tal como lo advierte un estudio del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias de la U. de Chile, publicado recientemente en la revista científica CLEAN – Soil, Air, Water.
A más de tres décadas del caso polimetales, la investigación detectó concentraciones elevadas de plomo, zinc, arsénico y otros elementos potencialmente tóxicos en suelos superficiales de distintos sectores de Arica.
El hallazgo da cuenta de focos localizados de estos metales que serían compatibles tanto con el legado de los residuos importados desde Suecia como con fuentes urbanas e industriales más recientes.
De esta forma, aporta nueva evidencia sobre la permanencia y posible redistribución de contaminantes en el ambiente urbano, pese a las medidas de remediación aplicadas desde la década del 90.
«En Arica pudimos observar que la señal del evento de contaminación ocurrido hace más de 30 años todavía está presente en algunos sectores y contribuye al escenario actual de contaminación. A esto se suman fuentes contemporáneas asociadas a actividades urbanas e industriales, generando una situación particularmente compleja», explicó el académico Carlos Manzano, desde la Facultad de Ciencias de la U. de Chile.
«Además, encontramos concentraciones de algunos elementos que superan valores de referencia internacionales. Esto no significa necesariamente que exista un daño a la salud, pero sí indica que existen sectores que justifican mantener la vigilancia ambiental y sanitaria», agregó el experto.
Revisa el reporte completo publicado por la U. de Chile AQUÍ
