“Mi viejo fue un valiente”, afirmó Isaac Cisterna Castillo al recordar a su padre, el suboficial Manuel Enrique Cisterna Badilla, quien “prefirió dar su vida” antes que seguir las órdenes de la dictadura y matar a compatriotas.
Cuando este sábado 19 de septiembre se conmemoran las Glorias del Ejército, Isaac Cisterna rompe décadas de silencio para reconstruir la historia de su padre, Manuel Enrique Cisterna Badilla, un suboficial que, según el relato familiar, se opuso a la dictadura y se negó a matar civiles.
Isaac decidió escribirle al equipo de El Ciudadano después de leer la nota sobre el carabinero Guillermo Schmidt, quien fue fusilado, sin consejo de guerra, por no haber disparado contra trabajadores durante el Golpe de 1973 en Antofagasta y al cumplirse 50 años de la muerte de su padre, busca rescatar su memoria, que el país conozca su legado y cuestionar la versión oficial de suicidio.
“Mi padre era de la escuela de suboficiales del Ejército, no era raso, era suboficial del Ejército, y lo dieron por desaparecido en el año 1975. Dijeron que lo habían mandado a una campaña en Guayacán, que queda cerca del Cajón de San José de Maipo y ni mi familia, ni mi madre, tenían idea de nada, porque estaba en algo secreto que lo habían mandado a hacer. Y resulta que después, en febrero de 1976 lo dieron por muerto, dijeron que se había suicidado«, relató.
En conversación con nuestro medio, Isaac indicó que la versión oficial nunca fue creída por la familia, ya que desde el Ejército les informaron que el suboficial había sido encontrado muerto debajo de una cama, envuelto en una frazada, con un disparo en el lado izquierdo del cuerpo, cuando él era diestro.
“Alguien que se ha suicidado, no sé si tendrá el tiempo para ponerse debajo de una cama”, cuestionó a modo de ironía.
Recordó la escena del funeral y señaló que la familia nunca pudo ver el cuerpo de Manuel Enrique Cisterna Badilla, ya que les entregaron un ataúd sellado y que su madre repetía «no es Enrique, no es Enrique».
El uniformado, oriundo del sur de Chile —de Cañete , provincia de Arauco, Región del Biobío— era hijo único. Sus padres vivían en la calle San Pablo de Pudahuel, Región Metropolitana y cuando la persecución se desató sobre la familia, también debieron huir, volver al sur y desaparecer del mapa familiar durante décadas.
«A ellos también los habían perseguido los milicos, porque mi padre era opositor a matar civiles, a matar chilenos. Se había negado”, explicó, reconstruyendo lo que supo recién en 2003, cuando murió su abuela materna y la familia viajó a Temuco.
“Traidor” por defender al pueblo y la oreja cortada que selló su sentencia
La negativa de Cisterna Badilla a participar en ejecuciones extrajudiciales no fue un gesto aislado ni simbólico y según el relato de su hijo fue una sentencia de muerte firmada por sus propios compañeros del Ejército. “Mi padre para ellos fue un traidor, para el Ejército fue un traidor por oponerse al régimen”, afirmó Isaac Cisterna, quien hoy comprende que esa palabra —»traidor»— fue la que selló el destino de toda una familia.
El suboficial no solo se negó a matar, ya que tal como le contó a Isaac su abuelo paterno, también protagonizó un episodio que lo condenó definitivamente.
“Estaban limpiando los fusiles en los que marcaban cuántos muertos llevaban, y el de mi padre no tenía ninguna marca porque no había matado, y uno de los milicos le dice, ‘ya, vos, perra Cisterna, aguanta y mata uno’, ‘no tiene ni una marca, perro comunista’, le dijo. Y mi padre era comando, y era de los buenos, pescó un cuchillo, un corvo, y se lo lanzó, y le cortó la oreja y dejó pegado en la pared el cuchillo”, me relató mi abuelo.
Ese acto de rebeldía —cortarle la oreja a un oficial que lo humillaba por no matar— marcó el principio del fin. “ Mi padre les dijo que lo iban a matar después de ese incidente, por la reacción que tuvo él de tirarle el cuchillo a otro milico”, narró Isaac, quien conserva en su rememora la imagen de los diplomas que vio de niño en la casa familiar: su padre era paracaidista, instructor de comando, piloto de helicóptero.
“El gallo era súper entrenado, y pasó al olvido por esto”, sentenció.
Sin montepío, sin justicia y perseguidos por la dictadura
La familia Cisterna no solo perdió a un padre: perdió la posibilidad de saber quién era. “La abuelita nos acogió, nos dio educación, nos dio principios, valores, pero no se hablaba de mi padre. Ni mis tíos hablaban de mi padre. Como que no se podía hablar para estar a salvo”, relató Isaac.
La persecución no terminó con la muerte de Manuel Enrique Cisterna Badilla, sino continuó durante años, con visitas periódicas de militares a la casa de la abuela materna, incluso después de que la familia se mudara desde el recinto militar donde vivían.
“Nos persiguieron con la excusa de que no llevaban regalos de Navidad”, explicó.
El miedo fue tan profundo que la familia estuvo a punto de exiliarse en Bélgica. “Nos íbamos a ir como exiliados a Bélgica. Y no nos fuimos porque la abuelita no quiso que nos fuéramos. Y por el miedo también a que, no sé, nos pasara algo”, comentó Isaac.
La abuela materna se convirtió en el pilar de la familia, pero también en la guardiana de un silencio que protegería a los niños de una verdad demasiado peligrosa. “Yo no tenía la información, no teníamos información», indicó.
Señaló que su madre, que quedó viuda con tres hijos, uno de ellos, el menor, nacido el 3 de diciembre de 1975, que nunca conoció a su padre, entró en un estado de depresión que sufre hasta la actualidad.
«Mi madre entró en una depresión terrible con dos cabros chicos, uno de 5 años, otro de 4 años que era yo, y el menor que era guagua», dijo.
Aunque era viuda de un funcionario del Ejército, no recibió jamás el montepío ni los beneficios que le correspondían.
“A mi vieja nunca le dieron el montepío por ser la viuda de un soldado”, denunció Isaac, quien comentó que lo único que recibió fue una suma menor con la que compró camas, ropa de cama y un ropero para instalarse en casa de su madre.
“No hubo ningún tipo de reparación económica, emocional, compensación. Eso fue lo único que le dieron, algo para comprarse muebles, y que la gastó para eso”, precisó.
Mientras tanto, los hijos de un suboficial del Ejército —que por reglamento tenían derecho a educación gratuita y beneficios— quedaron completamente desamparados.
“Nosotros no tuvimos nada, nada, nunca tuvimos nada. Yo hoy día ya tengo 55 años, yo no tengo la fuerza ya como para decir, yo quiero esto, quiero que me den. Pero sí, el reconocimiento de que mi padre fue alguien que defendió los valores del pueblo”, enfatizó.
El silencio se rompió parcialmente en 2003, cuando murió la abuela materna y la familia viajó a Temuco. Allí, los abuelos paternos —que habían huido al sur— contaron por primera vez la verdad: Manuel Enrique era opositor a la dictadura, se había negado a matar, había sido perseguido y había advertido a sus padres que se escondieran porque él sabía que lo iban a matar.
«Él les dijo: ‘vuélvanse al sur, escóndanse, porque me están siguiendo y me va a pasar algo cualquier momento’«, relató Isaac.

El libro de Manuel Rodríguez Erdoíza
El abuelo paterno murió años después —en 2012, según recuerda Isaac—, y con él se perdió gran parte de la memoria material: libros, escritos, fotografías y objetos personales de Manuel Enrique Cisterna.
Uno de esos objetos perdidos era un libro de Manuel Rodríguez Erdoíza, el guerrillero emblemático de la Independencia de Chile, con anotaciones de puño y letra de su padre.
“Era un libro que tenía mi padre con anotaciones y su letra en algunas hojas, un libro de Manuel Rodríguez, el guerrillero. Esto es totalmente atípico: un soldado con grado, un suboficial del Ejército, no va a tener un libro de Manuel Rodríguez”, reflexionó Isaac. Para él, ese detalle revela la verdadera identidad política de su padre: un militar que leía al héroe popular, al guerrillero, al símbolo de la izquierda chilena.
“La derecha está marcada por O’Higgins y la izquierda está marcada por Manuel Rodríguez. Y mi padre tenía de esos libros, mi padre escribía, escribía sus cosas, y yo lamentablemente no tengo nada de eso”, indicó.
La persecución también alcanzó a los hijos en edad de cumplir el servicio militar. “Mi hermano mayor intentó, se quiso meter a la escuela militar. No quedó, siendo que tenía excelente notas y no calificaba. Ninguno pudo hacer el servicio militar de nosotros. Todos nos eximían”, relató Isaac.
El caso más dramático fue el del hermano menor, Patricio, nacido en diciembre de 1975, quien quiso ingresar al servicio militar y fue notificado en el aeropuerto que no podía hacerlo por orden del Ministerio de Defensa.
“Cuando estaban abordando el avión, uno de los milicos que estaba ahí me dice: ‘No, usted no puede hacer el servicio militar por orden del Ministerio de Defensa, que había llegado la carta del Ministerio de Defensa que Patricio Cisterna no podía hacer el servicio militar’. Y no lo hizo”, relató Isaac.
El hermano mayor, que murió en 2014 en un accidente, intentó en los años 90 contactar a un compañero de su padre que trabajaba en el Ministerio de Defensa. “Fue a hablar y esta persona no lo recibió, no lo recibió. Y él trabajaba en el Ministerio de Defensa y él estaba vivo”, recordó Isaac, al tiempo que comentó que años después, en 2003, al viajar a Temuco, supieron por qué: ese hombre era uno de los que se habían salvado porque había matado gente, y sabía que Manuel Enrique Cisterna no lo había hecho.
La madre de Isaac fue contactada en la década de 1990 por el Partido Socialista y el PPD cuando salió la lista del informe Rettig para que diera su testimonio, pero decidió no hacerlo.
“A mi madre la llamaron para que fuera a dar su testimonio, pero no tuvo la capacidad de enfrentar eso, de vivir eso, no la tuvo”, indicó a El Ciudadano.

“Mi viejo fue un valiente”: la liberación personal de Isaac Cisterna
Al transcurrir medio siglo de la desaparición y muerte de su padre, Isaac Cisterna a sus 55 años, con tres hijas —la mayor de 29 años—, decidió alzar su voz y relatar la historia de un valiente militar que se opuso a la dictadura de Pinochet,
“Creo que más que nada es una liberación personal de decir: mi viejo fue un valiente, fue un valiente porque dio su vida por la de los demás, no quiso matar a inocentes, no quiso matar a compatriotas”, declaró.
La decisión de romper el silencio no responde a un interés económico —“nunca me interesó el plano económico”, aclaró— sino a la necesidad de restituir la memoria de un hombre que fue borrado por el Ejército y por el Estado y cuya familia sufrió persecución.
“Creo que mi padre merece ese respeto, y merece mi respeto primero que todo. Y hoy día, así lo tiene, . afirmó.
Para Isaac, la historia de Manuel Enrique Cisterna Badilla no es un caso aislado dentro del Ejército que este sábado celebra sus glorias.
“Yo sé que hubo muchos más, y también sé que hubo compañeros de mi papá que también murieron, no tengo los nombres porque yo era niño y en mi familia no se tocaba el tema”, señaló, indicando que su relato se entrelaza con el de Guillermo Smithd, el carabinero asesinado por negarse a matar civiles, y con el de cientos de uniformados que, como su padre, fueron tratados como traidores por oponerse a la dictadura.
“Mi padre debió haber sufrido a manos de sus mismos colegas, por haber defendido al pueblo”, lamentó.
Negacionismo y olvido: la deuda pendiente con el sargento Cisterna
En un contexto político donde el negacionismo avanza y un presidente de ultraderecha como José Kast gobierna Chile, Isaac sintió que era el momento propicio para contar la historia de su padre y su familia.
“Por eso ahora es cuando más duele que tengamos un presidente de ultraderecha y que se promueva el negacionismo de todo lo que pasó en la dictadura, de cómo mataron, de cómo torturaron”, expresó.
El niño de cuatro años que vio a su madre dudar frente a un ataúd cerrado se convirtió en un hombre, que tiene tres hijas y quiere que su padre sea recordado, como él mismo lo define, como «un valiente».
“Mi hija mayor cumplió 29 años el sábado. Entonces mi padre para mí merece eso, merece ahora ser recordado, que se sepa que hubo un hombre que sí estuvo por el lado del pueblo durante la dictadura, y fue mi padre”, afirmó.
