El bergantín del irredento (Mago editores, 2025, 248 pp):

La navegación de un tránsfuga temporal

En la novela El bergantín del irredento, Sarmiento de Gamboa es presentado como una especie de eterno transitante o caminante que está atrapado en un limbo temporal entre el siglo XVI y el XX, un símil, guardando las proporciones, de judío errante o don Guillermo, que es incapaz de detener su bagaje por la tierra y pasa su eterna vida observando cuanta cuestión suceda.

La navegación de un tránsfuga temporal

Por Francisca Piñeira

Para adentrarnos en la narrativa de Cristián Vila Riquelme es necesario que primero comprendamos la carga simbólica del título. Comencemos por dos de las palabras que lo componen: bergantín, embarcación de dos mástiles que se caracteriza por ser fácil de maniobrar en costas difíciles como, por ejemplo, el estrecho de Magallanes. En la obra, este concepto será central, pues el protagonista escoge esta nave para embarcarse en la aventura. A su vez, el término irredento empleado para definir aquello que no ha sido rescatado ni liberado y que en este texto servirá para hacer referencia a quien permanece fuera de la redención o del perdón histórico (tal vez incluso propio).

El título de esta novela, entonces, es la puerta hacia una narrativa en la que se presenta la imagen de una nave y una existencia (la de su capitán), condenados a una obsesa persistencia, solitaria y sin salida.

Esta nave, la Stultifera navis, es comandada por una figura histórica, a la que se asocia uno de los eventos más trágicos en el mundo de la navegación: Sarmiento de Gamboa (1532-1592). El verdadero Sarmiento de Gamboa ha sido descrito por los cronistas como un navegante español, cosmógrafo, historiador, estudioso de los astros, cuya vida estuvo marcada también por su destacamento como hombre intelectual y de mala fama política. En su biografía uno de los hitos más destacados es al mismo tiempo uno de los más nefastos, este es el que refiere al fallido intento de colonizar el estrecho de Magallanes, pues dicho capítulo de la historia culminó en el abandono y la muerte de aquellos colonos (mujeres y niños entre ellos) que, junto y bajo mando de Sarmiento, cruzaron tierras y mares para gobernar en nombre de sus altezas los Reyes Católicos, pero acabaron muriendo de hambre y frío.

Frente a la versión historiográfica, Cristián Vila Riquelme presenta un proyecto escritural en el que cita sujetos, espacios y hechos de la historia oficial, pero se posiciona fuera de esta al proponer una reescritura de figuras como Sarmiento de Gamboa, quien pasa de ser un referente histórico del período de exploraciones y conquistas europeas del Nuevo Mundo a transformarse en una suerte de arqueólogo de la memoria y el delirio destinado a la desdicha. Asimismo, Vila sitúa el punto más álgido del relato en el estrecho de Magallanes, pues es en este espacio geográfico en el que los acontecimientos más terribles se desarrollarán, y es también aquí en donde quedará anclada y condenada el alma de Sarmiento, quien después de dejar a su gente en el fin del mundo comienza un viaje interminable que estará marcado por la soberbia, la obsesión, la culpa y, tal vez, el deseo de ser perdonado.

En la novela El bergantín del irredento, Sarmiento de Gamboa es presentado como una especie de eterno transitante o caminante que está atrapado en un limbo temporal entre el siglo XVI y el XX, un símil, guardando las proporciones, de judío errante o don Guillermo, que es incapaz de detener su bagaje por la tierra y pasa su eterna vida observando cuanta cuestión suceda. Algo que resulta muy interesante es que este limbo tiene como piedra angular un espacio que hoy es territorio nacional, pero que antaño, desde la mirada de los conquistadores y exploradores, era el sitio en donde sus sueños y pesadillas tenían lugar. Así es que el estrecho de Magallanes, conocido por su geografía y naturaleza adversa, conducirá al cumplimiento de un destino desventurado, malogrado, que desde su simiente está condenado a la imposibilidad de conducir a otro fin que no sea el fracaso, la culpa, la locura, la muerte. En sus sueños, Sarmiento

“Se dio cuenta desde el principio que fueron sueños de derrota ya que ni siquiera alcanzaban la categoría de pesadilla (…) Se vio (…) en la angustiosa jornada de náufragos arriba de un trozo enorme de hielo, tipos en andrajos y con el rostro resquebrajado por la desesperación y la silente y unánime soledad de los confines del mundo” (pp. 211-212).

Es a imagen y semejanza de la tempestad propia del territorio en que ocurren los hechos que Sarmiento de Gamboa, como personaje literario, será caracterizado como un individuo cuya mente y alma sedientas de perdón y alucinadas por la obsesión, se desdoblará y abrirá espacio entre planos físicos y temporales, cruzando océanos de pensamientos e historia (al más puro estilo del Drácula dirigida por Coppola). Sarmiento, cual aparecido, deambulará en otros puntos temporales: aquí, Gamboa, confundido, pues no está completamente consciente del sitio ni la época en que se encuentra, contemplará, abatido por cuanto le rodea, eventos horripilantes y además enfrentará la incomprensión por parte de quienes lo escuchan narrar sus desgracias y lo confunden con un loco por querer resarcir una historia cuyo fin no tiene remedio. En este punto del relato es inevitable detenerse ante quienes lo oyen y periciar sus reacciones, pues pareciera ser que el único conmovido ante la posible y cercana muerte de otros seres humanos es él, esto sin importar la época en que cuente el porqué de su viaje. Cito textual:

“¿Cómo dice usted que se llama? ¿Pedro Sarmiento de Gamboa? ¿Qué dice que es, capitán español Adelantado del Rey Don Felipe? ¿Cómo, dice usted que nació hace cinco siglos atrás? ¿Qué debe regresar al Estrecho de Magallanes a recoger a sus hombres y reflotar la antigua nave capitana?» (pp. 78).

El fragmento anterior explícita el cuestionamiento hacia Sarmiento y hacia su objetivo. Destacará, sin embargo, el mismísimo capitán, la presencia de otro tránsfuga, el único con quien en medio del caos tempo-espacial-emocional halló genuina atención y comprensión. Sarmiento expresa que

“Pero yo no habría podido comentarlo con nadie que no fuese aquel misterioso alquimista, tal como tránsfuga en el tiempo y espacio, contradictor supremo de la razón y la fé” (pp 78).

Conforme avanza el relato, cabe preguntarse: ¿Es que no hay forma en ninguna dimensión de que pueda cumplir su misión? ¿Ni antes ni ahora hay quien comprenda su situación?

La identidad de Sarmiento está fragmentada. Su lealtad hacia los hombres, mujeres y niños que abandonase hace 400 años lo convierte en un loco, pero es esta misma locura la única forma coherente que le permite hacer frente a un siglo XX que él describe como horroroso, más aún que el mundo que habitó. Incluso en estos tiempos, indica Sarmiento, los hombres continúan luchando y adjudicándose conquistas, pero ahora lo hacen en nombre de la tecnología y el progreso, y así siguen borrando y desapareciendo a otros. Aquí es cuando, durante la lectura, he pensado en las palabras de Edmundo O’Gorman quien en La invención de América cuestiona la idea del descubrimiento de América y explica que este hecho sería más bien una invención, pues responde a un proceso en que el europeo llega a un espacio preexistente y pese a ser consciente de esta existencia territorial y humana, decide renombrar, volver a delimitar, y con ello anular, invisibilizar y eliminar a un otro. Sarmiento, en la novela, hace referencia a este punto y deja entrever su crítica, y es que él mismo ha fundado ciudades en nombre de su rey, esto no por gusto, sino porque comprende que es una forma de conseguir el permiso y las herramientas necesarias para embarcarse en su aventura de conocer otros mundos. Aquí, Sarmiento igualmente resalta la locura que esto implica, nombrar aquello que ya ha sido nombrado para apropiarse. Este apartado de la novela refuerza, desde mi punto de vista, la idea de que Sarmiento es posicionado una vez más desde el margen de la historia oficial y cita hechos, como la fundación de ciudades, y con ello también expone una realidad humana en cuya base radica el deseo de ejercer poder sobre tierras y sobre otros, poder que se obtiene y consagra mediante el lenguaje.

Otro aspecto medular en la novela tiene que ver con lo fantástico, y es que ciertos elementos de la narración, que probablemente ya habrán sido advertidos en párrafos anteriores, contribuyen para que la historia, pese al formato en que está escrito y las constantes referencia a relaciones y otros de este estilo, profiera una narrativa fantástica. Citemos una vez más el estrecho de Magallanes; está leído como un umbral fantástico y es que es en este espacio en donde todo comienza y termina. El estrecho de Magallanes, ubicado en el fin del mundo, es conocido por sus difíciles aguas, tierras y clima. Es un espacio en donde incluso los más aventureros, Sarmiento, terminan perdiendo la cabeza… y la vida. No es de extrañar que, una vez llegado a este lugar, él y sus acompañantes, desconocidos por la Natura circundante, comenzarán a cuestionar sus decisiones y su vida. Es cierto que Sarmiento deja atrás a los suyos con el propósito de ir por ayuda para regresar y salvarlos del hambre y el frío; es cierto que solo en carne y hueso, pues su destino, vaticinado en sueños adolescentes ya indicaba que su mente y alma estaban condenados allí.

Esta dimensión fantástica se encarna también en el mismo Sarmiento, que entre que es la figura histórica y al mismo tiempo no, pues es aquí un personaje inmerso en el relato y qué podría ser más fantástico, primero, que un sujeto que viste las pieles de otros: es el Che Guevara, es Manuel Rodríguez, carga la cruz de Cristo, es tantos otros y al mismo sigue siendo él. Y, en segundo lugar, es un personaje cuyo fatum está forjado en la catástrofe, la muerte, la culpa, pero, según él indica, no logra comprender del todo lo que le rodea y así sigue anclado a su pasado e intenta volver y hacer algo, pero volver a dónde, si han pasado 400 años. Sarmiento no lo entiende o no quiere entenderlo. Es aquí cuando, como lectora, me pregunto si es posible confiar en él: ¿serán puros sus deseos?, ¿quiere salvar a los suyos o salvarse a sí mismo de la historia construida a su alrededor?

En suma, desde lo fantástico, está la configuración de una atmósfera en que se describe una naturaleza ominosa, siniestra, oscura, hambrienta y terrible, que es indomable, inenarrable y que contribuye a la locura del personaje y de su gente. Los colonos mueren de hambre, frío, miedo, y Sarmiento se pierde junto a ellos. Porque nada hay más desolador que el fin del mundo.

Otros elementos fantásticos refieren a la presencia de seres como Mahmudd el siriaco, ese gato que recuerda ser un templario, o a la presencia de quienes acompañan a Sarmiento en su intento por regresar a salvar a los colonos en el bergantín: estos sujetos que, existentes, se pasan a la ficción y personajes que, ya perteneciendo a otros universos, aparecen aquí como la flota del delirante. Aquí el tema es muy entretenido y es que quienes se embarcan con él pierden su vida en este viaje, pero enmiendan su alma o pareciera ser que alcanzan otro nivel de heroísmo; son personajes invitados desde relatos hermanos situados también en algún punto del vasto confín de la tierra o escritores provenientes de esta zona. Una vez más, no solo el estrecho de Magallanes, sino que Magallanes como un referente entre la realidad y la ficción.

Por último, creo que resulta interesante el ejercicio narrativo vinculado a la memoria, al sueño, al periodo de vigilia, a la comparación entre mares, pero también mentes, de siglos de historia y cómo esta navegación sin destino propone lecturas de lo que ha sido la historia oficial, el discurso y cómo esto se ha construido desde la perspectiva de algunos y no de todos. Sarmiento de Gamboa ofrece en este texto no solo una mirada sino muchas: es un hombre del Renacimiento, es explorador, también practica enseñanzas ocultas, ancestrales, paganas; una cuestión que refuerza la presencia de un sujeto que se ha vuelto susceptible a la interpretación de la realidad. Él es quien sueña sus sueños y los de otros, es quien maneja un lenguaje y un sistema de creencias que el resto de la sociedad (la moderna) no comprende, entonces se vuelve un extraño, un tránsfuga.

Por Francisca Piñeira

La autora es catedrática de Literatura de la Universidad de Magallanes.


Sigue leyendo:

Obtén tu Pasaporte y apoya a El Ciudadano

Elimina la publicidad, accede a contenido exclusivo y sé parte de la comunidad.

Elige tu plan

Turista

$1.990 /mes

 


Sin anuncios · Publica tus artículos

Ciudadano — TOP

$4.990 /mes

 


Sin anuncios · Publicar artículos · PDFs · Newsletter exclusivo · Favoritos

Diplomático

$10.990 /mes

 


Sin anuncios · Publicar artículos · PDFs · Newsletter exclusivo · Favoritos · Voz editorial

Cancela en cualquier momento  ·  Sin permanencia


Reels

Ver Más »
Busca en El Ciudadano