La Cumbre de Nueva Delhi, los avances por los bordes y los desafíos futuros
Por Marco Fernandes*
En su discurso en la 18.ª Cumbre del BRICS en Nueva Delhi, el presidente Xi Jinping se atrevió a proponer el principio de los «cuatro pioneros»: en su visión, el grupo debe ser pionero en la innovación para el desarrollo, en la defensa de la paz y la estabilidad, en la promoción del aprendizaje mutuo entre civilizaciones y en la reforma y mejora de la gobernanza global. Una tarea ambiciosa para un grupo cuya única iniciativa significativa hasta el momento ha sido el Nuevo Banco de Desarrollo, fundado en Shanghái en 2015. Sin embargo, ese era el espíritu que prevalecía entre los jefes de Estado. El anfitrión, Narendra Modi, abrió la cumbre proponiendo transformar «la pirámide de privilegios [del orden mundial actual] en una plataforma de asociación» y lograr que el bloque deje de ser un «seguidor de reglas» para convertirse en un «formador de reglas». El presidente ruso, Vladimir Putin, por su parte, fue más categórico: el sistema unipolar es «cosa del pasado», y la ventaja decisiva del grupo no reside en ocupar un tercio de la superficie terrestre ni en producir el 40 % del PIB global, sino en el «enorme y poderoso potencial intelectual y tecnológico concentrado en nuestros países». Los discursos estaban en sintonía, pero el grupo aún tiene dificultades para funcionar como una orquesta bien ensayada.
¿El BRICS es un «vaso medio vacío» o un «vaso medio lleno»?
Los resultados de la presidencia india de 2026 pueden interpretarse desde dos perspectivas: el «vaso medio vacío» o el «vaso medio lleno». Dialécticamente hablando, ambas pueden ser correctas. Quienes lo ven «medio vacío» tienen argumentos válidos cuando comparan la Declaración de Nueva Delhi con lo que se logró en Kazán (2024) y en Río de Janeiro (2025), particularmente en lo que ha sido la principal agenda del bloque: crear alternativas a la arquitectura financiera y monetaria que Occidente controla y ha convertido en arma.
Empecemos por el sistema de pagos internacionales. En la semana anterior a la cumbre, se informó que el Banco Central de la India presentaría la propuesta de interconexión de las monedas digitales de bancos centrales (CBDC, por sus siglas en inglés), y la presidencia parecía dispuesta a defenderla. Una alternativa sería la interconexión de los sistemas de pagos domésticos — UPI (India), Pix (Brasil), SBP (Rusia), QRIS (Indonesia) y los sistemas chinos. Las expectativas de avances concretos eran altas. No se llegó a un consenso, y la Declaración ni siquiera menciona el acrónimo CBDC. Este retroceso es evidente en la redacción de los documentos: en Kazán, los líderes instruyeron a sus ministros de Hacienda a tratar el tema y presentar un informe en la próxima presidencia, nombrando la institución a crear, el BRICS Clear; en Río, mantuvieron esa instrucción y acordaron un producto a entregar, el Informe Técnico sobre pagos. Ahora, el verbo, el plazo, la institución y el informe han desaparecido, quedando solo el reconocimiento de que el grupo de trabajo «estudió» y «discutió» el tema, y la salvedad de que «no existe un enfoque único que sirva para todos».
En cuanto al Acuerdo de Reserva Contingente (CRA, por sus siglas en inglés), la frustración es mayor porque se había logrado un progreso real. Creado en la Cumbre de Fortaleza en 2014 como un fondo de emergencia de 100.000 millones de dólares y presentado como la alternativa del Sur Global al FMI, el acuerdo nunca se ha utilizado, principalmente porque los cinco miembros fundadores poseen amplias reservas en dólares. Dos nuevos miembros, Etiopía y Egipto, tuvieron que recurrir al FMI en 2024 y sufrir las condiciones draconianas que son la marca registrada del fondo con sede en Washington.
Bajo la presidencia brasileña en 2025, el Tratado del CRA revisado fue enviado a las capitales — etapa que precede a la firma — con el compromiso de incluir «monedas elegibles para el pago», es decir, monedas distintas del dólar. También se discutió la posibilidad de permitir el acceso de nuevos miembros, lo que aliviaría a Etiopía y a Egipto. Sin embargo, solo el 30 % de cualquier retiro puede ser autorizado por el propio BRICS; el 70 % restante exige un acuerdo con el FMI. Un fondo concebido como alternativa al FMI todavía necesita la autorización de este para operar. Catorce meses después, la Declaración de Nueva Delhi afirma que las enmiendas «ayudarán», y la cláusula sobre monedas ha desaparecido. El CRA está paralizado — y el BRICS está perdiendo la oportunidad de ir más allá de la crítica consensual a las «trampas de la deuda» para llegar a una solución concreta para sus propios miembros.
Mientras tanto, la Bolsa de Granos — una propuesta rusa de una alternativa a las bolsas de Chicago y París, sustentada en el hecho de que los países del BRICS producen alrededor de la mitad de los principales granos del mundo — daría al grupo un mayor control sobre la formación de precios, un paso adelante en la soberanía alimentaria y, eventualmente, la posibilidad de negociar en monedas distintas del dólar. Hoy, entre el 80 % y el 90 % de los productos básicos de alimentos y energía se negocian en dólares — uno de los principales pilares de la hegemonía de la moneda norteamericana.
Acogida en Kazán como una iniciativa rusa y negociada en 2025, pasó solo de «continuar desarrollándose» a «discutir las modalidades de su funcionamiento»: en dos años, el único cambio fue reconocer que aún no está definido cómo funcionaría. Putin observó diplomáticamente la falta de progreso: «Quisiera también recordar una serie de iniciativas rusas que, a mi juicio, son útiles: la construcción, con base en el BRICS, de una infraestructura de pagos, compensación y custodia; la creación de una nueva plataforma de inversiones, un mecanismo de reaseguro y una bolsa de granos». La plataforma, basada en el NBD, facilitaría la inversión entre países del Sur Global sin la intermediación de instituciones en Nueva York o Londres. El mecanismo de reaseguro desafiaría a las reaseguradoras europeas, hoy las «ejecutoras» de las sanciones occidentales, que fijan el precio de la cobertura para un petrolero indio que transporta petróleo ruso, por ejemplo, de acuerdo con «techos» establecidos por Washington y Bruselas. La plataforma desapareció de la declaración, mientras que el mecanismo de reaseguro fue reducido.
El BRICS avanza como quien come sopa caliente: por los bordes
Pero el desempeño del bloque también puede interpretarse como un «vaso medio lleno». Algunas propuestas avanzaron este año. Las Garantías Multilaterales del BRICS, ausentes en Kazán y lanzadas solo en Río, llegaron a Nueva Delhi con directrices acordadas, incubación en el Nuevo Banco de Desarrollo sin capital adicional y transacciones piloto autorizadas — un instrumento que moviliza capital privado y reduce los costos de financiación de infraestructura. El segundo avance está en el espacio: la Constelación de Satélites de Teledetección, propuesta por la agencia espacial china en 2015 y firmada en 2021 bajo el modelo «seis satélites, cinco estaciones terrestres», incorporó la enmienda de adhesión de nuevos miembros en la redacción final, con los términos de referencia para un Consejo Espacial ya delineados.
Pero el principal argumento para ver el «vaso medio lleno» está en otro lugar: los mayores avances del bloque no fueron acuerdos colectivos — prácticamente inexistentes —, sino la profundización de los vínculos bilaterales y trilaterales entre sus miembros. Las cumbres están empezando a servir como foro para aliviar tensiones diplomáticas. En octubre de 2024, en Kazán, Xi Jinping y Narendra Modi conversaron por primera vez en cinco años, cuatro de los cuales fueron ensombrecidos por el enfrentamiento militar en la frontera, que resultó en la muerte de numerosos soldados de ambos lados. Ese encuentro dio inicio a una secuencia que pasó por Tianjin, en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái de 2025, y culminó en la visita de esta semana — Xi no visitaba la India desde hace siete años. Los resultados son significativos: cerraron la 25.ª ronda de negociaciones sobre la frontera con ocho puntos de consenso, reanudaron los vuelos directos y las antiguas rutas comerciales; China retomó las exportaciones de tierras raras y máquinas perforadoras de túneles a la India, que flexibilizó las reglas sobre inversiones chinas vigentes desde 2020, mientras el comercio bilateral alcanzó los 151.100 millones de dólares, convirtiendo a China en el mayor socio comercial de la India.
El mismo mecanismo entró en acción durante el episodio más delicado del fin de semana: el presidente iraní Masoud Pezeshkian y el príncipe heredero de Abu Dhabi, jeque Khaled bin Mohamed bin Zayed — que están en lados opuestos de una guerra desde el 28 de febrero — se reunieron por primera vez desde el inicio del conflicto y respaldaron el mismo llamamiento a la máxima moderación en la declaración. El conflicto había perjudicado la reunión de los sherpa en abril, que terminó sin un comunicado conjunto y generó temores de que un impasse pudiera impedir la unanimidad en Nueva Delhi. La declaración fue publicada, y puede que se haya dado un primer paso para aliviar el más grave conflicto hasta ahora entre dos miembros del BRICS.
Cuando los líderes se encuentran, las montañas se mueven: comercio, monedas locales y nuevas rutas comerciales
En los círculos diplomáticos, es casi de conocimiento general que nada impulsa las relaciones entre dos países como un encuentro de sus líderes, lo que hace que la burocracia se mueva con velocidad incomparable. Además de las tensiones, otras dimensiones estratégicas también se están profundizando.
El comercio entre los cinco miembros fundadores — Brasil, China, India, Rusia y Sudáfrica — se duplicó entre 2020 y 2025 (de 340 000 millones a 678 000 millones de dólares), según datos de Comtrade (ONU) y del FMI. Brasil y China batieron un récord en 2025 (171 000 millones de dólares); Rusia y China alcanzaron los 228 000 millones de dólares, un aumento del 26 % en los primeros siete meses de 2026. La tendencia tampoco se limita a China: el comercio entre Brasil e India creció un 25 % en 2025, hasta los 15 200 millones de dólares, mientras que el comercio entre Egipto y Rusia batió un récord de 10 500 millones de dólares. El aumento más espectacular, sin embargo, fue el del comercio entre Rusia e India, que creció casi ocho veces desde 2020 (de 8400 a 66 000 millones de dólares), impulsado por el petróleo.
Mientras tanto, el comercio en monedas locales va ganando espacio en varios casos, a pesar de la falta de un acuerdo colectivo dentro del grupo: Rusia y China liquidan el 99,1 % de su comercio en monedas nacionales, y Rusia e India, alrededor del 96%. China ya posee acuerdos de compensación (evitando el dólar) con más de 20 países, seis de los cuales son miembros (Rusia, Brasil, Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Sudáfrica y Egipto) y cuatro son socios (Malasia, Tailandia, Kazajistán y Bielorrusia). El modelo con mayor probabilidad de éxito — la interconexión de sistemas de pagos domésticos — ya está siendo promovido por miembros y socios asiáticos: Indonesia, Tailandia, Vietnam y China forman una red entre sus sistemas, mientras que la India negocia uno con algunos de ellos. En las últimas semanas, Brasil conectó el Pix con los sistemas ruso y chino, permitiendo, en una primera fase, que ciudadanos de esos países utilicen sus cuentas en suelo brasileño. Todo esto hace las transacciones más rápidas y baratas, sin la intervención de bancos de Wall Street. Solo falta una decisión política para que los sistemas del BRICS se conecten entre sí, creando una alternativa a SWIFT — hoy un arma política de Washington y Bruselas, como Rusia, Irán y Cuba saben bien.
Así como es necesario crear alternativas al sistema del dólar, los países del BRICS vienen formando asociaciones para construir rutas comerciales que ofrezcan una alternativa a las controladas por Occidente — no solo para protegerse contra intervenciones militares, cuyos riesgos han aumentado, sino porque las nuevas rutas son, en promedio, de un 30% a un 40% más cortas y baratas. El Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, que une a Rusia, Irán y la India bordeando el Canal de Suez, aumentó el tráfico de 7.200 a 11.000 contenedores en 2025. El 7 de septiembre, un convoy de 55 contenedores partió de la estación de Chengxiang, en Chengdu, en el primer tren dedicado a la ruta China–Irán: más de 6000 kilómetros en dos semanas, pasando por Kazajistán, Uzbekistán (ambos socios del BRICS) y Turkmenistán hasta Sarakhs, en la frontera con Irán, sin pasar por Malaca. La Ruta Marítima del Norte (o la Ruta de la Seda Polar, como la llaman los chinos), abierta por rompehielos rusos movidos por energía nuclear, movilizó 37 millones de toneladas en 2025 y debe superar los 40 millones este año, reduciendo la travesía Asia–Europa a 18 o 20 días, frente a más de 40 vía Suez; los puertos rusos y chinos ya representan el 15 % del total. En julio, Moscú autorizó a Rosatom a firmar un memorando con Nueva Delhi sobre el transporte de carga por el corredor ártico. Y Brasil y China están negociando una conexión ferroviaria con el Puerto de Chancay, en Perú, conectando el país con China a través del Pacífico. Mientras Occidente apuesta por el renacimiento de una de sus tradiciones históricas — la piratería —, aprehendiendo buques sujetos a sus sanciones ilegales (como los de Rusia, Irán y Venezuela), los países del BRICS están invirtiendo en rutas terrestres o marítimas bajo su propio control (con excepción de la conexión Brasil–Perú–China).
¿Es posible duplicar el número de miembros sin alterar las reglas del juego? Repensando la regla del consenso
Hay evidencias abundantes de que las relaciones entre los miembros del grupo están avanzando lentamente, de forma gradual y constante — y, sin esa profundización, la unidad exigida por las propuestas audaces de sus discursos no será forjada. Pero ¿cómo explicar la discrepancia entre la ambición de esos discursos y la ausencia de acuerdos colectivos decisivos desde que el Nuevo Banco de Desarrollo fue fundado en 2015? La explicación puede no estar en la falta de voluntad política, sino en el método de toma de decisiones. Cualquier propuesta aún exige consenso, una regla que funcionaba razonablemente — no sin fricciones — cuando había cinco miembros con trayectorias comparables y que se ha vuelto casi inoperante con diez países de realidades e intereses tan diversos. Hoy, basta un solo país para vetar lo que los otros nueve desean. ¿Por qué no introducir cierta flexibilidad, permitiendo que una iniciativa sea aprobada por mayoría simple o calificada, sujeta a revisión colectiva después de un período determinado? Nuevos participantes podrían adherirse; los miembros podrían retirarse. Cada vez más, algunos importantes especialistas en BRICS, como el economista brasileño Paulo Nogueira Batista y el economista ruso Yaroslav Lissovolik, defienden esta idea. El primero fue vicepresidente del Nuevo Banco de Desarrollo (el Banco de los BRICS) y director ejecutivo del FMI; el segundo es el fundador de BRICS+ Analytics, que propuso por primera vez un debate sobre una moneda de reserva del BRICS, el R5, que estuvo en los titulares en 2023, pero que ahora está aplazado.
El potencial del BRICS, o su capacidad de ser un «pionero», como propone Xi Jinping, reside sobre todo en la escala: reúne a cinco de las ocho mayores economías del mundo, el 40% del PIB en paridad de poder adquisitivo, y es una superpotencia en energía, alimentos y minerales esenciales (incluidas las tierras raras). Actuando al unísono, el grupo tendría poder real para intervenir — y disuadir los ataques occidentales — dando forma a un nuevo orden. A pesar de los avances bilaterales, solo esa escala proporcionará el salto cualitativo que el Sur Global necesita.
Como China debe asumir la presidencia del BRICS en 2027, quizás ahora sea el momento de aprender una lección sabia del mayor de los maestros chinos:
«Confucio, aconsejando a un discípulo que había sido recientemente nombrado administrador, le advirtió que no tuviera prisa y que no se aferrara a pequeños logros: ‘Quien tiene prisa no tendrá éxito; quien se aferra a pequeños logros no realizará grandes obras.'»
Dos milenios después, el bloque reunido en Nueva Delhi aprendió bien la primera lección. Es la segunda la que todavía les falta.
* Marco Fernandes es miembro del Consejo Civil de los BRICS, analista geopolítico de Brasil de Fato, editor de revista Wenhua Zongheng International. Reside en Moscú, Rusia.
