¿Es posible devolverle la respiración a un tronco vencido reuniendo únicamente sus fragmentos esparcidos? Lo que comenzó como un planteamiento ingenuo frente al deterioro ambiental terminó por convertirse en un eje conceptual profundo. Eduardo Filún Matus no intenta una imposible restitución biológica, sino confrontar al espectador con la cicatriz que deja la pérdida. Su trabajo transita por la alquimia de la fotografía analógica para registrar la huella de la intervención humana, transformando la crisis de los bosques en una reflexión estética sobre el paso del tiempo, el fuego y la deforestación.
El cuerpo como soporte de la ruina vegetal

El camino que desembocó en esta serie arrancó años atrás, cuando el artista advirtió que su relación con el entorno natural estaba mediada inevitablemente por la presencia de ramas quebradas, cortezas desprendidas y restos forestales. «Siempre apuntando al paisaje, utilizando elementos naturales. Me empecé a dar cuenta de que siempre estaba trabajando con fragmentos de árboles, quizás desde una forma más intuitiva», reflexiona sobre ese instante seminal en que formuló su interrogante central. En ese proceso creativo contó con la colaboración del curador Andrés Silva (Avsil Nédras), cuya mirada externa y asistencia fotográfica permitieron encauzar cada hallazgo.
En lugar de limitarse a fotografiar el entorno desde la distancia, el creador decidió involucrar su propia corporalidad. La piel humana actúa en la serie como un lienzo activo de contraste frente a la rigidez inerte del vegetal. Mediante técnicas fotoquímicas de cianotipia y virados tonales, las imágenes capturan un diálogo silencioso entre lo que aún palpita y lo que ha dejado de hacerlo. «El árbol no se puede reconstruir, no puede volver a la vida. Pero en esa intención de querer revivir la figura del árbol radica algo bien simbólico que ha sido una constante dentro de todo mi proceso creativo. Cada pieza ensaya diferentes respuestas en torno a esta misma pregunta», destacó el autor, entrevistado por El Sureño a principios de año, con motivo de la exhibición de la muestra en la ciudad de Osorno.

Aunque la atmósfera de las obras invita a un recorrido pausado y de introspección personal, el fondo de la propuesta sostiene un diagnóstico severo sobre los problemas ecológicos que golpean al sur de Chile. El contacto directo con territorios rurales y el avance de las plantaciones de monocultivo en zonas como San Juan de la Costa nutrieron la carga política del proyecto. A través de composiciones sutiles pero contundentes, la fragilidad de la imagen fotográfica expone las consecuencias del modelo extractivista, los incendios forestales y la tala sistemática que desfigura el territorio sur.
Para el creador, este desembarco en uno de los centros culturales más emblemáticos de la Región del Biobío representa una oportunidad clave para expandir la discusión hacia nuevas audiencias. La muestra apela a una sensibilidad compartida donde el dolor por el entorno degradado trascienda el espacio del taller. «De alguna forma, es una invitación a sumergirse en un universo creativo súper personal. Me interesa que el espectador logre hacer ese nexo desde lo íntimo, lo sensible y lo simbólico; que pueda también decirse que esto refiere a algo mucho más grande, mucho más crítico», puntualizó Filún Matus para el medio osornino.
Coordenadas

• Exposición Sostener la memoria del bosque, de Eduardo Filún Matus.
Sala David Stitchkin Branover, Casa del Arte José Clemente Orozco. Avenida Chacabuco 1343, Concepción.
Disponible hasta el 21 de noviembre de 2026. Abierta de martes a viernes de 10:30 a 18:15 horas, y los sábados de 10:30 a 13:45 horas.
Entrada gratuita.
Fuente: Pinacoteca.udec.cl y Elsureno.cl.
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