“Tras las huellas del pudú”: educación ambiental para conocer y proteger al pequeño ciervo del bosque en Chiloé

La iniciativa impulsada por CECPAN aborda la relación entre el pudú (Pudu puda), el bosque nativo y las actividades humanas que amenazan su conservación. El programa contempla cuatro unidades educativas, talleres prácticos con estudiantes y un sistema de evaluación inicial y final para observar cambios asociados al proceso. Como parte de una segunda etapa de trabajo, los materiales educativos serán entregados gratuitamente a otros establecimientos para que puedan desarrollar el programa de manera autónoma.

“Tras las huellas del pudú”: educación ambiental para conocer y proteger al pequeño ciervo del bosque en Chiloé

Iniciativa CECPAN de educación ambiental para conocer y proteger al pequeño ciervo del bosque en Chiloé: “Tras las huellas del pudú”

Imagen portada: Felipe Miranda Ojeda (CECPAN)

Conocer el bosque para conocer al pudú. Esta es una de las ideas principales que atraviesa el programa de educación ambiental “Tras las huellas del pudú, morador del bosque chilote”, desarrollado por el Centro de Estudio y Conservación del Patrimonio Natural (CECPAN).

La iniciativa busca que estudiantes de distintas escuelas puedan acercarse a la especie, conocer el lugar donde vive y comprender algunas de las relaciones que establece con otros seres vivos. También aborda las amenazas que enfrenta y las acciones que pueden contribuir a prevenirlas.

El programa forma parte de un proyecto financiado por el Fondo de Protección Ambiental (FPA) del Ministerio del Medio Ambiente para el período 2025-2026. En esta primera etapa, las actividades se desarrollan en tres establecimientos del archipiélago: la Escuela Rural El Palomar, la Escuela Rural de Puente Puntra y la Escuela Rural de Chepu Alla Mapu.

La propuesta contempla cuatro unidades educativas dirigidas actualmente a estudiantes de tercero y cuarto básico.

Conocer para comprender: del bosque al pudú

La primera unidad, “El bosque chilote un hogar compartido” está dedicada al aprendizaje y valoración de la biodiversidad y ecosistema del bosque chilote. A través de distintas actividades, los estudiantes conocen dónde habita el pudú y las diferentes capas que componen el bosque, junto con las características de cada una.

“Que pueda haber un aprecio y conocimiento del bosque chilote”, explica Carolina Rodríguez, geógrafa e integrante de CECPAN, quien está a cargo del proyecto.

La segunda unidad, “Pudú por un día”, se concentra directamente en la especie, con el propósito de promover la empatía y el conocimiento sobre aspectos básicos de la biología y ecología del pequeño ciervo chilote. Aquí, los estudiantes aprenden sobre las características, alimentación, reproducción y otros aspectos de su vida cotidiana.

Luego viene “El pudú y sus vecinos del bosque chilote”, una unidad que amplía la mirada hacia las relaciones que mantiene el pudú con otras especies. Aquí se trabaja sobre la importancia de la trama trófica o redes alimenticias y sus interacciones directas o indirectas con la biodiversidad de bosque nativo.

La cuarta unidad “#AlertaPudú”, denominada igual que la campaña para redes sociales del proyecto, aborda las principales amenazas que enfrenta la especie. Entre ellas están los atropellos, los ataques de perros, la tenencia irresponsable de mascotas y la pérdida de hábitat por procesos de deforestación, parcelaciones, construcción de caminos, entre otros.

A partir de estas problemáticas, el programa incorpora también algunas prácticas para prevenirlas, como medidas concretas para evitar atropellos, tenencia responsable de mascotas y un uso consciente de la madera y de los productos derivados del bosque.

Pedagogías de la iniciativa

El programa utiliza fotografías, dibujos, juegos, representaciones, dinámicas sensoriales, materiales reutilizados, recursos audiovisuales y actividades al aire libre.

Cada unidad tiene una duración mínima de 90 minutos y contempla la participación de los docentes. De acuerdo con las posibilidades de cada establecimiento, algunas actividades pueden realizarse también en espacios naturales cercanos.

El programa considera, además, un instrumento diagnóstico que se aplica antes de comenzar las unidades y nuevamente al finalizar la cuarta etapa, a fin de observar posibles cambios relacionados con el proceso educativo.

Aunque la implementación actual se realiza con estudiantes de tercero y cuarto básico, la propuesta contempla la posibilidad de adaptar sus contenidos y actividades a otros niveles y establecimientos. Además, se plantea también su utilización con personas adultas.

Ampliar el alcance a nuevas escuelas y procesos

La experiencia que actualmente se desarrolla en las tres escuelas busca tener continuidad más allá de los establecimientos donde el equipo de CECPAN está realizando directamente los talleres.

Para ello, una de las próximas etapas contempla la producción y entrega física de los materiales educativos elaborados en el marco del proyecto. La intención es que sean distribuidos de manera gratuita a las escuelas del archipiélago que estén interesadas en desarrollar el programa de forma autónoma.

“Nos gustaría que este programa de educación ambiental tenga un alcance mayor”, señala Rodríguez. La posibilidad de realizar directamente las actividades en muchas escuelas está limitada por las capacidades del propio equipo. Por eso, explica, se optó por producir el material para que pueda quedar a disposición de las comunidades educativas.

La entrega de los materiales se encuentra actualmente en etapa de organización y planificación. CECPAN espera comenzar en las próximas semanas o meses con la distribución física del material educativo generado durante el proyecto.

La propuesta considera también un trabajo con educadores tradicionales del archipiélago. El equipo está planificando un taller para compartir el programa y sus materiales, de manera que posteriormente puedan llevarlos a sus escuelas y utilizarlos durante el año escolar.

Concientización y educación para la conservación ambiental

Para Rodríguez, una de las particularidades de la propuesta es que está centrada en una sola especie. Esto permite profundizar en distintos aspectos relacionados con su conservación: el hábitat, sus características, las relaciones con otros seres vivos y las amenazas que enfrenta.

“Cuando uno busca realizar acciones de conservación sobre una especie, una de las líneas de trabajo más importantes también es la concientización y la educación ambiental”, plantea.

Durante la implementación en las escuelas, el equipo también ha observado el interés de los estudiantes por el pudú. Rodríguez destaca que niñas y niños llegan con conocimientos sobre la especie y que estos también pueden transmitirse en sus hogares.

La intención de esta nueva etapa es que los materiales elaborados puedan llegar a otros establecimientos del archipiélago y que cada comunidad educativa pueda utilizarlos y adaptarlos de acuerdo con sus propias condiciones y necesidades.

De esta manera, el trabajo que comenzó en tres escuelas busca ampliar la circulación de conocimientos sobre el pudú, el bosque que habita y las amenazas que enfrenta, dejando herramientas para que otros procesos pedagógicos puedan continuar abordando estos contenidos desde sus territorios.

En Chiloé, donde el bosque constituye uno de los principales entramados biológicos y comunitarios de la vida, comprender al pudú (Pudu puda) y las amenazas que enfrenta resulta fundamental para cuidar las relaciones que sostienen este ecosistema. Las huellas de este pequeño habitante del bosque nativo forman parte de una memoria biocultural ligada al territorio, cuyo reconocimiento y valoración son también parte de los desafíos de su protección.

¿Qué sabemos del pudú y su estado de conservación?

El pudú (Pudu puda), cuyo estado de conservación en Chile es vulnerable (VU) y a nivel internacional se encuentra en una escala de casi amenazado (NT), es uno de los ciervos más pequeños del mundo, alcanza una altura entre 40 y 55 cm y un peso aproximado entre 7 a 10 kg. Su pelaje es uniforme de color café, con tonalidades que varían de más claras a más oscuras. Los machos desarrollan astas, que aparecen a partir del primer año y se renuevan anualmente.

Se considera un animal solitario, que ha podido observarse en grupos hasta de sólo tres individuos. En Chile se encuentra desde la región del Maule hasta la región de Aysén, siendo más frecuente su presencia entre las regiones del Biobío y Los Lagos. Habita el bosque y vive asociado a zonas de bosques húmedos, templados o fríos, con abundante vegetación. Su dieta, principalmente herbívora, se basa en helechos, arbustos, enredaderas y frutos.

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