Por primera vez, Chile es sede del foro oficial de diplomacia climática de las Naciones Unidas (YOUNGO) más grande de la región. Más de 200 delegados de 18 países se reúnen para exigir acción real rumbo a la COP31. Así YOUNGO 2026 en Santiago se convierte en el epicentro geopolítico del debate climático juvenil latinoamericano, reuniendo voces diversas que buscan impactar la agenda internacional.
Entre el jueves 8 y el domingo 11 de octubre, el Campus San Joaquín de la Pontificia Universidad Católica de Chile será el escenario central de la Conferencia Regional Latinoamericana de Niñeces y Juventudes sobre Cambio Climático (RCOY LATAM 2026). Este hito histórico congregará a más de 200 delegados internacionales provenientes de 18 países, además de autoridades de Estado, representantes del Congreso y miembros del cuerpo diplomático.
Durante cuatro días de intenso trabajo, las delegaciones redactarán y firmarán el histórico «Acuerdo de Santiago» y entregarán la «Declaración Cartográfica Latinoamericana de Niñeces y Juventudes sobre Cambio Climático». Ambos documentos consolidarán las exigencias y propuestas de los territorios de la región, las cuales serán presentadas oficialmente con carácter vinculante en la próxima COY21 y en las negociaciones internacionales de la COP31.

Para la organización, este encuentro trasciende lo técnico y se instala como un profundo ejercicio de diplomacia y tejido social. Nicolás Letelier García, estudiante de Pedagogía en Lenguaje y Comunicación de la Universidad Austral de Chile (UACh), egresado y parte de la Coordinación Logística de la conferencia, explica que el enfoque de este año busca conectar la diversidad territorial del continente. «A través de nuestra Declaración Cartográfica, hemos trazado la ‘Ruta del Colibrí’ desde México hasta Chile, cruzando los países de la región para conversar sobre el mundo que queremos. Es de suma importancia que la niñez y la juventud tengan la capacidad real de incidir en nuestra realidad y de construir ese futuro», señala.
El representante de la coordinación enfatiza que este proceso participativo requiere de una profunda empatía y responsabilidad comunitaria: «Esta participación conlleva una responsabilidad social inmensa. Querer construir también significa escuchar a la otra y al otro, conocer sus realidades y, de esa forma, comprenderse, respetarse mutuamente y así poder convivir».

Finalmente, Letelier recalca que la emergencia socioecológica exige dejar atrás el adultocentrismo en la toma de decisiones: «Unir al mundo frente a esta crisis no es una tarea exclusiva de los adultos; las niñeces y juventudes también hacemos parte fundamental de este proceso», concluye.
