Por Michael Roberts

Parece que la burbuja asiática de la IA ha estallado. Todo comenzó en Corea del Sur, con el índice bursátil KOSPI cayendo más del 8% el 15 de octubre. Eso se sumó a una enorme caída del 41% del índice coreano desde el pico del auge de la inversión en IA en Corea, el pasado junio. Las acciones de las dos grandes tecnológicas coreanas, SK Hynix y la gigante Samsung Electronics, cayeron más de un 10% ese día.
Ahora el estallido se ha extendido a China. El índice bursátil STAR50, que sigue a las principales empresas de IA y de chips, ha caído un 40% desde su máximo de julio, mientras que el CSI 300, más amplio, entró en territorio bajista tras caer un 20% desde junio. Sumada a la caída de siete días de Seúl, de 900.000 millones de dólares al 15 de octubre, casi 1,4 billones de dólares de «capital ficticio» se han evaporado solo en octubre en toda la cadena de suministro de hardware de Asia oriental. Por capital ficticio, Marx entendía el valor de mercado de acciones y bonos, que son derechos sobre el valor de activos reales (maquinaria, software, componentes, etc.) que poseen las empresas. Es ficticio porque puede quedar muy desalineado del valor real de los activos que las empresas poseen y emplean para obtener beneficios.
En Asia han sido los inversores minoristas (es decir, los hogares) quienes han alimentado el mercado bursátil. Las tasas de ahorro de los hogares son altas, especialmente en China, y el anterior auge inversor en el sector inmobiliario chino colapsó hace años. Comprar acciones de IA es la última moda para hacer fortuna. Pero ahora parece que los inversores han decidido que el precio de invertir en empresas asiáticas impulsadas por la IA es demasiado alto.
Los chips, y el golpe de CXMT
SK Hynix y Samsung son las principales empresas que suministran los chips semiconductores necesarios para ejecutar los aceleradores de IA avanzados y los centros de datos. Durante los últimos dos años, Samsung y SK Hynix parecían obtener enormes beneficios con la venta de chips, aprovechando la demanda global extrema de los monopolios tecnológicos estadounidenses, ricos en liquidez y necesitados urgentemente de más memoria para servidores para sus proyectos de IA. Pero estos superbeneficios parecen ahora en peligro, sobre todo después de que la china CXMT presentara un servidor de memoria para centros de datos que redujo drásticamente el coste de los chips. Los inversores del mercado bursátil coreano vieron lo que se avecinaba: se acabaron los superbeneficios.
La entrada de CXMT en el mercado coreano de chips más que duplicó su cuota global de DRAM, del 4% al 10% interanual, en el segundo trimestre de 2026. Pero eso tuvo sus propias consecuencias para el mercado bursátil chino. Los laboratorios de IA chinos y asiáticos se han pasado a los llamados modelos de «pesos abiertos» (de uso gratuito). La caída de los precios de los chips también ha implicado una caída de precios para las empresas de IA en China, donde la competencia ha sido intensa. Se había invertido tanto capital en el diseño de chips, la memoria y la robótica que los márgenes de beneficio están desapareciendo.
Por eso los inversores especulativos chinos se han preocupado y la propia CXMT ha perdido más del 25% de su valor bursátil. Según Goldman Sachs, las acciones relacionadas con la IA se habían inflado hasta representar el 42% de la capitalización total de la renta variable china y el 57% del volumen total de negociación de las acciones A de China continental y las acciones H de Hong Kong. Incluso tras perder el 40,4% de su valor, el STAR50 sigue cotizando a unas 100 veces los beneficios de los últimos doce meses (frente a casi 250 veces en su máximo de junio-julio), más del triple que el índice tecnológico estadounidense Nasdaq.
«Comprar acciones de IA es la última moda para hacer fortuna».
Como explicó el comentarista Saad Zaidi, la rápida replicación horizontal de la capacidad de hardware de IA en China ha comprimido los márgenes de beneficio en toda la cadena de suministro de Asia Oriental, con pérdida de poder de fijación de precios por la sobrecapacidad. Atrapada en una pinza, entre los rendimientos decrecientes del gasto de capital en IA aguas abajo, por un lado, y una industria tecnológica dirigida por el Estado chino que recorta los márgenes, por otro, la burbuja especulativa del hardware de Asia Oriental se está fracturando a la vista de todos.
Según Zaidi, esto sigue la «ley de la rentabilidad» de Marx [N. de la R.: en rigor, la ley de la tendencia decreciente de la tasa de beneficio], es decir, que cualquier aumento rápido de la inversión en tecnología acabará afectando a la rentabilidad, a menos que aumente drásticamente la productividad del trabajo vivo en el conjunto de la economía. Y hasta ahora, como he demostrado antes, la productividad total de los factores (los beneficios económicos de la innovación en IA) apenas ha aumentado.
«El mercado está despertando ahora a la realidad de que las valoraciones del hardware aguas arriba no pueden mantenerse separadas para siempre de la rentabilidad aguas abajo». (Zaidi)
Los ferrocarriles de 1844
Como ya he mostrado antes, esta manía por la IA refleja la inversión del siglo XIX en la floreciente tecnología ferroviaria. Entonces, los ferrocarriles también se consideraban una tecnología poderosa que podía transformar el transporte y los viajes y, con ello, aumentar la productividad. Eso llevó a una enorme especulación con acciones ferroviarias, ya que compañía tras compañía lanzó nuevas líneas por Gran Bretaña en la década de 1840 y por Estados Unidos en la de 1870. Finalmente, las preocupaciones de los inversores por los proyectos ferroviarios con sobrecapacidad, junto con la creciente desconfianza hacia los valores ferroviarios, provocaron crisis de mercado.
En el Reino Unido, la manía alcanzó su punto álgido en la década de 1840. Marx señaló entonces que, «en la estafa ferroviaria del verano de 1844, los inversores ferroviarios esperaban aparentemente mucho más que la tasa media de beneficio». Marx la llamó la «gran estafa ferroviaria» para subrayar que las afirmaciones de las compañías ferroviarias sobre beneficios enormes estaban deliberadamente exageradas (lo que hoy recuerda a las empresas estadounidenses de IA). Los inversores pusieron ingenuamente su capital en proyectos que resultaron mucho menos rentables de lo que esperaban y de lo que los directivos de las compañías ferroviarias habían prometido.

La cuestión ahora es si los temores de los inversores por la sobreinversión y la caída de las perspectivas de beneficios de la IA se extenderán al corazón de la manía por la IA: Estados Unidos. La competencia china, gratuita o muy barata de usar, y cada mejora de los modelos de IA están minando los posibles beneficios de los laboratorios estadounidenses de IA, OpenAI y Anthropic. Los cinco modelos más populares son ahora chinos y, según un informe del Wall Street Journal publicado la semana pasada, «aproximadamente el 45% de todos los tokens rastreados fluyen ahora a través de modelos chinos».

«Hasta ahora no hay evidencia de que el crecimiento de los ingresos o los márgenes estén mejorando fuera del sector tecnológico».
Como ha señalado Torsten Slok, de Apollo Capital, pese a las enormes inversiones y al gran bombo en torno a la inteligencia artificial, la tecnología no ha aportado ningún beneficio financiero a las empresas estadounidenses fuera del sector tecnológico.
«La conclusión es que la historia de la IA se decidirá en el S&P 493, no en las Siete Magníficas, y hasta ahora no hay evidencia de que el crecimiento de los ingresos o los márgenes estén mejorando fuera del sector tecnológico».

Alphabet y la quema de caja
Y la rentabilidad de los grandes hiperescaladores que impulsan la inversión en IA ha ido disminuyendo: a cambio de más de un billón de dólares en gastos de capital, han visto caer trimestre a trimestre su retorno sobre el capital invertido.

Y hay indicios de que la burbuja inversora estadounidense en IA podría estar perdiendo aire. Ayer, la acción de Alphabet (Google) cayó un 10% tras aumentar su gasto en IA a más de 50.000 millones de dólares en el tercer trimestre, lo que provocó una «quema de caja» récord que asustó a los inversores. El flujo de caja libre (es decir, el dinero disponible para invertir) cayó a –9.100 millones de dólares en septiembre, frente a –5.900 millones en el trimestre anterior. Para sostener su oleada de gasto, Alphabet ha asumido decenas de miles de millones en deuda y en junio anunció planes para recaudar unos 85.000 millones de dólares en su primera venta de acciones en más de dos décadas, un giro radical tras años de recomprar sus propias acciones.
Pero la gran prueba se acerca: Anthropic está a punto de salir a bolsa para recaudar 150.000 millones de dólares, con una capitalización de mercado de 1,5 billones de dólares, una cifra verdaderamente asombrosa para una empresa que aún no obtiene beneficios. Como dice Anthropic en el prospecto para los posibles accionistas:
«Estamos en una etapa temprana de crecimiento de nuestros ingresos, hemos experimentado un crecimiento rápido en los últimos periodos, y nuestras tasas de crecimiento históricas no son indicativas del rendimiento futuro ni de nuestra capacidad para sostener o prever el crecimiento de los ingresos futuros. No esperamos que nuestros ingresos sigan creciendo a ritmos comparables, y no podemos garantizar que sigan creciendo»
Es una apuesta muy alta.
Por Michael Roberts
Publicado originalmente en The Next Recession, 29 de octubre de 2026.
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