La República Islámica de Irán ha dejado claro que cualquier agresión contra sus aguas jurisdiccionales o su infraestructura crítica recibirá una respuesta asimétrica contundente, capaz de paralizar las rutas de abastecimiento energético global y alterar los mercados financieros internacionales. El control de Ormuz por parte de Irán y el Estrecho Bab el Mandeb por Ansarolá, junto a la sostenida lucha de Hezbolá, las milicias iraquíes y la resistencia palestina, son muestra evidente que el balance del poder en la región es otro.