Carta al Director (A propósito de Irán)

Señor Director: Me dirijo a ustedes para en primer lugar felicitarlos por su perseverancia -llegar a una edición número 100 habla de un proyecto lleno de coraje, ímpetu, organización y creatividad, entre tantos otros elementos- y sobre todo por ser un diario que aspira a los valores ciudadanos que nos llevan a querer formar una […]

Carta al Director (A propósito de Irán)

Señor Director:

Me dirijo a ustedes para en primer lugar felicitarlos por su perseverancia -llegar a una edición número 100 habla de un proyecto lleno de coraje, ímpetu, organización y creatividad, entre tantos otros elementos- y sobre todo por ser un diario que aspira a los valores ciudadanos que nos llevan a querer formar una sociedad nueva.

En segundo lugar, me gustaría hacer hincapié en el ese “sobre todo”. Siento que a veces el periódico cae en argumentaciones para validar ciertas prácticas por el sólo hecho de que los grupos o personas que las practican, representan “los viejos estandartes” de la resistencia en contra del Imperio. No obstante, al hacerlo se cae en un círculo vicioso que nos hace imposible la tarea de generar una nueva manera de enfrentar la política, en sus maneras más cercanas y reales, en el día a día. Como no quiero generalizar esta tendencia, porque además, es tarde mal y nunca, voy a hacer referencia exacta a un botón de muestra que me resultó especialmente molesto.

Le cuento, señor director, que sin gustarme tanto Amenábar, fui a ver Ágora junto a mi hijo de 11 años, nada más que por curiosidad. Al fin de la película, el niño fue enfático al declarar que le parecía bastante bien creer sólo en la ciencia y en el caos del universo, puesto que “todas las religiones valían callampa”. Esto a pito de la trama de la película que retrata la antropofagia cultural sufrida por el imperio romano a manos de fanáticos cristianos y elites judías.

Para colmo, lo que realmente se quería atacar, era la tradición intelectual y la posición femenina relacionada con las artes y las ciencias encarnadas por Hypatia en el film referido. El devenir y las asociaciones cotidianas llegaron, como suelen hacerlo, de forma espontánea y casi casual, cuando leyendo El Ciudadano, en su edición dedicada al debate por el consumo de marihuana, y por lo tanto una edición especialmente “pro”, me encontré en sus páginas centrales con un reportaje vivencial de usted señor director. Fue bastante impactante para mí, como asidua lectora, y aún más como columnista que aparece en sostenes, la radiografía realizada respecto a la “mujer” bajo el prisma iraní, país al cual había una manifiesta simpatía, por cierto política.

Es interesante que la primera sensación, ante la exposición realizada por usted, señor director, de que la mujer cubría su cuerpo por la bella y romántica idea de ofrecérselo sólo a su marido, me diera una vergüenza inusitada, y las ganas de pedirle que de inmediato bajara mi foto de la web, y de la edición impresa, que tanto deshonraba su diario y a mí misma, por supuesto que también a mi pareja, a mi hijo, a mis padres, a mi hermano varón y a todos los lectores de tan repugnante columna. Evidentemente al hacer uso del viejo sistema dialéctico, binario, dicotómico, polar, no puedo estar en contra de Irán, pues me trasformo en su enemiga, y por lo tanto parte de la reaccionaria facción imperialista, no obstante un Estado políticoreligioso, que ni siquiera puede separársele por guiones, no me permite ponerme a la lata.

Eso de que la mujer es venerada, y que en Irán las condiciones son mucho menos agobiantes que en los países que están abalados por Estados Unidos, me resultaron un eufemismo, una justificación a la barbarie musulmana, más o menos cruda, con más o menos chipe libre. Esa fue mi segunda reacción, y que vivan mis pezones erectos y esa cara de satisfacción, bien descubierta para el deleite del “Desconocido que silba en el bosque”.

Si un niño es capaz de darse cuenta que las religiones fueron las trabas creadas por los hombres para someterlos en nombre de una figura también masculina, a las mujeres que en algún entonces fueron capaces de pensar, de dirigir, de asesorar, y liderar un mundo si bien lleno de jerarquías, bastante más diverso, libre e intelectual, no entiendo cómo usted, señor director, no ha podido hacerlo. Las ideas monoteístas, y el “Cristo” que influyeron en la redistribución y la “justicia social”, también se encargaron de hacer de la miseria un valor, de la mujer un objeto privado y una tentación demoniaca.

Las mujeres, por su belleza, no pueden ser sometidas a ser una sombra, un paño negro deambulando por las calles, una “playa privada” para el deleite de su dueño. Es realmente impresentable que se deban cubrir por su belleza u horripilancia, por su salud o enfermedad, por su pureza o porquería. ¿Cuántas no deben cubrir sus rostros mutilados por el ácido o el coscacho? Porque eso, a pesar de que suceda con mayor frecuencia en países islámicos falderos del imperio yanqui, de seguro sucede también con los amigos de Corea del Norte y Venezuela.

Señor director, me gustaría que reflexionemos juntos y a cara descubierta si se puede, ser ciudadano con el rostro tapado, si la medida francesa de prohibir la burka es o no una falta de respeto con las “Creencias” o si la canción de Los Prisioneros, Mujer y “el eres ciudadana de segunda clase, sin privilegios y sin honor”, es una exageración, como esta misma carta.

Finalmente me gustaría que podamos hablar del desvelamiento, y lo linda que es esa palabra cuando se transforma en libertad.

Con Cariño

Karen Hermosilla

Estimada Karen:

Tú que conoces ya en harto el periódico puedes ver que en sus páginas siempre encontrarás el otro lado de la moneda. En este caso se trata de Irán y lo que me tocó vivir.

Es totalmente cierto y me entristece que ocurran casos de abuso contra la mujer por el celo humano, como también es cierto que en este lado del planeta la violencia intrafamiliar, los feminicidios y otros son tal vez más habituales que en esa parte del mundo.

Te digo que vi un clima de respeto hacia la mujer que aquí no había visto, que si en tu foto apareces así tal vez es porque vivimos otra realidad cultural y que en lo particular a mí no me molesta pues sales muy guapa, muestra la libertad de tu cuerpo y espíritu que se refleja en tus diestras letras.

Pero siempre hay que tener ojo al soltar la mente y las manos sobre el teclado pues pones que lo que sucede en Irán también sucede en Corea del Norte, lo que no podría asegurar y que lo mismo en Venezuela, que hasta donde yo se, la mujer tiene una forma de vida occidental.

Ojo que también -como yo sé, tú sabes- no todas las religiones son creadas con base en figuras masculinas, hay las que no distinguen en Dios hombre o mujer, hay las que creen en mujer, en las fuerzas de la naturaleza, pero que todas las religiones sean malas es algo que no puedo compartir.

Me es algo incómodo responderte; mis colegas me decían que no lo hiciera pues así mostraba el diario que da más libertad a las letras -lo que no creo necesario andar demostrando pues para eso hablen los hechos-, pero hubiese sido cínico de mi parte callar por lo que decidí contestarte sin más demora. Sin velo.

Igualmente, te adjunto copia de mi respuesta a tu correo, previa publicación y bueno si ves estas letras impresas, es porque he contado con tu parecer abierto al debate de ideas.

Querida Karen, a diferencia de lo que quizá muchos puedan pensar, no soy ateo y aunque muy apegado a lo racional, yo profeso una religión sin apellido que siento emana del cosmos y a la vez de lo profundo de mi ser, una energía que viaja desde lejos y que creo desciende en todo y también lo hizo en mí, lo corroboré, curiosamente, en un planeta llamado K como la inicial de tu nombre, pero es parte del caos, como dice tu despierto hijo y un terreno donde la ciencia parece quedar corta pues tiene que ver con espiritualidad y el estudio de otras dimensiones del espacio–tiempo, donde los científicos aún exploran, exploran…-

¡Que en Francia y en el mundo, sean las mujeres musulmanas las que decidan en su fe si quieren llevar hijab y no sea un Estado el que se los quite!

Un abrazo fraternal y gracias por la sinceridad de tus letras

Bruno Sommer C.

El Ciudadano Nº100, segunda quincena abril 2011

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