¿Cómo iniciar la creación de una Nueva Civilización? (II)

Presentación: Comunidad virtual ‘Nueva Civilización’: Creativa, autónoma y solidaria I

Por Wari

20/10/2011

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Presentación: Comunidad virtual ‘Nueva Civilización’: Creativa, autónoma y solidaria

I. Donde se plantea que la civilización moderna está en crisis y se formula la necesidad de crear una nueva civilización.

II. En que se explica qué es una civilización y cómo entre una civilización y otra hay importantes elementos de continuidad.

Nos hemos planteado la necesidad de iniciar la creación de una nueva civilización, al comprobar la crisis y decaimiento de la civilización moderna. Pero ¿qué podemos entender como una ‘nueva civilización’?

Los contenidos de la que podemos postular como una civilización nueva y superior a la actual civilización moderna, los iremos identificando y exponiendo progresivamente en estas presentaciones. Por ahora y de manera preliminar, podemos indicar algunos elementos y características que configuran lo que se entiende por una ‘civilización’.

Ante todo y en general, una civilización se caracteriza por la difusión de una forma de vivir, que implica la adopción de ciertos modos de pensar, de sentir, de comportarse, de actuar y de relacionarse, que se difunden entre vastos conjuntos de personas. Se habla, en tal sentido, de que cada civilización forma y difunde un cierto ‘tipo humano’ característico.

Más específicamente, una civilización se distingue –en cuanto expresión y resultado social del modo de vivir que la caracteriza- por un determinado modo de hacer y de organizar la actividad económica. Ello incluye cuestiones tan amplias como la propia manera de experimentar las necesidades, de producir los bienes y servicios que las satisfagan, de distribuirlos entre los diferentes individuos y grupos que forman parte de la sociedad, de consumirlos y utilizarlos, de desarrollar y acumular lo que se necesita para garantizar el futuro, etc. Y a la base de todo ello, implícitamente, por un modo particular de procesar y estructurar las relaciones entre los individuos socialmente organizados y la naturaleza y el medio ambiente en que se asientan.

Una civilización se caracteriza también por la forma en que se establece y garantiza el orden social, por las instituciones que regulan los comportamientos que se reconocen como legítimos, meritorios y aceptables, o sea, por un modo de hacer y de organizar la vida política. A la base de todo ello hay siempre un modo particular de relacionamiento entre gobernantes y gobernados, entre dirigentes y dirigidos, esto es, un particular orden institucional, activa o pasivamente legitimado y aceptado socialmente.

Una civilización se caracteriza igualmente por las ideas y valores que presiden, orientan y dan sentido a la vida individual y social; por las estructuras del conocimiento que se emplean en la comprensión de la realidad y en la proyectación de las acciones y cambios que impulsan los sujetos; por los valores y la ética que presiden los comportamientos reconocidos como meritorios; por las formas que asume el arte y la creación intelectual y estética; en síntesis, por las formas y contenidos que adopta la cultura. Y a la base de todo ello, implícita o explícitamente, por un modo particular de relación entre teoría y práctica, entre el conocimiento y la acción.

Esta simple y sintética presentación de lo que es y de todo lo que implica una civilización, puede llevarnos al desaliento, pensando que crear una civilización nueva implica un cambio tan radical, y unas tareas y proyectos tan gigantescos, que están fuera de nuestro alcance. Por eso es importante hacer dos precisiones.

La primera es que esta caracterización de lo que es una civilización corresponde a su estructura madura y consolidada, a una civilización plena e integralmente constituida; de ahí que nos parezca algo tan grandioso y, por ello mismo, inaccesible. Pero lo que nos corresponde en nuestro tiempo, ahora, es solamente ‘iniciar’ la creación de una nueva civilización, darle comienzo, echar las bases de un proceso que deberá seguir por largo tiempo antes que se consolide, como ha ocurrido en todas las civilizaciones anteriores.

La segunda precisión se refiere a lo que significa hablar de una civilización ‘nueva’. Cuando se piensa en una ‘nueva civilización’, tiende a suponerse que se trata de un orden socio-económico-político-cultural completamente diferente al existente, como si entre una civilizaciones y la siguiente hubiese una ruptura histórica completa.

Tal suposición tiene su origen en una visión errónea que podríamos llamar ‘catastrofista’ respecto a lo que son la crisis y la decadencia de una civilización, como si ésta se derrumbase como un edificio que colapsa entero sobre sus cimientos. Existe también la tendencia a enfatizar los elementos de originalidad y distinción de cada civilización respecto a la anterior, en el esfuerzo que se hace por identificar los rasgos y características propias de cada una. Además, se ha difundido la idea de que las civilizaciones son como los individuos, que nacen, envejecen y mueren. Así, con tal analogía, se piensa que cada civilización constituye un ‘individuo’ histórico diferente: muere un anciano, nace un niño.

Esa concepción de las civilizaciones y del tránsito de una a otra crea confusión, y no corresponde a lo que ocurre históricamente. Es cierto que en la historia humana ha habido casos de civilizaciones que desaparecieron completamente, de modo que otras han debido surgir prácticamente sin continuidad con la anterior, creando un orden social completamente original. Pero esto, que era más habitual en la antigüedad, cuando los cataclismos sociales, ambientales, las pestes, las guerras, podían destruir civilizaciones completas, ha ido desapareciendo, y en las épocas más recientes y, sobre todo, tratándose de civilizaciones más extendidas y fuertes, los elementos de una civilización que se conservan y que se prolongan e insertan en la civilización siguiente son cada vez más amplios. Es menos lo que se pierde y más lo que se recupera, de una civilización, en la que le sigue.

Será importante, entonces, junto con identificar los fundamentos emergentes y nuevos de la civilización por construir, descubrir los elementos de continuidad, para comprender algo muy importante, a saber, qué es lo que se conserva, cómo se prolonga y permanece activo, y cómo interactúa con los elementos decisivos y originales de la civilización nueva.

Iremos poco a poco examinando y profundizando estas importantes cuestiones, en las próximas presentaciones.

Luis Razeto Migliaro

 

El Ciudadano

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