Breve historia del Partido Socialista de Chile (III)

En el seno del Partido Socialista han existido históricamente corrientes o tendencias que marcan los espacios de poder interno. En estas páginas, con el aporte de varios profesionales multidisciplinarios hemos buscado dar respuesta a las preguntas: ¿De dónde vienen? y ¿quiénes son los socialistas?

Breve historia del Partido Socialista de Chile (III)

Autor: Wari

Por Sergio Salinas Cañas

Editor

Pablo Franco

Manuel Martínez

Sebastián Schneider

Con el aporte de Iván Borcoski

El nacimiento del Ejército de Liberación Nacional de Chile, los “Elenos”

El silencio del monte va preparando un adiós. La palabra que se dirá in memoriam será la explosión.

Fusil contra fusil. Silvio Rodríguez.

A comienzos de 1966, sostiene Cristian Pérez, “Ricardo” recibe el encargo de construir en Chile una red clandestina para apoyar logísticamente la instalación del foco guerrillero en Bolivia. “Sin duda que, por la compartimentación propia de estas operaciones, él no sabe que esa estará dirigida por el mismísimo comandante Guevara”.

Para el Departamento de América, Chile “era considerado como una retaguardia estratégica y no como un país donde se pudiera desarrollar las formas armadas de conquista del poder, por su territorio, la larga tradición de su Democracia y por la capacidad de sus fuerzas armadas”.

Elmo Catalán logra construir un aparato político-militar clandestino no muy numeroso, pero de gente confiable y bien dispuesta para la lucha revolucionaria. Crea un estado mayor, una logística y los aseguramientos necesarios para el funcionamiento independiente del grupo.

Según Cristian Pérez, el ELN chileno, también conocido como los “Elenos”, estaba conformado, entre otros por Ricardo Pincheira, “Máximo”:

Beatriz Allende, la hija del senador Allende; Carmen Castillo, quien después será mirista; el obrero nortino Calixto Pacheco; los médicos Félix Huerta, Carlos Lorca y Eduardo «Coco» Paredes; el dirigente portuario Exequiel Ponce; el sindicalista del cobre Carlos Gómez; Jaime Sotelo (‘Carlos Álamos’); los pobladores Domingo Blanco (‘Bruno’), Enrique Ramos (‘Manuel’). Estos eran parte de unos 100 compañeros que completaban la estructura. La gran mayoría de los militantes “Elenos” integraban el Partido Socialista, y se radicalizaban después de la derrota de Allende contra Frei Montalva en 1964”.

Beatriz Allende en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile en 1967

También eran parte de los “Elenos”: Tirso Montiel (“Pablo» en la Guerrilla del Teoponte), Arnoldo Camú, Salterio Fierro, Félix Vargas, Paulina Weber y Eduardo Carvallo.

Por otra parte, Sergio Pineda -cuenta Patricio Quiroga citando a Claudio Venegas-, que se había marchado muy joven a Cuba poniendo su profesión de periodista a disposición de la revolución, vuelve “al país con Prensa Latina, contactándose con varios de los que posteriormente fueron los creadores del ELN”.

Cristian Pérez afirma que algunos militantes del grupo recibieron entrenamiento guerrillero, o “cursos de gatillo” como ellos lo denominan, en Cuba:

Pocos como “Fernando” acceden a una preparación acabada que los convierten en cuadros políticos-militares capaces de desempeñarse con éxito en cualquier misión. La mayoría de los militantes recibe algún cursillo donde aprenden poco más que desarmar un arma corta, hacer una Molotov y realizar un contra chequeo. Estas escuelas se realizan en el Cajón del Maipo, Chaihuín en la cordillera de Valdivia; y los instructores eran miembros del grupo con mayores conocimientos. Aclaramos que la escuela de Chaihuín fue en una caleta pesquera y fue realizada por el otro grupo que trabajaba el tema militar: “Organa”.

Cabe recordar que desde 1967, los “Elenos” se comunican con la dirigencia cubana por una frecuencia de radio Habana. Pérez sostiene que la persona que tenía a cargo las comunicaciones y que descifraba los comunicados era Beatriz Allende. Para apoyar directamente la guerrilla en Bolivia, Elmo Catalán trabaja con “Fernando”, “Carlos Álamos”, Félix Huerta, Calixto Pacheco, entre otros. Un grupo realiza exploraciones en la zona fronteriza de Calama para buscar lugares y ayudistas que permitan un fluido transporte de la logística necesaria. Pérez señala que:

Por la cordillera del altiplano pasan armas en vehículos que cuentan con escondrijos, también llevan medicinas, radios, y documentación. También Tati se encarga de enviar personas de confianza que no despierten sospechas a contactar en Bolivia con el aparato clandestino del ELN. En general son mujeres de la burguesía las que cumplen la misión con éxito.

Pérez recuerda un duro primer golpe sufrido por los “Elenos” chilenos. Al acercarse 1967:

El doctor Félix Huerta viaja a Cuba para convertirse en médico militar. Pasa el curso con éxito. Cuando celebran la graduación en el Hotel Habana Libre, en un incidente sobre el que existen varias versiones, es herido en la espina dorsal por un militar cubano. La lesión lo deja totalmente paralizado. En el hospital es constantemente acompañado por militantes chilenos del ELN quienes consiguen mantenerle su moral en alto. Sólo puede volver a Chile cuando asume Salvador Allende quien envía gente a buscarlo.

“Frank Duarte” recuerda que “la versión que yo conocí de oídas es que Huerta estaba en un campo en entrenamiento en Cuba y estando en un polígono se metió una pistola en el cinto y en ese instante se le disparó generando su invalidez”.

Un segundo golpe, esta vez devastador, es vivido por el ELN chileno con la derrota del foco guerrillero boliviano y la muerte del Che Guevara. Ningún chileno estaba en ese momento en sus filas. Pérez afirma que los “Elenos” que “se preparan en Cuba para acompañarlo no son enviados por falta de comunicaciones. La red en Chile, aunque funciona y está alerta, poco puede hacer para apoyarlo”.

Cristian Pérez señala que luego de los sucesos de Ñancahuazú, los “Elenos” chilenos reciben la misión de preparar la salida de los sobrevivientes de aquella expedición. “Reestablecidas las comunicaciones con Bolivia, por la llegada de Inti Peredo a La Paz, hombres y mujeres del ELN se desparraman por la montaña en busca de los fugados. Pero los esfuerzos resultan infructuosos ya que los guerrilleros logran cruzar a Chile, y, al no encontrarse con sus contactos, deben entregarse a carabineros”.

En Chile, la solidaridad con los fugados es dirigida por Elmo Catalán, quien como periodista coordina las conferencias de prensa que dan los fugados y realiza las entrevistas. “Por su parte, el senador Allende los apoya activamente. Así, cuando el Gobierno autoriza la salida del grupo, él los acompaña por la única ruta posible que es la vía de Tahití, como simbólico respaldo y protección”.

El nacimiento de “Organa”

En paralelo a los “Elenos”, otro grupo se comienza a preparar militarmente. Renato Moreau recuerda que luego de las luchas por la reforma universitaria, en el año 1968, la Brigada Universitaria Socialista (BUS) plantea que, además del trabajo en el frente estudiantil, los militantes debían insertarse en las luchas obreras y campesinas del país. El objetivo, contribuir a la acumulación de fuerzas populares para conquistar el gobierno con el candidato Salvador Allende.

De acuerdo a esa resolución y a pedido de la dirección de la Comisión Nacional Agraria Socialista (CONAS), tres dirigentes del BUS fuimos a participar en una toma de fundo, organizada por la CONAS y el Sindicato Alianza, de Los Andes, que se producía en la primera huelga legal campesina que se concretó en Chile (Frei dictó la primera ley de sindicalización campesina, unos meses antes). La toma de fundo fue una lucha de masas campesina con carácter de defensa armada, consecuente con las resoluciones del Congreso de Chillán. La represión fue brutal, y H. Coloma y yo fuimos prisioneros con la dirigencia máxima de la CONAS, del Sindicato Alianza y más de 100 campesinos. El Partido se responsabilizó de la acción y la CUT, las federaciones estudiantiles y todos los partidos de Izquierda, se solidarizaron con nosotros, obligando al Gobierno a dejarnos libres un mes y fracción después.

Moreau cuenta que en la cárcel deciden la creación del grupo “Organa”, con el objetivo de crear al interior del PS, una organización clandestina, que trabajara junto a los frentes y las masas, la dimensión de violencia armada, que requerían las definiciones congresales.

La dimensión militar de un partido revolucionario no podía ser pública, sino compartimentada. No era un brazo armado, sino un estamento secreto que lo componían militantes de todos los frentes de masas. La “Organa” creció muy rápidamente y en el caso de la juventud, la mayoría de sus cuadros dirigentes estaban en ella. Los Lorca, Moncho Silva, Coloma, Kries, Boris Brontis, etc.

El historiador Patricio Quiroga sostiene que “Organa”:

Coordinó los estratos más pobres y explotados de la sociedad, intentó conducir a un amplio conglomerado humano aunado por las ideas de cambio y la lucha contra el sistema de dominación. Aquí radicaba la diferencia básica con el ELN. Los dirigentes de “Organa” no participaban de la teoría del foco revolucionario y subordinaban el aspecto militar a la concepción de movilizar actores sociales políticamente activos.

Moreau sostiene que “Organa” colaboró muy fuertemente con los Frentes de Masas Socialistas. En el verano del año 1969, varios equipos de jóvenes del grupo viajaron al sur del país para ayudar en la formación de sindicatos campesinos de Confederación Ranquil, que estaba en la CUT y era dirigida por militantes socialistas.

En el plano paramilitar, realizábamos escuelas donde se formaban estudiantes, obreros y campesinos del Partido, por ejemplo, la escuela de armamento popular y accionar urbano “Guayacán” en la RM y la Escuela de Guerrillas rural de “Chaihuín”, en la zona de Valdivia, ambas desarticuladas por la policía y el Ejército. Los dirigentes del CC que estaban en la “Organa”, fueron muy importantes para la elección de Allende, como candidato del Partido, a la presidencia de la República.

Patricio Quiroga señala que “en el primer trimestre de 1969, bajo la responsabilidad de Jaime Sotelo y Renato Moreau, iniciaron su preparación los primeros quince escogidos por la dirección de ‘Organa’: Ofelia Vilches, María A. Toro, Silvana Hardy, Juan Carlos Pérez, Manuel Foncilla, Rafael Kries, Patricio Corvalán y F. González Calquín, entre otros”.

Hernán Coloma, dirigente de la FECH en esos días, cuenta Patricio Quiroga, que:

Cuando recuerdo Chaihuín, no puedo contener la emoción. No sólo por la muerte de Kico Barraza, sino por el peso de una experiencia que, de partida, era como internarse en otro mundo; caracterizado por el viejo barco que cruzaba el río Calle Calle y que llegaba a Niebla a través de la bruma. Cómo no recordar Corral y sus abandonadas usinas, los bosques impenetrables, páramos en que permanecimos mojados durante meses, donde el frío era permanente. Nos preparábamos para lo que creíamos un ideal superior de vida.

Patricio Quiroga cuenta que, a fines de mayo de 1970, Chaihuín sería detectado y asaltado por boinas negras, justo cuando se procedía a su desmantelamiento. En la refriega, el joven que hacía de enlace y que traía de Santiago la orden de evacuación, el estudiante de Economía de la Universidad de Chile, Kiko Barraza, encontró la muerte.

Una muerte silenciada por “razones de Estado”. Los militares no podían reconocer excesos en pleno Estado de Derecho y tampoco “Organa” podía reconocer la preparación militar con miras a las elecciones de 1970.

El inicio de la colaboración entre “Elenos” y “Organa”

A fines de año 1969, la “Organa” y los “Elenos” deciden apoyarse y colaborar mutuamente. Moreau sostiene que este trabajo conjunto crea las condiciones para que, en la segunda mitad del año 1970, estas dos orgánicas se unan y adquieran -en homenaje al Che- el nombre de Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En ese momento yo estaba preso en la Penitenciaría de Osorno y voté con orgullo por esta posición. Desconozco si muchos o pocos siguieron en el ELN o se fueron de la “Organa”, como Hernán Coloma, que escribió por este medio que se había salido en medio de esa decisión. A mediados de agosto, Allende, finalizando su campaña electoral y posterior al último acto masivo en Osorno, les informa al pueblo que visitará a los “guerrilleros de Chaihuín”; nos va a ver a la cárcel y nos dice, rememorando esa dedicatoria en un libro que le había regalado el Che, que «ustedes y nosotros, por diferentes vías, perseguimos el mismo fin».

Anna M. Blasco Rovira, y Vladimir Sierpe señalan que “entre julio y agosto de 1970 los militantes de ‘Organa’ se unen con los del ELN, lo que les permite agrandar poco a poco su influencia hasta llegar a jugar un rol importante en el congreso del PS en la ciudad de La Serena en 1971. Así fueron elegidos Exequiel Ponce (“Organa”), Arnoldo Camú (ELN), Néstor Figueroa (ELN), Hernán Coloma (ELN), Carlos Lorca (ELN)”.

La Guerrilla de Teoponte

Luego del fracaso de la guerrilla en Bolivia y que culminó con la muerte del Che, un sector de la izquierda armada latinoamericana realizó una evaluación de la frustrada experiencia.

Como sostiene Gonzalo Figueroa, la izquierda revolucionaria, sin abandonar su admiración por el Che ni renunciar a la lucha armada, colocaron sus esfuerzos dentro de sus países dejando el internacionalismo por un tiempo. En el caso boliviano:

Este giro los condujo a revalorizar la lucha urbana, basada en la política guevarista, estrategia que finalmente no se llevó a efecto en el país. Al respecto, Rodríguez O. plantea:

“el peso de Guevara era inmenso. Desafiar sus conclusiones y su preferencia geográfica era como retar a un dios y su palabra sagrada. Y en la iglesia armada boliviana sólo cabían feligreses, no herejes. Mientras, por otra parte, la izquierda boliviana estaba entrenada para actuar dentro de las organizaciones sindicales y partidarias urbanas; él se apartó notoriamente de esta tradición y se basó en un reducido núcleo de cuadros herméticos, compartimentados, seguros de representar la vanguardia social”.

Gonzalo Figueroa, citando a Gustavo Rodríguez Ostria, señala que la presencia guevarista en Bolivia no concluyó tras el asesinato del Che, sino que se prolongó “hasta la columna trajinante en las laderas de Teoponte”.

“Esta continuidad trascendió la mera atracción por el guevarismo, un habitus entre la izquierda armada latinoamericana en esos años, y fue, por el contrario, mucho más densa y compleja. Involucró territorios, recursos, armas y, sobre todo, hombres y mujeres que, animados por la figura heroica de Guevara, decidieron reponer la guerrilla en Bolivia dentro de los mismos marcos concebidos por el argentino”.

Figueroa afirma que “Chato” Peredo al regresar de su exilio en Chile recibe el apoyo de líderes estudiantiles que se habían apartado del PCB [Partido Comunista de Bolivia] en orden a emprender la lucha armada, no sólo contra el Gobierno de turno, sino con la clara intención de subvertir el orden establecido para instaurar un sistema socialista.

También se incorporan jóvenes de otros países, como argentinos, chilenos, peruanos, entre otros, los que reclutan en esta aventura a varios médicos jóvenes, campesinos, mineros, aun cuando se trataba de una iniciativa con escaso arraigo popular. Su reagrupamiento respondía -según los organizadores de la guerrilla– a una responsabilidad ineludible que les brindaba la historia: La superación y liberación total de las condiciones políticas y sociales que oprimían al pueblo boliviano, diagnóstico hecho tres años antes por el mismo comandante Che Guevara.

Bajo el lema “Volvimos a las Montañas” la guerrilla de Teoponte tenía objetivos múltiples, destacando uno de carácter estratégico, como era romper el pacto militar-campesino. Sin embargo, después de una larga marcha por la selva, diezmados por el hambre, las deserciones, las traiciones, algunas bajas en combate y fundamentalmente por los asesinatos a manos del Ejército, la columna principal quedó reducida a un grupo de ocho sobrevivientes en los últimos días de octubre de 1970.

Figueroa señala que el sueño guerrillero duró poco y de los ocho guerrilleros chilenos sólo sobrevivieron tres: Calixto Pacheco González, José Miguel y Guillermo Véliz González.

“En tanto, los restos de los caídos (Tirso Montiel, Julio Zambrano, Hilario Ampuero, Carlos Brain y Julio Olivares) aún no son habidos. Un caso excepcional es el del ex-combatiente Agustín Carrillo, cuyos restos fueron encontrados en el Mausoleo de Asofamd y luego repatriados a Chile para ser entregados a su familia, en enero del año 2009”.

Renato Moreau sostiene que, en diciembre de 1970, el nuevo ELN chileno sostiene un ampliado con su par boliviano, conducido por Chato Peredo, jefe de la Guerrilla de Teoponte, para que rindiera cuentas de esa experiencia derrotada, donde habían muerto compañeros chilenos.

En esa reunión, el jefe boliviano exige que el ELN chileno reconozca que la dirección de la lucha está en Bolivia, pues seguía siendo el “eslabón débil del imperialismo en América Latina. Nosotros definimos que, con el triunfo de Allende, el eslabón débil del imperialismo se había trasladado hace un tiempo a Chile, por lo que la dirección del ELN estaba en Chile y la obligación de los revolucionarios de América Latina, era apoyar y luchar por este proceso». Se quiebra el ELN entre chilenos y bolivianos.

Frank Duarte” recuerda que el triunfo electoral de Salvador Allende significó un momento muy importante en su militancia en el ELN ya que se abría una nueva ruta política, respecto de la cual hubo intenso debate y “decidí vincularme más al partido y trabajar para el gobierno desde las estructuras técnicas de inteligencia. El análisis decía que lo de Teoponte (la apertura de un nuevo frente guerrillero) tenía debilidades estratégicas y la inspiración se parecía mucho a un acto de venganza por la muerte del Che y no un nuevo proyecto político revolucionario”.

Lo más fuerte fue una reunión en una casa de seguridad en la calle Portugal con Santa Elvira, donde se discutió con compañeros bolivianos y su jefa, una compañera venezolana, Natalia, respecto de viajar a Bolivia e integrarse al nuevo foco guerrillero o quedarse en Chile apoyando al gobierno de la Unidad Popular. La discusión fue bastante fuerte y algo violenta por momentos, con acusaciones mutuas de inconsecuencia e ignorancia política, fallas de información. Finalmente, todos los que estábamos ahí decidimos quedarnos y los bolivianos se fueron con Natalia acusándonos de vendidos.

“Duarte” afirma que, en la reunión estaba presente “Máximo”, que encabezó la discusión:

Él estaba como representando al partido ya en posiciones allendistas y esa reunión formaba parte de una exigencia hecha por nosotros para entrar o no al PS y apoyar o no el gobierno de Allende. De allí surge la oferta de integrar la inteligencia PS en formación, cosa que acepté. Ahora no puedo ser concluyente si Máximo era “Eleno” o no. Lo que sí puedo afirmar es que él nos reclutó para la Inteligencia del PS y se rompió el vínculo con el ELN. Respecto de los demás compañeros, solo tuve información posterior, pero en ese momento no sabía de su existencia.

Como señala Patricio Rodríguez-Plaza, la enorme efervescencia de los sesenta continuó y se canalizó en la campaña presidencial de 1970. Agrega que:

Como toda campaña electoral, los mecanismos característicos del reencantamiento político hicieron su aparición, más aún en el PS, Gustavo Ruz, joven militante de la seccional Las Condes, recuerda que el “Partido se activaba cuando había campañas”. La campaña del setenta no solo fue política, hubo una dimensión cultural y estética que le dio un enorme dinamismo y que permitió una participación masiva.

Anna M. Blasco Rovira, y Vladimir Sierpe, afirman que en aquellas discusiones va construyéndose una ética política basada en la renuncia a la retribución material, donde la simplicidad, la constancia y la preminencia del colectivo son algunas de sus características.

Ricardo García C. en aquellos años no milita en la JS pero rememora: ‘los jóvenes como yo teníamos una simpatía y aproximación, empezábamos a conocer con mayor claridad el programa de Salvador Allende, (…). La política era muy apasionante, el debate y la discusión que se producía era muy intensa, era de mucha calidad, era sorprendente encontrarse con muchachos muy jóvenes, con un discurso coherente y elaborado (…)’”.

Blasco y Sierpe agregan que, en el Partido Socialista de Chile, la convivialidad estaba omnipresente: “Marisol Bravo, declara: ‘(…) me acuerdo de que, para una comida, nos dieron el carnet del Partido, el carnet rojo, ahí los viejos del Partido reinaban, la comida fueron papas con prietas, me sentía como una princesa (…)’”.

Blasco y Sierpe sostienen que la victoria electoral de 1970, aunque mínima, fue un momento crucial en el proceso de compromiso de muchos jóvenes socialistas.

Los tres años de la Unidad Popular fueron el escenario de una creciente participación de los jóvenes chilenos en la vida cívica, la radicalización fue un fenómeno transversal; en ese contexto la neutralidad era casi imposible. El discurso dominante de la época exaltaba el compromiso, estigmatizando toda forma de neutralidad. En ese sentido, Salvador Allende declamaba en Guadalajara en 1972 “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”; de esta manera toda conducta neutra era presentada como un acto anacrónico, incompatible con la condición de joven. Esta construcción discursiva que tendía a naturalizar comportamientos políticos interpeló a numerosos jóvenes.

Blasco y Sierpe afirman que el torrente de reformas promovidas durante el gobierno de la UP activa una dinámica política que precipita a muchos jóvenes a comprometerse cada día más. “Marisol Bravo, rememora ‘…me quedé en la universidad hasta que salió Allende, (…) después me dediqué de lleno a la revolución’”.

Gustavo Ruz evoca su reclutamiento:

“…me reclutan para un internado que había en [calle] Bustamante, (…) las clases que hacían ahí eran arme y desarme, (…) 1971 ya había pasado el congreso de La Serena, (…) yo no era ‘Eleno’ pero sin querer queriendo me puse a trabajar con los ‘Elenos’, con Arnoldo (…)”.

Prosigue diciendo:

“Viajé a Cuba a una escuela de guerrilla urbana (…), volví a Santiago en octubre [1971]. Para mí era lo siguiente, o estudiaba o hacia otra cosa, (…) para mí qué estaba pasando, la sociedad iba a reventar o me quedaba estudiando y veía el reventar por fuera o estaba metido adentro (…), y me fui de la Universidad”.

Poco a poco la actividad militante de estos jóvenes ocupa buena parte de su tiempo; familia, amigos, estudio, trabajo se subordinan y a veces hasta se confunden con la “vida partidaria”.

Según Juan Carlos Gómez, el PS se embarcó en la tarea de sustentar la vía insurreccional sin ser acompañado de un crecimiento ideológico-teórico del partido, sólo recurriendo al pensamiento revolucionario latinoamericano. Por lo que cualquier discusión referente a la democracia se enfocó en descartar la capacidad de ésta para cumplir los objetivos del partido, sin retomar la idea de que el socialismo instauraría una democracia de carácter socialista, concentrando la discusión en la necesidad apremiante de llevar a cabo la revolución.

Una visita al país se convertiría en un hecho político a escala internacional. El 10 de noviembre de 1971, Fidel Castro Ruz llegó a Chile. Su visita estaba programada para diez días, pero el comandante la extendió durante más de tres semanas.

Un huracán caribeño sobre el país, mientras lo recorría de punta a cabo para conocer el proceso chileno. Durante 24 días, Castro tomó pisco, usó ponchos, comió chirimoyas, jugó baloncesto y se sentó en la mesa con medio Chile; fue declarado hijo ilustre de Punta Arenas, de San Miguel, discurseó a trabajadores, estudiantes y campesinos y no dudó en agarrarse con la derecha, que, a través del diario Tribuna lo ridiculizaba y exigía que se fuera. En el estadio Santa Laura se reunió con más de 25 mil mujeres y, cuando al fin decidió irse, llenó el Nacional.

El 17 de noviembre Fidel Castro visitó la ciudad de Concepción y les dijo a las masas que por delante había un porvenir revolucionario brillante. Dijo “Color de rosa es, en todo caso, el camino que los revolucionarios se proponen para la humanidad del futuro”.

Por Sergio Salinas Cañas

Fragmento del libro ‘Memorias de militancia

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