Chile ama su naturaleza, pero quienes deciden la venden: la paradoja que denuncia desde Defendamos Patagonia en el Día del Medioambiente
En una columna publicada en el contexto del Día del Medioambiente, Juan Carlos Viveros, coordinador de Defendamos Patagonia, plantea una paradoja incómoda para Chile: mientras la ciudadanía celebra con orgullo sus glaciares, bosques y fiordos, y una generación entera elige dedicarse a la conservación, las decisiones estratégicas siguen favoreciendo un modelo extractivista que vende la naturaleza al mejor postor.
Viveros advierte que más de 400 concesiones salmoneras operan dentro de parques y reservas nacionales —27 en parques donde la ley lo prohíbe—, y recuerda que en Quintero-Puchuncaví la población respira contaminación hace seis décadas, con una condena de la Corte Suprema en 2019 por violación de derechos humanos. Frente a ese escenario, el columnista sostiene que hay algo que el modelo no puede comprar: el vínculo de las comunidades con su territorio, y llama a cerrar la brecha entre lo que Chile siente y lo que Chile decide.
Te invitamos a leer la columna completa a continuación.
Columna: Chile ama su naturaleza. Pero quienes deciden la están vendiendo

En el Día Nacional del Medioambiente, Chile se llena de fotos de glaciares, bosques y fiordos. El orgullo es auténtico: comunidades que cuidan su borde costero, pescadores que defienden su mar, jóvenes que sueñan con estudiar biología marina y conservación. Una generación eligió trabajar por la naturaleza.
Y sin embargo, las decisiones se toman en otra parte.
Inversionistas y una élite política han optado, una y otra vez, por el mismo modelo: extraer y exportar salmón, cobre, litio y celulosa para abastecer al norte global. Más de 400 concesiones salmoneras, cerca del 30% del total del país, operan dentro de parques y reservas nacionales, y 27 están en parques nacionales, donde la ley lo prohíbe. En Quintero-Puchuncaví, una de las cinco zonas de sacrificio del país, la población respira contaminación hace seis décadas. En 2019 la Corte Suprema condenó la violación de sus derechos humanos.
Esa es la paradoja que nos tiene contra la pared. Llamamos “crecimiento económico” a lo que nos empobrece donde más importa: el agua, el aire, la tierra. Es ponernos la soga al cuello. Es dispararnos a los pies y felicitarnos por la velocidad.
Pero hay algo que el modelo no puede comprar: el vínculo. Cada joven que elige proteger, cada comunidad que se organiza, cada ciudadano que mira un parque nacional y dice “aquí no”, está escribiendo otro país. Uno posible, que ya late en los territorios.
La brecha entre lo que Chile siente y lo que Chile decide puede cerrarse.
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