«La patria que vale la pena no es la del mito, es la que se cuida cada día«
Por Juan Carlos Viveros. Coordinador de Defendamos Patagonia

¿Cómo se construye una patria?
Otros estaban aquí desde antes.
Lo que el archipiélago me enseñó sobre pertenecer.
No nací indígena ni de sangre chilota. Mis apellidos, Viveros y Kobus, cruzaron el Atlántico: español, italiano y alemán, sin una gota de tierra austral en el árbol genealógico.
Y aun así, cuando me preguntan de dónde soy, mi cuerpo y corazón responden antes que mi cabeza: de Chiloé.
Soy chilote – allí nací.
Mi archipiélago me enseñó algo:
Hay un amor que no se hereda.
Se construye caminando un bosque siempreverde hasta reconocer cada helecho.
Se construye viendo aves volar sobre marismas que un día podrían desaparecer bajo una concesión.
Se construye escuchando a un pescador contar cómo el mar ya no le devuelve lo mismo que hace veinte años.
Ese amor no pregunta apellidos. Pregunta presencia.
Este dieciocho, mientras Chile celebra con cueca y asado —y está bien celebrar, esta también es tierra de muchos hoy—, quiero detenerme en otra pregunta:
¿qué significa amar un territorio?
No es una bandera ni un himno.
Es sentir que el bosque, el mar, el humedal y quien lo habita son parte de uno mismo, y que su dolor también es propio.
Llevo más de una década viendo cómo se negocia con esto que amo: parques entregados a industrias , humedales rellenados, comunidades esperando años a que el Estado reconozca lo evidente.
No hablo solo de leyes.
Hablo de ecosistemas que sostienen vida, de culturas que sostienen memoria, de personas que sostienen, con su presencia diaria, un equilibrio que ninguna oficina en Santiago logra medir.
Si mi historia —nieto de europeos, defensor de un archipiélago que heredé— sirve de algo, es para decir esto:
el territorio no solo se ama por sangre, también se ama por vínculo.
Y el vínculo se puede crear en todo momento.
Y si yo construí ese vínculo en una vida, imaginen el que llevan generaciones construyendo antes que yo.
Hoy no pido dejar de celebrar.
Pido que, entre el asado y la cueca, alguien se detenga un minuto a sentir esto:
la patria que vale la pena no es la del mito, es la que se cuida cada día, con quienes estaban antes y quienes llegamos después.
La patria que también es matria.
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